Mi pueblo natal, a mi bello Puerto Tejada

Nací en un pueblo, al Norte del cauca, rodeado por dos ríos El Palo y La Paila, en el que comer fritanga donde Eva o  los Lizcano era lo mejor que había, comprar los cuadernos  en la Cacharrería Félix, o donde doña Leiva, era todo un caché, el pan de la Pastipan o de la Libanesa era una delicia.

Estudiar en la San Pedro Claver o la Sagrado Corazón  de  Jesùs era lo mejor, para luego pasar al José Hilario Lòpez o al Fidelina Echeverry. Las caminatas en su parque, los domingos de misa, rodeado de tanta gente bella, no existía el racismo pues todos éramos amigos, no importaban los apellidos si eras Salas, Giraldo, Garzón, Mina, Lasso, Possù, o Aguilar,  éramos un mismo parche.

Solo importaba ir al Teatro Mera, bañar en las Dos Aguas, tomar jugo con galleta negra donde Trina, como olvidar las rellenas de Carmen, las noches majestuosas del alumbrado del Río  El Palo, las sonrisas que nos daba ver el desfile de la familia Castañeda,  o sus figuras típicas como “Manuelito Cosafea”, “Tepica”, “Pato”, Figura”, “Yunta”, “Píldora” y el famoso “Lucio”.

Los buñuelos de los Castro, el Estanco de los Garcia,  las bicicletas alquiladas  donde don Evaristo Albán, tantos recuerdos que hoy vienen a mi memoria. El doctor Ramírez y su familia, las patinadas en el parque, y como no recordar esas bailadas hasta el amanecer en Mónaco, Las Burbujas o City Hot.

Sus ferias eran de las mejores, los domingos de mercado en su plaza era común ver a “Pinto” llevar los mercados en su carretilla, o zorra, el famoso Carlos Jaramillo el “boquinche” inspector del pueblo y su ya famoso “pichirilo” el jeep Willis de la policía. Y como no mencionar sus corridas de toros en esa plaza hecha de guadua en la que don Pedro Zape encabezaba la banda municipal de músicos del pueblo con los alientos  que nos sacó el Indio Hernando Navarrete quien saltaba ese toro.

Cuantas bellas canciones se dedicaron en la fuente de soda Los Felinos, y cuantos amores se consumaron en la whiskería,  que grande eras mi bello PUERTO TEJADA, cuantas alegrías y cuantas inolvidables épocas diste a sus habitantes, hoy estás sumergido en la descomposición social por un puñado de sinvergüenzas que se olvidaron de tu grandeza, de tu  gente y de tu historia.

Edwin Salas Montoya – Mención honorìfica, Fundaciòn Arte y Poesìa