La Caucana Íngrit Valencia: Primera boxeadora olímpica de Colombia

 

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Hace 13 años Íngrit Valencia soñaba con ser profesora o cocinera, pero el destino cambió para ella y hoy se dedica al boxeo profesional. En agosto se convertirá en la primera mujer colombiana que representará al país en unos Jugos Olímpicos en esta disciplina. Su primera experiencia en un cuadrilátero fue cuando tenía 14 años y se puso los guantes para empezar a golpear las dificultades de su infancia. Jorge Aguirre fue el guía de Íngrit para empezar a cambiar su futuro. De su mano conoció el boxeo, para luego convertirse en leyenda.

Para que su nombre quede marcado con letras de oro en el deporte nacional, la caucana se entrena en el coliseo El Salitre de Bogotá junto con cinco boxeadores colombianos más, en busca de obtener una medalla que para siempre brille en su pecho.

De Morales, Cauca, su pueblo natal, ella salió a los 12 años y abandonó el calor de hogar que le brindaban sus abuelos Julio y Aurora para encontrarse con su mamá en el distrito de Aguablanca, Cali, y fue ahí en donde la boxeadora conoció otras de su grandes pasiones.

Desde su primera práctica ella ya demostraba cualidades en un deporte supuestamente exclusivo para hombres. Pero claro que no todo le salió sencillo en su decisión de tomar al boxeo como su herramienta de vida. Su mamá, Rubiela, se interpuso en el camino y fue un obstáculo el cual Íngrit tuvo que superar con su rebeldía.

La recomendación de no practicarlo era por el miedo de ver a su hija herida o con fracturas en su cara. Pero Ingrit, como toda adolescente, no le importó la opinión de su madre y no se quitó los guantes de su mano para seguir pegando puños. Pues para ella no es imposible entrenar boxeo y ser una mujer delicada. Claro que a pesar de sus triunfos, todavía hoy, su mamá es incapaz de ver una pelea protagonizada por la que siempre verá como su pequeña hija. Y esa situación de tener que ser rebelde le enseñó que nada es un impedimento para salir victoriosa de cada adversidad.

Apenas terminó el bachillerato llegó el momento para que estudiara educación física, pero sus peleas y entrenamientos no le daban tiempo para llevar las dos cosas a la vez, así que tuvo que detener su carrera profesional. Pero eso no significó que en su mente estuviera la posibilidad de no concluir sus estudios. Ya tendrá tiempo para eso, pero la prioridad es triunfar en el deporte.

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Cuando todo parecía encaminarse al éxito deportivo prematuro y sus victorias en el cuadrilátero eran cada vez más contundentes, otra barrera apareció en su camino. Pero en este caso esta dificultad llenó para siempre de alegría su vida, pues Jorge se convertiría en su primer hijo y sobre todo en su mejor amigo al que ha intentado educar de la mejor manera posible. De hecho, uno de los planes que más disfruta es poder salir junto a su pequeño al parque a jugar y comer helado.

Pasaron cuatro años en los que se dedicó a brindarle amor y ejemplo a su hijo y no pudo ponerse los guantes y entrenar. Pero como ella misma lo dice, cuando se subió al cuadrilátero nuevamente sintió una alegría inmensa y un aire nuevo en su vida. Y cada pelea que pasaba la caucana demostraba que estaba para grandes logros profesionales y demostraba el temperamento que le habían inculcado en el pueblo donde creció y que la había llevado a cumplir cada uno de sus propósitos.

En Buenos Aires, Argentina, la boxeadora colombiana se convirtió en la primera mujer colombiana en clasificar a unos Juegos Olímpicos con unos guantes en las manos. Logró su cupo a Río de Janeiro luego de cuatro difíciles peleas ante rivales que soñaban lo mismo que ella. Hoy Íngrit tiene 27 años y, aunque parezca mucho lo logrado, ella se sigue preparando con la ilusión de que esto hasta ahora es el comienzo de algo más grande.

El camino no ha sido fácil de recorrer, pero nunca rendirse ha sido una opción y por eso se muestra orgullosa de haberlo logrado. Por estos días su meta más grande es entrenar diariamente en la capital de la República para llegar fuerte a su primer día de competencia. Pues por su cabeza no pasa la posibilidad de quedarle mal a un país que estará atento a sus combates.

El objetivo de estar en Río ya se cumplió y ahora su meta es subirse al podio. Por eso, en cada entrenamiento, pega y esquiva puños como si estuviera en la final olímpica. Junto a un niño, en el coliseo El Salitre de Bogotá, Íngrit hace pequeños combates en el cuadrilátero, pero en un poco más de 88 días dará los golpes más importantes de su vida. Está convencida de que está recorriendo el camino adecuado para cumplir su meta.

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La boxeadora se encuentra en La Habana, Cuba, desde hace dos semanas terminando su preparación para el Mundial de la disciplina que se llevará a cabo en Azerbaiyán el próximo mes de junio y que servirá para terminar su preparación de cara a las justas en Río de Janeiro.

Ser la única mujer en la selección colombiana de boxeo no representa para ella ningún problema, es más, los consejos y el apoyo que le brindan sus cinco compañeros son inyecciones de buena energía que recibe en su preparación y la hacen sentir como el miembro más importante de esa familia compuesta por luchadores de la vida.

Tampoco se imagina el momento cuando acompañada por cerca de 140 deportistas colombianos más (la meta del Comité Olímpico es llevar este número de atletas), dé la vuelta olímpica al estadio de Río de Janeiro. Íngrit en ese momento recordará todos los sacrificios que tuvo que hacer en su vida y estará agradecida con el deporte y con su mamá por haberla ayudado a alejarse de las malas amistadas en su infancia y haya podido construir una carrera destacada.

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Arriba del ring, Íngrit se considera rebelde, agresiva, temperamental y deja todo en cada minuto de cada uno de los rounds para derrotar a su rival. Pero cuando la campana suena y se quita los guantes y las vendas, ella deja atrás su agresividad para convertirse en la amiga y madre que todas las personas que la conocen admiran.

Con paciencia y cariño le enseña a su hijo de nueve años los conocimientos que adquirió en su infancia. Cuando las obligaciones escolares de Jorge terminan, salen juntos a caminar y hablar de la vida. Ella quiere que estudie una carrera profesional, pero él se inclina por el deporte, el fútbol y el boxeo son sus pasiones. El fan número uno de Íngrit parece va seguir los pasos de su madre.

Concluida su carrera deportiva, sueña primero con haberle inculcado a su hijo los valores de la constancia y el esfuerzo, para luego retomar sus estudios de licenciatura en educación física y así cumplir su sueño de educar y enseñar a los demás o, por qué no, montar el mejor restaurante de mariscos con las recetas que le enseñó su abuela Aurora.

Por: Enrique Gamboa