Tu moto me mata

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La motocicleta se ha convertido en el mayor movilizador de este país y va a superar dentro de poco al transporte público. Las razones no son otras que la agilidad y la autonomía que representa, el bajo costo de este medio y la poca eficiencia del transporte tradicional.

Por ello estamos llegando ya a los seis millones de unidades circulando por nuestras vías, lo que se ha convertido en un dolor de cabeza para quienes se movilizan en vehículos de cuatro llantas, tornándose imposible el desplazamiento en algunas ciudades que padecen permanentemente la anarquía que han venido imponiendo los motociclistas hasta convertir calles y avenidas en verdaderos campos de batalla.

Mucha responsabilidad les cae a los distintos gobiernos que no han tenido unas políticas claras para no sólo exigir cursos de aprendizaje previos y campañas preventivas permanentes, sino, además, rigurosidad en la entrega de estos aparatos, que con presentar la cédula basta, amén de un mercado negro en el que se hace todo tipo de negocios sucios sin que importen los papeles y las placas, que las fabrican en cualquier esquina.

Allí no acaba el problema. Sucede también que los motociclistas pasaron de representar el 24% de los muertos en siniestros viales en el año 2001 a la escandalosa cifra del 45% en el año 2014, de acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Javeriano de Salud Pública.

Y las perspectivas no pueden ser peores. Este porcentaje seguirá creciendo, porque el Ministerio de Transporte anda por estos días muy ocupado en el “boquecaballo” de los reavalúos del parque automotor colombiano, en el que se están cometiendo toda suerte de atropellos, y no ha tenido un minuto para enfrentar esta situación.

Mientras esto sucede, las motos, muy orondas —por ejemplo— siguen sin pagar peajes y continúan —repito— inundando las vías, generando —insisto— el caos que padecen quienes pagan impuestos, soats, revisiones técnico-mecánicas y los mencionados reavalúos recomendados por una empresa contratista a quien muchos consideran non sancta y que está ocasionado erguidas y justificadas reacciones y reclamos que no va a ser posible atender ni siquiera a mediano plazo.

Mario Fernando Prado

Por: Mario Fernando Prado