Después de El Niño, ¿qué?

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A pesar de que al país se le informó sobre la alta probabilidad de que ocurriera el fenómeno de El Niño, hoy, cuando se presenta con un alto nivel de virulencia, las diversas regiones padecen su impacto.

Así, las fuentes de agua se encuentran comprometidas en gran parte del país o, peor aún, están secas. Igualmente, muchos bosques se han visto afectados por los incendios forestales. Además, las altas temperaturas y la falta de agua impactan la producción agropecuaria, amén de que se presentan importantes pérdidas en la flora y la fauna.

Por cuenta de la fuerte sequía, la oferta alimentaria se ha visto reducida, lo que ha conducido a un aumento generalizado de los precios que tiene en jaque la política monetaria. Ello, aunado a la mayor devaluación de la moneda, ha llevado a que las tasas de interés estén al alza.

Hasta ahora, la reacción de las autoridades sectoriales frente a El Niño ha sido muy limitada. Pareciera que no solo el país no hubiera conocido con anterioridad el riesgo de que se presentara una sequía generalizada y fuerte, sino que no existieran mayores instrumentos de política para, al menos, amortiguar en parte los efectos perniciosos del fenómeno climático.

Como poco sirve “llorar sobre la leche derramada”, la pregunta que surge es si desde ahora nos estamos preparando, autoridades (gobiernos nacional, departamental y municipal) y comunidades, para enfrentar los próximos eventos climáticos extremos (fenómenos de El Niño y de La Niña).

Entre los expertos cada vez se hace un mayor reconocimiento del hecho de que efectivamente el mundo enfrenta las consecuencias del cambio climático y el calentamiento global. Ello ha llevado a muchos países a formular y poner en práctica agendas de política pública y planes de acción para enfrentarlas.

Los colombianos nos hemos ufanado de que tenemos una de las mayores riquezas hídricas del mundo. Sin embargo, cuando en estos días vemos cómo se ha reducido el caudal del río Magdalena, de cómo en algunos territorios se han secado completamente las quebradas y los ríos y que en muchas localidades los acueductos están fuertemente afectados, nos damos cuenta de que nuestra riqueza depende de la precipitación y de que, hasta el momento, no hemos hecho mayores esfuerzos por conservar las cuencas hidrográficas y que, menos aún, hemos tratado de crear la cultura de la conservación y el manejo sostenible del agua.

Por tanto, desde ahora el país debería estar poniendo en práctica las agendas territoriales para enfrentar el próximo fenómeno de El Niño o, en su defecto, el de La Niña. Esto implica, entre otras cosas, que desde la política agrícola y rural se establezcan programas y acciones concretas tendientes a enfrentar las nuevas realidades climáticas.

Existen diversos instrumentos de política agropecuaria y ambiental que servirían para que el sector se prepare adecuadamente hacia el futuro, entre los que se encuentran la utilización de los avances científicos y tecnológicos.

Ojalá que, por falta de previsión, en poco tiempo no estemos, nuevamente, lamentándonos y padeciendo como hoy acontece.

Juan José Perfetti del Corral

Por: Juan José  Perfetti del Corral