En lo quedó la farsa del salario mínimo

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CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA 1991 :  “ ART. 25. El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas”.

 

Como dice el dicho, “ el papel puede con todo “. Los miembros de la ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE,  se salieron de la realidad para sesionar cuando les cupo en su imaginación el país político, pero no el económico y social. Expresan  algunos analistas en sus reflexiones  imparciales e independientes, de acuerdo con sus formaciones humanísticas y académicas, que  nuestra  Constitución, fue pensada para una sociedad de avanzada y desarrollada con principios, valores y pretensiones de vanguardia. Pareciera que el idealismo emocional prevaleció como anhelo superior de darle a un pueblo permeado por males estructurales, una nueva dimensión tratando de construir una nueva visiòn de sociedad con un perfil renovado en el cual los colombianos fuéramos felices soñando una Colombia como debiera ser de la noche a la mañana como un acto propio de prestidigitación ideológica.

Tener derechos, no es suficiente para asegurar que ya se disfruta de ellos, sencillamente, es algo escrito como quien dice : “ Del dicho al hecho, hay mucho trecho “ .

“…a un trabajo en condiciones dignas y justas”, no es más que una actitud demagógica y con ribetes de sofisma de distracción armado con eufemismos politiqueros.

¿ Condiciones dignas y justas con un salario mínimo?

La comisión tripartita encargada de discutir y aprobar el reajuste del salario mínimo está conformada por tres fuerzas, dos muy parejas en sus argumentos para confrontar con otra de menor poder que ineluctablemente resulta derrotada. Se  aprecia, sin reticencias

que la lucha de clases sigue vigente. Los empresarios y el gobierno son poderes económicos  y políticos con postulados muy afines, compatibles, empáticos y cohesionados como ejes fundamentales del sistema ; en consecuencia, solidarios para defender sus intereses. Los trabajadores, representados sindicalmente en las Centrales Obreras que aunque “democrática” y legalmente constituidas, sus voceros, no pasan de ser convidados de piedra con voz  para exponer sus peticiones con argumentos proletarios, pero que no les alcanza sino para dejar constancias y cuando más asumir una actitud  estratégicamente política, para hacerles creer a sus afiliados que hicieron lo que pudieron, pero perdieron con honor.

Desde años atrás , se ha venido repitiendo el mismo banquete con el mismo menú, que “ El palo no está para hacer cucharas”. Se alardea todo el año pregonando a los cuatro vientos que la economía va bien, que la economía colombiana es una de las más sólidas de América, que está en crecimiento, que la inflación está controlada y cuando se llega a la mesa para pactar el SALARIO MÍNIMO, ahí, se cambia el discurso y se empieza a señalar con cifras controvertibles que todo ha cambiado de rumbo, lo que nos lleva a deducir que fue un cuento mal contado. Los argumentos, las razones giran en torno al mismo discurso que lo sabemos de memoria como el padrenuestro, que un aumento significativo es inflacionario, que frena el empleo, que desacelera el desarrollo económico, que…, que… ( ¿ ? ), desconociendo que también hay argumentos a favor.

Y los salarios de los altos empleados, que no son pocos, ¿ en cuánto porcentaje los reajustan? ¿ Esos desorbitantes salarios no le hacen daño a la economía ? Al final como siempre ha sido costumbre, se reajustó por decreto y en forma muy “ generosa” para que el SALARIO de los trabajadores, de quienes producen la riqueza,  SIGA SIENDO MÍNIMO, frente al salario de los que no necesitan ,siga siendo MÁXIMO.

Mientras tanto, los colombianos de bien, siguen haciendo fila para encontrar un trabajo con salario mínimo, con la paciencia de personas buenas  y pacíficas que han construido país frente a otras que han llenado nuestra sociedad de sangre y de dolor que seguramente conseguirán que se les abran espacios dándoles prelación como premio a su barbaridad. El posconflicto, no se consolidará con los bolsillos vacíos y la negociación, no será simplemente como un acto de patriotismo y de buena voluntad.

¿Dónde está la sensibilidad social para compartir la riqueza con quienes sí necesitan mejorar su calidad de vida ? ¿Cómo hablar de paz en un país con un salario mínimo de $689.454 devaluados pesos colombianos?

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Por: Elceario Arias Aristizábal