Hambre, enfermedad e inseguridad

venezuela-colas-para-alimentos

Estas son las tres dramáticas palabras que producen la enorme desazón entre los venezolanos: no hay alimentos suficientes para la población, en ciertos casos el desabastecimiento llega al 90%; la provisión de medicamentos está solo al 40% y Caracas se ha convertido en la ciudad más insegura del mundo, con el mayor número de asesinatos por cada 100.000 habitantes, desplazando a San Pedro Sula, que había ostentado ese puesto en los últimos años, por la presencia de la guerra en las bandas del narcotráfico.

Pero lo que se ve es que no se toman medidas efectivas para contener esa avalancha de infortunios; el tiempo pasa y solo se ven recriminaciones sin sustento, mientras la población aguanta y padece las graves consecuencias de la desatención.

Muchas soluciones están a la mano y no se toman: una de ellas es la apertura de la frontera para que puedan fluir los mercados fronterizos y de esta manera atenuar las necesidades de la población allí ubicada.

Otra es la de permitir el canje de gas, que le sobra a Venezuela y le falta a Colombia, para que a cambio se suministren víveres de distintas clases que Colombia tiene disponibles.

Y una tercera, es la de abonar al pago de la deuda a los proveedores internacionales, para que de esta manera puedan hacer nuevos despachos hacia esa nación.

Quienes gobiernan el vecino país se han acostumbrado a un eterno discurso para echarle la culpa a los demás de las calamidades que padecen, pero los problemas siguen agravados por la contundencia de su impacto.

Qué falta de liderazgo, qué ausencia de imaginación y qué concurrencia de incompetencia en donde ni el sufrimiento prolongado del pueblo sirve para sacudir las estructuras y diseñar los cambios.

Venezuela se parece cada vez más a aquellas naciones africanas, desposeídas y llenas de incertidumbre, en donde los habitantes reflejan en sus lánguidos rostros la angustiosa y desesperada presencia de la incapacidad para mejorar su situación de vida.

El tiempo pasa y pasa y las medidas efectivas parecen estar cada vez más lejos, porque no existe ninguna determinación y porque la sinrazón parece invadirlo todo.

Por: Eduardo Durán