En Villarica «Cada uno defiende una verdad pero no se dan cuenta que defienden un pedazo de mentira»

MACLANIL

En una sociedad tan dividida por quienes así lo han podido hacer, me asaltó la siguiente pregunta: ¿Qué se pensará de quienes en Villa Rica no hacen parte de movimientos políticos o religiosos, y que pese a todo la pasan mejor que muchos correligionarios?

Alguna vez hice un ejercicio: opinar en favor de alguna de las cabezas de los políticos de aquí, e inmediatamente me gané unas miradas de rabia y de descontento. Más tarde hice lo contrario pero en contra del otro líder y me fue tan bien, que hasta me gané un abrazo.

Con la religión pasó lo mismo, pues ante un conocido amigo que se considera de la religión cristiana, expuse diez razones históricas que muestran las crueldades e ignominias de la iglesia católica, y me pasó exactamente lo mismo que con los seguidores de la política municipal: fui exaltado y valorado en mis apreciaciones.

Finalmente me encontré con un católico y le expresé, con datos históricos y hasta psicológicos, la insensatez de muchas religiones protestantes en su legítimo derecho de adoración espiritual, y fui apoyado en mis objeciones. Al final me hice una pregunta: ¿Cómo es que la gente disfruta vivir feliz y segura a cambio de tener y de construir enemigos? ¿Cómo es que alguien busca un mejor mundo sólo al lado de los que se le parecen? Para las generaciones futuras (y ello va a ser un factor de supervivencia fundamental) será un imperativo alejarse de muchas ideas separatistas que convoquen a la guerra y a la desaparición de los demás.

Estas confrontaciones a las que nos empujaron Diego, Arie, Mito con sus respectivos movimientos políticos, serán una tontería para nuestros nietos cuando se las contemos en menos de veinte años, y nos van a reclamar por nuestra ignorancia, sino por nuestra estupidez.

Hoy, hace setenta años finalizó la segunda guerra mundial, y una de las causas fue la intolerancia religiosa y política, lo que a diez de últimas, como decían los viejos, seguirá siendo una amenaza preocupante para la sociedad presente y para la que viene por los hilos de nuestra sangre.

En Villa Rica, por ejemplo, se abren iglesias con la misma velocidad con que antes se abrían tabernas. A medida que merman las tabernas aumentan las iglesias, está más que claro, pero ello lo que pone de relieve es una guerra de la fe – no con las tabernas y los griles – sino con la fraternidad.

Comprobé con un ejercicio típico de la psicología social que en el municipio la polaridad es muy fuerte, y al respecto, la religión no ha ayudado a distensionar las cargas como se espera de una de las más altas conquista del ser humano, pues lastimosamente se ha caracterizado en legitimar el poder que alcanza una persona, ya sea con crueldades de espanto, como una heredad celestial en la tierra (no olviden que muchos católicos y protestantes comparten las tesis y las acciones del ex presidente Uribe).

Estamos al borde de una intolerancia terrible que se atiza todos los días con la defensa brutal de una religión o de un grupo político como salvadores del demonio o de la corrupción.

En un contexto así tan variopinto como el del pueblo de las dos mentiras, no deja de ser extraño que alguien se atreva a opinar sin la mordaza del miedo. Contrario a ello, se ha inducido a la gente a señalar como peligroso a quienes están por fuera de los cercos ideológicos. Cada día se felicitan a quienes desprestigian a los se atreven a pensar, a hacer algo diferente a lo que muchos hacen todos los días a veces con una manomonía cardiaca.

Si usted quiere ver a Villa Rica como siempre soñó verlo, le aseguro que si se sube al tanque del agua lo verá lindo, pues desde las alturas todo se ve hermoso y tranquilo, pero apenas se baje de él se dará cuenta de una realidad que contradice la que acabó de ver escalones arriba.

Así me pasa a mí. Si perteneciera a alguno de los dos grupos políticos de aquí, vería una realidad terrible, un pueblo incendiado por la inequidad, la injusticia y el caos; un pueblo feo que se jacta de ser hermoso en manos de quienes han trabajado para llevarlo a un invierno eterno de esperanzas fútiles que se caen solitas con sólo preguntar de dónde vienen y para dónde van.

A la gente le da miedo pensar. Un poeta dijo que la masa es tímida para los ejercicios de la razón, contrario a ello, es experta para las reacciones irracionales y crueles. En los grupos de la política municipal brilla por su ausencia el debate de ideas, la sensatez, el reconocimiento del error propio mas sí el reconocimiento del error ajeno.

Cada uno defiende una verdad pero no se dan cuenta que defienden un pedazo de mentira. Ahora el movimiento que más satanizó a su opuesto ha considerado restaurar la fractura social que iniciaron hace más de quince años y que les sirvió para ganar en las urnas en tres ocasiones.

No se han dado cuenta que es más fácil iniciar una guerra que terminarla, como dijo Gabo en Cien años de Soledad. Todos y todas por Villa Rica ahora es un movimiento que quiere la paz, que quiere al diferente, al de la cuadra vecina, al de la vereda enemiga.

Ahora que el rechazo y el desprecio han dejado de ser una garantía para llegar al poder, entonces se opta por parecerse a los buenos, y parecerse no es lo mismo que ser bueno.

En Colombia, y me lo dijo el poeta, ensayista y novelista William Ospina, se crean partidos políticos cuyo nombre y lemas no tienen nada que ver con lo que demuestran. Cambio Radical, por ejemplo, de cambio y de radical no tiene nada. Esta frase tan hermosa: Villa Rica Unidos, finalmente se caerá porque no viene desde el corazón sino desde los abismos de la conveniencia.

Es un maquillaje de la separación como inteligentemente lo expresan al pintar sus rostros. En manos de los políticos de siempre el pueblo seguirá igual.

Nada de lo que está vigente en términos de inequidad, injusticia y corrupción cambiará mientras ellos y ellas sigan atajando las esperanzas de la gente, atacando las ideas y las propuestas de quienes tienen y tenemos motivos y fuerzas para hacer un pueblo mejor del que ellos nos imponen cada cuatro años con su simulación, con su falsedad y con su intereses particulares tan enfatizados en su amabilidad.

Sin dejar a un lado la crítica constructiva, propongo que imaginemos y planteemos desde esta red social, cómo queremos ver a Villa Rica en lo cultural, en lo urbanístico, el lo educativo, en lo social, en lo judicial, en lo espiritual, etc, para ver si estos cavernícolas que nos tocó de líderes, pueden hacer mejor su trabajo.

FERNANDO MACLANIL