La ciencia lo confirma: Las personas que bailan son más felices

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«Sin la música, la vida sería un error«, afirmó el filósofo Nietzsche, y no andaba desacertado ya que tenemos un instinto natural que nos anima a seguir el ritmo de la música. De hecho, la mayoría de los niños se mueven y dan palmadas cuando escuchan una melodía que les agrada. Se trata de una respuesta espontánea relacionada con nuestra necesidad de comunicarnos y de expresar nuestras emociones a través del movimiento y de nuestro cuerpo.
No hay duda de que la música es un lenguaje universal y todos, con excepción de las personas que sufren  amusia , somos capaces de apreciarla y disfrutarla. De hecho, se ha descubierto que personas de diferentes culturas responden emocionalmente de la misma manera ante diferentes tipos de música. Por eso, no es casualidad que los estudios antropológicos señalen que los grupos que tenían más probabilidades de sobrevivir eran aquellos que habían desarrollado una danza propia y eran capaces de compartir sus sentimientos a través del baile.
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Por supuesto, la música y el baile no solo fungen como pegamento social sino que también son muy beneficiosos para nuestra salud física y mental. Estudios recientes han desvelado que una de las claves de la felicidad y la satisfacción con la vida se encuentra precisamente en la pista de baile.


Cuando bailamos, en nuestro cerebro se liberan endorfinas, unos neurotransmisores que generan una sensación de bienestar, relajación, alegría y empoderamiento. La música y el baile no solo activan en nuestro cerebro los circuitos motores y sensoriales sino también los centros del placer.
De hecho, neurocientíficos de la Columbia University afirman que cuando nos movemos en sintonía con el ritmo, los efectos positivos de la música se amplifican. Por tanto, un pequeño secreto para sacarle el máximo partido a la música consiste en sincronizar nuestros movimientos con el ritmo, así obtendremos «placer por partida doble».
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Sin embargo, lo cierto es que la magia del baile no se puede reducir simplemente a la química cerebral. Bailar también es una actividad social que nos permite estar en contacto con otras personas, compartir experiencias y conocer gente nueva, lo cual tiene un efecto muy positivo sobre nuestra salud mental.

Por si fuera poco, mientras nos movemos, nuestros músculos se distienden al compás de la música, lo cual nos permite liberar las tensiones cotidianas, sobre todo las que se acumulan en la musculatura más profunda.

¿Aún necesitas más razones para bailar?