
En Colombia, al sur de la costa del Pacífico, en la franja selvática que va del océano hasta los Andes, se escuchan todavía los cantos tradicionales de los descendientes de esclavos africanos que fueron llevados allí en el siglo XVII.
Surgidas en la ribera de los ríos y sembradas en la cotidianidad de las comunidades de la región, estas músicas ancestrales tienen como núcleo las voces de mujeres y hombres que combinan el sonido de los romances españoles con los lamentos negros.
Las acompañan marimbas y tambores de madera y cuero, sonajeros de semillas y el ritmo de las manos, para formar un universo musical sin par en el panorama de las músicas del mundo.
Estos sonidos y los rituales que surgen en torno suyo han viajado con los inmigrantes y subsisten hoy también en las ciudades del suroccidente colombiano, como un pilar de la identidad de las comunidades del pacífico. Son cuatro los contextos principales en los que se desarrolla la música tradicional del pacífico surcolombiano: el Arrullo, el Currulao, el Chigualo, y el Velorio de Adulto.
El Arrullo es un encuentro de personas que se congregan para adorar a un santo con música y canto. Se trata, ante todo, de una celebración religiosa, que a la vez integra a los participantes en una fiesta. El Currulao (también llamado Baile de Marimba) es una fiesta en todo el sentido de la palabra. Se canta y se baila, se cuentan chistes y cuentos, se bebe licor y se come en abundancia.
Es común que el Currulao tenga lugar después de un Arrullo. El Chigualo es el término empleado en la región para denominar el velorio de un niño o “velorio de angelito”. Se realiza cuando muere un pequeño antes de los 4 o 5 años de edad, y le imprime a este episodio trágico un sentimiento de alegría puesto que se considera que el niño murió “con el alma pura”.

El Velorio de Adulto, por su parte, sí se manifiesta como un evento trágico, puesto que el mayor muere con “el alma impura”.


En estos casos se le reza y canta al difunto durante nueve días (novenario). Cada uno de estos contextos va asociado a manifestaciones musicales específicas. En los Arrullos sólo se interpretan canciones con textos de sentido religioso. Aquí son las mujeres quienes lideran la festividad, tanto en su preparación (santos, velas y altares) como en la interpretación de jugas y bundes “de adoración”, cantos especiales que presentan letras sacras y que tienen una estructura responsorial.
Los cantos se acompañan por distintos tambores (llamados bombos y cununos) y, en ocasiones, por marimbas de madera. En los Currulaos se interpretan géneros con temáticas muy diversas: jugas y bundes profanos, rumbas, torbellinos y currulaos (este último es el género que da el nombre a la festividad).


Los nuevos intérpretes se van acercando allí a cada instrumento y son guiados por los músicos más experimentados, en una compleja dinámica de relación maestro-discípulo que se mantiene vigente hasta la fecha.
Los diferentes elementos de este espacio sociocultural (contextos sociales, géneros musicales, instrumentos, roles, transmisión e interpretación, construcción), ocupan un papel preponderante en la identidad colectiva de las comunidades rurales y semirurales del pacífico surcolombiano.
Dan soporte y son expresión elocuente de una cosmovisión propia, de un modo de ser y de relacionarse con el mundo que es resultado de una larga historia de adaptación y apropiación a un entorno donde las condiciones de subsistencia continúan siendo difíciles.
Con las transformaciones propias de la Colombia actual, este espacio sociocultural se ha extendido hasta las grandes ciudades del suroccidente andino colombiano (Cali, Popayán y Pasto).
Allí, con nuevos referentes sonoros y en contextos rituales que surgen de la subsistencia en condiciones urbanas que no son menos complejas, los Arrullos y los Currulaos, los Chigualos y los Alabaos se han consolidado también como manifestación identitaria característica de los grupos de inmigrantes del pacífico. Son, hoy por hoy, la principal red de soporte simbólico para aquellos que se fueron llevando los ríos en la memoria y el corazón.



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