Soñadores

Esta semana tuve la fortuna de presenciar una escena maravillosa, mientras descansaban en su hora de almuerzo, algunos obreros de la construcción hacían su siesta al aire libre, uno de ellos, acostado en el prado, se dedicaba a leer en voz alta, su lectura era un susurro que resonaba en esa calle vacía, leía para sí, no para el resto, en ese abrir y cerrar de sus labios y en su cara se intuía una felicidad inmensa, ese texto era su fe y las palabras parecían ser su mantra, mientras pasaba por allí pensé que los libros son como las conversaciones, sirven para ampliar nuestro horizonte de comprensión, los textos nos permiten soñar y fabular otros mundos, descubrir otras ideas y entender en el más allá al otro o los otros.

Dicen que no leemos, que somos un país iletrado, que lo nuestro no es la lectura, se construyen planes, estrategias y campañas que poco parecen transformar las estadísticas, aunque en ferias y fiestas del libro los lectores se arrumen como las palabras; algunos afirman que apenas leemos un libro al año, se buscan culpables, se juzga al lector, se señala al Estado, poco me importa, sigo y seguiré leyendo, amo el libro impreso, el olor a tinta y papel, el diseño de las colecciones, el sonido de las hojas al contacto con los dedos, amo los libros ilustrados y los de mesa, las novelas y los ensayos, desde hace años tengo una relación de afecto y admiración por quienes en este país “sin lectores” han elegido el oficio de editores, casi siempre se menciona al librero que en medio de sus textos parece una especie en vía de extinción, pocas veces se habla del editor y mucho menos de los impresores.

Todos estos emprendedores se encargan de nutrir una oferta cultural que crece: ilustradores, diseñadores gráficos, editores, correctores, diagramadores, traductores, fotógrafos y otros, forman parte de quienes creen en el poder de la palabra.

Alegra mucho el reconocimiento que Tragaluz editores acaba de recibir en la Feria del libro infantil de Bolonia, Italia, por su libro Conquistadores en el Nuevo Mundo, un hermoso texto que ilustra las anécdotas de algunos aventureros por aquí, esos que buscando otras cosas se toparon con este continente; muchos de los conquistadores escribieron sus crónicas para relatar lo que hallaban, algunos como Colón lo hacían el mismo día del encuentro como si fuesen periodistas, otros al pasar el tiempo y con el tamiz que dan la memoria y el recuerdo, algunas más que crónicas parecen fábulas, otras simplemente anécdotas.

A cada texto que recogió y reescribió el españolGrassa Toro lo acompaña una imagen de Pep Carrió elaborada con residuos y palos de madera recogidos en las playas españolas, cada una evoca los rostros de los viajeros, las máscaras de la osadía.

Este premio reconoce y visibiliza la silenciosa labor de muchos y da lustre a una provincia que se menciona por otros avatares, larga vida a tanto soñador.

Por: Julian Posada

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