Cali después de…

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Buenas noticias desde la capital deportiva de América: Su honorable Concejo municipal autorizó finalmente al alcalde para que realice la reforma administrativa que se estaba pidiendo a gritos y que tiene a Cali semiparalizada en lo que respecta a contratación y creación de nuevas dependencias.

Hasta ahora lo que ha existido es una colcha de retazos, por cuanto la contratación de personal que exigen varias oficinas se ha entorpecido por culpa de unos contratos a término que no siempre garantizan el cabal cumplimiento de las funciones encomendadas.

Hay Secretarías como el DAGMA, que maneja el asunto ambiental, entre otros, que solo cuenta con 25 funcionarios y requiere de 239 empleados; la Secretaria de Salud, que de 211 pasará a contar con 724, y la de Cultura, que de 45 llagará a 239. ¿Y cómo han hecho para funcionar así? Pues con esos contraticos a término que no dan ninguna clase de estabilidad.

Se dirá que habrá exceso de burocracia y no hay tal. La tercera ciudad de Colombia —que debería ser la segunda— tiene un atraso de muchos años y no ha logrado modernizarse, como sí lo hicieron en su momento Bogotá y Medellín. Por eso Cali se ha quedado atrás y no ha logrado atemperarse a las exigencias de la época, a punto que hoy en día la administración municipal no solo es un paquidermo, sino además un monstruo de mil cabezas totalmente desarticulado.

Afortunadamente Cali tiene buena parte de los recursos que exigirá esta reforma y que deberá estar lista en seis meses cuando finalmente pasará de tener 1.738 a 4.775 empleados, precisándose que no habrá una masacre laboral ni menos una “nombratón” burocrática que les dé contentillo a los ediles.

Armitage así lo ha garantizado y eso que hubo un pulso bastante fuerte con los concejales. Pero lograron ponerse de acuerdo sin vencedores ni vencidos.

De esta manera, Cali está recobrando su liderazgo en el que el Concejo ha jugado un papel determinante y la opinión pública así lo ha reconocido. La Sultana del Valle, después de esta reforma, será una nueva ciudad.

Mario Fernando Prado

Por: Mario Fernando Prado