De la Calle presidente

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Falta mucho todavía para las próximas elecciones presidenciales, un poco más de dos años. Menos para el inicio de la campaña, un año. Pero como es costumbre, desde mediados del período presidencial anterior empiezan a surgir los nombres de quienes aspirarán a ocupar la jefatura del Estado, o de aquellos que sería bueno que lo hicieran.

Es obvio que por estos días éste no parece ser el tema más apremiante o urgente en medio de eventos como el descalabro de Reficar, la corrupción y el crimen en la Policía Nacional, el terremoto político por la detención de Santiago Uribe y el temor por el posible regreso de un fantasma: el apagón.

Sin embargo, y como desde hace veinte años sin interrupción y por cinco elecciones seguidas, en esta ocasión volverá a ser el tema de la guerra y la paz el que definirá la próxima contienda por la jefatura del Estado. Los candidatos se alinearán en dos bandos: por un lado quienes han apoyado el proceso de paz y están comprometidos con el desarrollo de los acuerdos que serán firmados y con el tránsito que deberá hacer nuestro país de la guerra a la paz, y por el otro aquellos que se han opuesto a las negociaciones y buscarán por lo menos recortar lo acordado, cuando no boicotearlo.

No me cabe duda de que el país tiene que cerrar de una vez por todas el capítulo del conflicto armado interno, de la violencia por razones políticas, y de que tenemos que llegar a la firma de un acuerdo con las guerrillas que le ponga un punto final a la guerra. Así como también estamos llamados a recorrer el camino de la sanación individual y social que se nos abre luego de que el pacto de paz quede sellado. Camino que es arduo y lleno de retos adaptativos.

Pues bien, Humberto de la Calle tiene todas las condiciones que se requieren para conducir al país en ese tránsito. De forma natural pasaría de guiar las negociaciones con la guerrilla a dirigir el Estado que tiene que cumplir lo acordado, que tiene que crear y sostener una nueva realidad producto de un acuerdo para parar la guerra. Como el cirujano que luego de la operación vela por la recuperación del paciente hasta que pueda dejar el hospital.

Este sería el tránsito natural, obvio. Lo hicieron Mandela en Sudáfrica al terminar el Apartheid y Lesh Walesa en Polonia una vez colapsó el comunismo, lo hará Aung San Suu Kyi una vez caiga el régimen de los generales en Birmania.

De la Calle es el indicado para este momento, para esta coyuntura histórica. Una vez se firme el acuerdo de paz definitivo con las Farc y sea refrendado por los ciudadanos en el plebiscito, todo estará dado para que su nombre esté de primero en la lista de aquellos entre los cuales surgirá el próximo presidente de Colombia. Y su hoja de vida y trayectoria pública son un aval más que suficiente para su eventual aspiración presidencial. Brillante abogado, versátil en varias ramas del derecho, especialmente en Derecho Constitucional, registrador del Estado Civil, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ministro de Gobierno y referente desde el Gobierno en la confección de la Constitución de 1991, vicepresiente de la República, embajador ante España, Gran Bretaña y la OEA y ministro del Interior. Además, respetado incluso por la oposición más radical del momento y nunca envuelto en escándalos.

Por su recorrido público y profesional, su conocimiento y talante personal, por ser artífice del paso histórico que estamos dando y por estar en el cenit de su vida política, no cabe duda de que De la Calle podrá ser un buen presidente, el que el país requiere en este momento.

Por: Ricardo Correa