La Tortura Medíatica

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                          Por: Luis Felipe Barrera 

Los medios de comunicación son instrumentos de poder para modelar la opinión pública, dirigir el escarnio público y brindar entretenimiento fácil al vulgo. Esta es la vía que lastimosamente han abrazado con complacencia la mayoría de periodistas y empresas de la comunicación en Colombia.

La exposición, degradación y destrucción sistemática de vidas privadas en la esfera pública, ha prevalecido sobre el debate argumentativo acerca de las problemáticas de interés nacional.

El ciudadano que se informa y delibera, ha sido totalmente desplazado por la masa que consume y descarta. Muchos afirman que esta realidad se asemeja al circo romano, pero en realidad combina la técnica negra de la inquisición española con la guillotina jacobina. A una acusación falaz y tremendista le sigue la decapitación; como ejemplo ahí tienen en el cesto las frescas cabezas del Defensor del Pueblo, el Viceministro y el Director de la Policía. Mientras tanto, el verdugo solo se solaza y enjuga el sudor de su frente por el excesivo trabajo de la última jornada. Disciplinar un pueblo es cosa jodida.

La línea de acción que siguen muchos comunicadores, en especial los que están vinculados a las grandes cadenas, solo se está enfocando en el afán de la primicia, el morbo que suscita lo sórdido y el patetismo en las formas de presentación.  El debate real sobre la fragilidad de las instituciones y las reformas necesarias para ajustarlas, se ha abordado de manera tangencial.

La abstracción de la opinión pública ha servido para que los medios no transfieran información con aplomo y seriedad a ciudadanos libres y críticos, sino para que se dirijan a simples espectadores de un drama teatral que oscila entre la tragedia y la comedia. La creencia en el ciudadano racional con la capacidad de juzgar y deliberar en el marco de la democracia participativa, parece una superstición de otras épocas.

La dictadura del eslogan, los estribillos y microrelatos, han arrasado a la deliberación compleja y multipolar. Informarse se ha vuelto una verdadera tortura. Los medios no procuran comunicar, sino modelar el pensamiento. Y lo peor, es que lo modelan por lo bajo.

La tortura mediática no es solo contra las víctimas de linchamiento público, también torturan la sensibilidad de los ciudadanos que anhelan informarse con algo de objetividad, veracidad, pulcritud y profundidad.

Quizás lo más preocupante de todo es que aunque muchos quisieran vivir en un mundo donde existiese una mayor dosis de debate racional, ni en la acrópolis griega convivieron en perfecta armonía dialéctica sus ciudadanos-filósofos. El hombre es un animal simbólico que tiene una debilidad natural por las metáforas, los estereotipos, las apariencias y las simplificaciones narrativas.

De allí que la mesura exigida a los medios de comunicación, sea una tarea más ardua de lo que parece. Exige mucho del pueblo y del gremio de las comunicaciones. Además, porque al fin y al cabo, en nuestra sociedad de consumo lo que vende es lo que se impone.