Crece expectativa en el Norte del Cauca por Acuerdos de Paz

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Las comunidades del norte del Cauca están  bastantes expectantes por las negociaciones de paz entre el gobierno nacional y la guerrilla de las Farc.

Coinciden en respaldar una salida negociada al conflicto armado porque en sus territorios es en donde se vive la guerra y son ellas quienes sufren las consecuencias, pero tienen varias incertidumbres ante lo que pueda desencadenar la eventual implementación del acuerdo de paz.

Es más, antes de que iniciaran los contactos de paz con las Farc, desde las mesas se abogaba para se buscara un posible diálogo. En su tercer encuentro, realizado el 10 de octubre de 2005 en Santander de Quilichao, reiteraron su “apoyo a la salida negociada como única alternativa de solución al Conflicto Armado Interno, por el intercambio humanitario y el establecimiento de acuerdos humanitarios para preservar la vida y derechos de las comunidades en medio del Conflicto Armado Interno y a favor del pleno derecho de todas las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación”.

Ahora, mientras los delegados del gobierno y las Farc negocian en Cuba, las comunidades del norte de Cauca han decidido asumir la construcción de paz desde sus espacios de diálogo y desde la región.

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“Como la paz no viene de allá (Cuba) para acá (Cauca), sino que sale de aquí para allá, las Farc y el gobierno se tienen que adaptar. Eso lo venimos empujando fuertemente y se han creado espacios para conversar en nuestros espacios naturales, pero no sabemos qué está pasando en La Habana”, acotó el líder indígena Feliciano Valencia Medina recluido en el Centro de Armonización Gualanday,  ubicado en  vereda de  San Pedro  en Santander de Quilichao

 

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Armando Caracas Carabalí, uno de los líderes afro de la región, considera que su pueblo no está representado en las negociaciones de paz y que debería “darse la participación real y efectiva de nuestros pueblos en esos escenarios: participar no es mandar a una víctima o a un delegado, sino que se recojan las propuestas hechas directamente desde acá por nuestro pueblo negro”.

Valencia coincide en que deben ser tenidas en cuenta todas las propuestas que la sociedad civil ha realizado por medio de diferentes mecanismos. “Nosotros les hemos hecho llegar nuestros puntos de vista a través de los foros realizados por la Universidad Nacional, pero independientemente de los acuerdos que firmen, somos gobierno propio, tenemos territorios propios, tenemos sistemas de convivencia propia y tenemos una noción de desarrollo que venimos construyendo. Luego todo lo que firmen allá, no puede venir a violentar, bajo ningún pretexto, lo que hemos construido”, agregó.

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En las comunidades hay dos grandes interrogantes sobre un posible escenario de posconflicto: qué pasará con los desmovilizados que pertenecen a las comunidades y qué pasará el territorio si se implementan las Zonas de Reserva Campesina.

Afros e indígenas aseguran que están dispuestos a recibir en sus territorios a sus hermanos que se fueron a la guerra, pero que estos deben seguir procesos de reinserción acordes a sus cosmovisiones y que deben respetar a sus autoridades y estilo vida.Sobre las Zonas de Reserva Campesina estas comunidades étnicas tienen el temor de que se traslapen con sus territorios o que se hagan con tierras que necesitan.

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Dentro de un sector de los campesinos también hay preocupación de que el acuerdo de paz eche para atrás el proceso que las comunidades han realizado desde hace más de 15 años para la construcción de sus propias zonas de reserva y que les impongan un modelo con el que no están de acuerdo; en cambio, otro considera que los acuerdos deben estar ligados a los mandatos de la Ley 160 de 1994, por lo cual no deben sentir temor de ser excluidos. “El Estado tiene una deuda histórica con los campesinos; y así como yo cumplo la ley, le pido al Estado que cumpla con la Ley 160”, señala Nicolás Guamanga de Fensuagro.