Dos años sin el ‘Cacique de La Junta’

Una “tarde de verano”, como esa de la que hablan los hermanos Zuleta, o a lo mejor debajo de un “palo de mango” o del “higuerón”,como cantaba el Binomio de Oro. De pronto compartiendo con “amigos míos” frente a “un mar lleno mil amores”, como diría ‘Beto’ Zabaleta.

Cualquier momento es propicio para hacerle un homenaje a alguien que entregó “tres canciones” sin pedir nada a cambio, a alguien que conquistó a más de una siendo “pasajero de la vida”, que de tarima en tarima se convertía en “el líder” que luego, con el pasar de historias vividas, se “ganó el folclor” siendo para muchos ‘el papá de los cantantes’.

En el cielo
A Diomedes Díaz hoy lo siguen llorando muchos. Su legado continúa entre nosotros y seguramente traspasará la barrera del tiempo, ese mismo que implacablemente voló como un “cóndor herido” cuando paralelamente sonaban las notas de ‘Juancho’ Rois desde el cielo, y en medio de un “canto celestial” que invitaba al gran ‘Cacique de la Junta’ a unirse al conjunto vallenato que con celebridades como Rafael Escalona, Rafael Orozco, Alejo Durán y Emiliano Zuleta, entre muchos otros, abrieron las puertas del cielo y con un final de sendero en la “tierra de cantores” de los mismos hermanos Zuleta, le dieron la bienvenida al que para muchos es el más grande intérprete de la música vallenata.

Aniversario

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Un año más sin Diomedes Díaz Maestre. El compositor de Mi muchacho, Mi casa risueña y Tu cumpleaños, entre cientos de canciones más que nos ponen a bailar en “el mundo”, y que como él mismo decía “era pa’ vivir la vida”, deja en nuestros corazones una “ausencia sentimental”, así como la que plasma Rafael Manjarrés en el tema que lleva ese nombre, una ‘ausencia’ también como la que canta con sentimiento Jorge Oñate, pero que resignados solo recuerdan al ‘Cacique’ en sus mejores momentos con su “primera cana”, y que a pesar de no estar de cuerpo presente, continúa “pidiendo vía” para quedarse entre nosotros gracias a su música, convertida en leyenda vallenata.

Coincidencia, sabiduría divina, eso no lo sabe nadie, lo único cierto es que el 22 de diciembre del 2013, en víspera de la Nochebuena, Diomedes partió del mundo de los mortales para deleitarnos desde el cielo con su carisma y voz, dejando un “mensaje de navidad” entre sus seguidores. Todo el folclor se estremeció con el fallecimiento del artista de La Junta, Guajira.

Lloraron las guitarras y los acordeones, las cajas se silenciaron, las guacharacas enmudecieron, al mismo tiempo que la Plaza Alfonso López, de Valledupar, retumbó cuando “doblaron las campanas” de la iglesia en su funeral.

Legado

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El folclor vallenato se unió en una sola lágrima, pero a su vez cantó sus temas con más sentimiento que nunca, este tipo de sentimiento encontrado de alegría y tristeza. Alegría por el agradecimiento a Dios de habernos regalado un verdadero artista como Diomedes. Tristeza porque no lo volveríamos a ver, pero con la fortuna de poder divisarlo al escuchar las melodías de sus canciones, esas mismas que sus hijos Martín Elías, Rafael Santos, Diomedes y Dionisio,  entre otros, hoy llevan a todos los rincones de Colombia.