Las Hermanas Lauritas se despidieron de Villarica

11350607_1135775959771700_4320408004693688075_n

Iniciaba la década de los cincuenta cuando llego a la población de “La bolsa” hoy Villa Rica, un grupo de religiosas conocidas como comunidad de la hermana Laura.

Se trataba de misioneras pertenecientes al grupo evangelizador creado por la madre Laura Montoya Upegui recientemente canonizada por su santidad y que tenía como misión ayudar a las gentes necesitadas.

A pesar de no existir en la población iglesia o un sitio fijo dedicado a la oración, las Lauritas iniciaron una labor que rápidamente fue esparciéndose por toda la región.

Formadoras en valores, ética y doctrina cristiana quienes en forma permanente tuvieron talleres de manualidades cuya enseñanza era gratuita, su trabajo les llevo a crear la primera escuela de niñas que existió conocida como el convento de las monjas.

Se trataba de una Institución educativa de carácter privado en la modalidad de internado donde las estudiantes de toda la región además de hacer la básica primaria tenían un sitio fijo de habitación.

Posteriormente se da por terminado el internado pero con esa misma base se crea una Institución educativa oficial para mujeres con el nombre de Escuela María Inmaculada la cual continúo bajo la dirección de las religiosas.

11110775_1135775879771708_8686835181344702387_n

Correspondió a las Hermanas de la Madre Laura, ayudar a construir la Iglesia y abrir el espacio a quienes posteriormente llegaron a dirigir la parroquia como sacerdotes pero su labor continuo en forma ininterrumpida en cumplimiento de su misión.

Asistimos hoy a dar un desafortunado hasta luego a estas mujeres que por años sembraron la semilla en nombre de su comunidad religiosas pero que por orden superior deben trasladarse a otro sitio, justificando su determinación a la falta de vocación religiosa lo que ha provocado su desplazamiento a comunidades donde la palabra aún no ha llegado.

Las fuerzas vivas de este municipio acompañaron a esta heroínas para darles un gracias y hasta luego con la seguridad que esas enseñanzas perduraran en el tiempo.

Por:   Alfredo Viveros Balanta