Maternidad sin renuncias

 

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La celebración del Día de las Madres me produce una cantidad de sentimientos encontrados; por un lado, aplaudo el hecho de  que se reconozca políticamente la gran labor de las mujeres que decidimos ser madres; por otro lado, no puedo evitar sentir que se trata de un reforzamiento político de esa idea equivocada de que la gran realización de las mujeres consiste en parir.

De algún modo, esta fecha condena a la mujer que decide no ser madre y ni hablar del señalamiento para aquella que por una u otra razón recurrió al aborto.

Tampoco hay que olvidar la dimensión comercial del Día de las Madres. No soporto que encima de que nos reduzcan a ser mujeres paridoras, la maternidad sea también utilizada para que pongan a nuestros hijos, o a nosotras mismas, a gastar dinero.

Quiero admitir que no siempre quise ser mamá, que considero que la sociedad ha manipulado el valor de la maternidad y que el Día de la Madre es solo una excusa para vender más corotos y para perpetuar esa idea simplista de que el parto es la “máxima realización de la mujer”.

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Las madres modernas somos unas “heroínas entre las heroínas”.

La tenemos mucho más difícil que las mujeres que no optaron por la maternidad. En realidad, nuestra sociedad dice querer que seamos mamás pero a la vez nos pone todas las condiciones posibles y nos permite serlo siempre y cuando eso no interfiera con nuestra productividad. Hoy las empresas y las industrias quieren que seamos madres, sí… pero después de los cuarenta.

Hay un ejemplo terriblemente elocuente: en el mundo empresarial internacional es cada vez más generalizada una condición contractual para aceptar un cargo de alto nivel.

Según una cláusula, si queremos tener nuestros propios hijos, aceptamos congelar nuestros óvulos para fertilizarlos únicamente luego de que hayamos servido satisfactoriamente a la empresa. La condición, por supuesto, no funciona para los hombres: ellos sí pueden ser padres; al fin y al cabo, si el hombre quiere ser responsable o no de sus hijos, es problema de otros y la empresa no se afecta.

Creo firmemente que la capacidad femenina de cuidar una vida en las entrañas, y luego parirla, ha sido manipulada por la sociedad patriarcal para reducir nuestra integridad a ese solo aspecto. Según esta manera de pensar, la mujer únicamente se realiza a sí misma cuando da a luz.

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Es injusto que se laven las manos reconociéndonos sólo un día y despreciándonos los otros 364.

Este día sería grandioso si habláramos de maternidades gozosas y voluntarias, si no nos vendieran la imagen de que ser madre significa ser sufrida y abnegada en nombre del amor, si no nos pidieran renunciar a nuestra realización personal en diferentes aspectos para ejercer la maternidad.

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Para ser madre hay que ser, primero, una mujer abanderada puesto que si bien la maternidad no define ser mujer, la maternidad tampoco debe aniquilarla. Ser mujer es ser íntegra intelectual, física, espiritual y profesionalmente. Ese es el Día de las Madres grandioso que quisiera celebrar con ustedes. Festejemos esa singularidad femenina de parir vida sin que nos pongan a escoger entre la reproducción o el éxito laboral.

 

* Mar Candela, ideóloga, Feminismo Artesanal. |