Por: Alvaro Miguel «El Negro» Mina
Hacia las 3:30, p.m. del 13 de Noviembre de 1985, despertó el León dormido; el Volcán Nevado del Ruiz, causando la mayor tragedia natural en la historia de Colombia. Treinta mil muertos, 5 mil heridos, y 5 mil viviendas destruidas, las cuales quedaron tapadas por una capa de lodo entre 8 y 10 metros de alto.
Éste volcán a 5.389 metros, sobre el nivel del mar, está localizado en jurisdicción del municipio del Líbano, y tiene incidencia en 22 localidades, de los departamentos de: Tolima, Caldas, Cundinamarca, Risaralda y Quindío. Distante a 120 kilómetros desde Bogotá, y 50 de Manizales.
La explosión con flujos de lodo y piroclásticos incandescentes; cuyas cenizas alcanzaron una altura de 8 kilómetros; destruyó, y generó el deshielo de más del 10% de los domos de la cumbre rocosa. Además de borrar del mapa la población de Armero, de 25 mil habitantes.
Los 400 mil metros cúbicos de lodo, lava y rocas, qué descendieron desde la cima del volcán, a una velocidad entre 250 y 300 kilómetros por hora se anclaron en su casco urbano.
Como a las 4:00 p.m. en medio de una leve llovizna, comenzó la caída de cenizas, en la población de Armero. No hubo alarma, y por la bocina de la iglesia, se tranquiliza a la gente, y eso sí; les pedían, usar tapabocas, gafas, cubrir el agua, y utilizar pañuelos mojados, para limpiarse el rostro. Cuentan los sobrevivientes, qué hacía la, media noche, llegó la avalancha, y mientras unos corrieron hacia el Cerro de La Cruz, otros quedaban sepultados por el lodo.
La noticia sobre la magnitud de la tragedia, sólo la conocieron los colombianos, al amanecer del 14 de noviembre, por Caracol Radio, con Yamit Amat, Director de 6 AM; gracias, a Fernando Rivera, un piloto de fumigación comercial, qué sobrevoló la zona de la catástrofe. «Armero, desapareció, la avalancha, lo borró del mapa», fue la aterradora noticia, qué vía radio teléfono, entregó el aviador.
El desprendimiento de lodo y rocas encendidas, tomó el cauce de los Ríos, Azufrado, y Lagunillas, golpeando con furia, en el Cerro, «Gualí», distante 6 kilómetros lineales, del cráter, dónde permanecía, en guardia, un pelotón del Ejército Nacional. 
Ahí en la chorrera, a 45 minutos de Manizales, en jurisdicción del municipio de Herveo, y sobre la vía principal a la población de Murillo, se puede contemplar la huella, magnitud, y fuerza de la naturaleza, en las rocas calcinadas, y la furia del naciente, Río Lagunillas, años después.
Claro qué aún se sigue reflexionando, sí el profesor, Fernando Gallego, a quién tildaron de «Loco»; y el voluntario de la Defensa Civil, de Venadillo, tenían razón en sus advertencias de la tragedia.
Por ésa época, éste reportero laboraba, en la Cadena Súper de Colombia, y gracias a un sobrevuelo de la Fuerza Aérea Colombiana, desde Cali, en medio de la tristeza y el dolor, utilizando unos binoculares, pudimos observar, «El Símbolo», del desastre, la niña, Omayra. La cuál clamó por su vida durante 72 horas, luego de haber quedado aprisionada, hasta el cuello por el lodo, y rocas.
Oficiaba cómo presidente de Colombia, Belisario Betancour Cuartas, quien además, debió afrontar, la destrucción de Popayán, por el terremoto del 31/03/83; y el holocausto, del Palacio de Justicia, por comando armado, de la Guerrilla del M19, liderado por Andrés Almarales Manga, y el samario, Alfonso Jacquin Gutiérrez, el 6/11/85. Ahí murieron 115 personas: entre, magistrados, uniformados, guerrilleros, y civiles. Fueron reportados así mismo 11 desaparecidos.
Las ruinas de la población de Armero, fueron visitadas, siete meses después, el 6 de Julio de 1986, por él Santo Padre, Juan Pablo II, y su comitiva, en el sitio dónde se construyó un gigantesco monumento. Los sobrevivientes fueron reubicados en la población de Guayabal, con el apoyo de » Resurgir» y otros Organismos Internacionales.
El alcalde electo, para el período, 2024/2027, fue el de señor, Mauricio Cuellar Arias.
Éste volcán según la historia se encuentra activo desde hace varios siglos, ha tenido 15 erupciones; tuvo los nombres de: «Cumanday», «Tabuchia», «Otama», y finalmente, Nevado del Ruiz, gracias al cartógrafo, «Fray Pedro Simón».
Y, fue precisamente por aquella Chorrera, hoy parte del «Parque de Los Nevados», por dónde se inició la mortal correntia de piroclásticos, lodo y piedras incandescentes, hacia el Río Lagunillas.
4 décadas después partimos de Manizales por la vía a Mariquita, al llegar a la vuelta de los músicos; cerca del Alto de Minas, hicimos la primera parada. Para caminar unos 20 minutos, y aclimatarnos, para tomar rumbo, hacia la falda del nevado.
Poco después llegamos a los Termales del Ruíz; su humeante piscina natural, los colibríes, qué se te posan en la cabeza, y toman liquido de la mano; además del tradicional canelazo, hacen de éste lugar un verdadero paraíso. Acompañados, por los anfitriones, y guías: el amigo «Nacho», y la «Tati» Gutierrez.
Pretendimos escalar hasta la laguna, «La Llorona», la misma qué alberga los secretos del tristemente célebre, Jacinto Cruz, Alias «Sangre Negra», pero el mal tiempo en la zona lo impidió.
Por fortuna llegamos hasta la «Chorrera», del Río Lagunillas, dónde pudimos contemplar las huellas y la triste impronta, de la mayor, tragedia natural en Colombia.
Reflexión: «ante la furia y los fenómenos naturales todos, estamos expuestos». Y, una plegaria al creador por las víctimas fatales, del deshielo del mítico Nevado del Ruiz.









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