Indígenas que invadieron la histórica Hacienda Japio en caloto la  desalojan y prometen regresar

Los más de 100 indígenas que  había  ocupado  en las  últimas  horas  la Hacienda Japio en Caloto decidieron abandonar estos predios  tras  las  advertencias  de  las  autoridades y la  fuerza  pública de  desalojarlos.

Los  aborígenes habían llegado en 3  chivas y al menos 20  motocicletas a  nombre de  las organizaciones  indígenas  de  la  región  anunciaron que  se  trataba  del ejercicio ancestral de liberar la madre tierra intentaron ocupar nuevamente ese predio, lo que hizo crecer la tensión en el norte del departamento del Cauca  por las  disputas entre colonos, empresarios y nativos.

La  trazabilidad histórica de estos  terrenos señala que la corona española remató la hacienda Japio en 1775. Fue adquirida por la familia Arboleda, que hospedó allí a Simón Bolívar cuando la ruta libertadora pasó por el Cauca. Hoy posee títulos de propiedad de la hacienda la familia Eder Garcés, propietaria del Ingenio Manuelita. Hace parte de esa familia Alejandro Eder, quien fue consejero para la reintegración y negociador de paz del gobierno Santos.

Su historia se remonta al siglo XVII cuando vino a manos de jesuitas. Para 1761 funcionaban allí un pequeño trapiche movido por bestias, un galpón para quemar ladrillo, hatos de ganado mayor, siembras de maíz y arroz, todo para abasto y beneficio del Colegio de Popayán y de la Iglesia de San José. Con la expulsión de los Jesuitas en 1767, Japio pasó a la Corona y luego se adjudicó a don Francisco Antonio de Arboleda en 1775, mediante remate. Ha sido una de las haciendas más históricas del Gran Cauca y de Colombia que pretende ser recuperada por los  indígenas en sus 200 hectáreas.

De acuerdo  a las organizaciones  indígenas estos hechos  como los presentados en la hacienda Japio de  Caloto y  en otros predios rurales en los municipios de Corinto, Padilla y Guachené obedecen a que: “Estas acciones de control territorial, más allá de la exigencia de tierras buscan la liberación de Uma Kiwe, de liberarla del poder de quienes la envenenan y la explotan con los monocultivos de caña de los ingenios azucareros que invaden los límites del norte del Cauca y el sur del Valle”.