Estamos trabados

Colombia, nuestro país, adolece desde hace mucho tiempo de remedios eficaces para controlar el desbordado mal que padecemos: La violencia, esa inveterada confrontación que nos tuvo casi todo el siglo XX matándonos y que llegando el siglo XXI aún no sabemos cómo detener este alocado coche fúnebre.

Es paradójico que quienes son los representantes legales de la sociedad colombiana son las instituciones y que para efectos de opinar lo hacemos a través de los partidos políticos, recurriendo de cuando en cuando a elecciones con el fin de renovarnos; pues bien, dentro de nuestra institucionalidad hay una serie de hombres que se han alzado en armas por motivos políticos y se han mantenido en ellas, desde hace mucho tiempo, sin que hayamos encontrado la forma o fórmula para incorporarlos a nuestra institucionalidad social.

Siempre encontramos un pero, para no negociar o acordar dicha incorporación, desde fuerzas oscuras, veladas o sutiles hasta movimientos armados para-estatales, han impedido estas incorporaciones, perpetuando de hecho la guerra.
Ahora estamos viviendo un momento de esos, en el cual el presidente pretende acabar la guerra llegando a un acuerdo político con el grupo guerrerista más consolidado del conflicto Las Farc, logrando avances significativos, como lo es, un cese al fuego por más de un año, uff que alivio; sin embargo sometió a consideración del pueblo colombiano, si aprobaba estos acuerdos y uno de los partidos que pertenece a la institucionalidad, le dijo que No y en efecto, esta postura gano las elecciones, con la promesa de que ellos al ganar lograrían mejorar el acuerdo.
El derecho fundamental a LA PAZ, que también es un principio constitucional es lo que los doctrinantes denominan contramayoritarios, es decir que se debe preservar, antes que nada y bajo cualquier circunstancia, sin importar consensos, aun así, prevalidos de supuestas mayorías.
El derecho es dinámico y uno de los logros más importantes del siglo XX fue la consolidación del derecho internacional humanitario, aplicado fundamentalmente para confrontación entre países o guerras civiles; pues bien, cuando dos de estos bandos enfrentados llegan a un acuerdo, sin necesidad que medien elecciones de ninguna naturaleza se consideran estos acuerdos incorporados a la constitución, de su respectivo país o países, siempre y cuando se cumplan algunas solemnidades.

En nuestro caso el presidente manifestó que tal acuerdo solo tendría efecto si el pueblo lo refrendaba, pero la Corte Constitucional le sentencio que solo podría tener efectos políticos para él, mas no jurídicos.
Las Farc han manifestado: que ellos se mantienen fieles al compromiso y que de ahí no se mueven; de otro lado, el presidente no los puede mover, ni siquiera “a la brava” porque tal documento tiene legitimidad nacional e internacional y además, si rompe el cese al fuego bilateral e indefinido, ¿cómo quedaría Colombia después de semejante OSO internacional, al que acudimos el pasado domingo?
La solución no es fácil y los del Centro Democrático no se pueden lavar las manos, ellos nos metieron en este lío del NO, lo realmente “patriótico” es que todos asumamos nuestras culpas y le ayudemos al presidente (Premio Nobel de Paz), así sea moralmente a salir, de semejante atolladero, en que está sumida Colombia.

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Por: Néstor  Raul Charrupí   Jiménez