Un Sí por la vida Por

Desde que era niño por la prensa, radio y televisión viví la película de la violencia en Colombia. Consciente que con los años que me restan estoy más cerca del pasado que del futuro, no me impresione mucho, ni personalmente albergue muchas expectativas sobre el proceso de paz y reales cambios que pueda generar en la complicada realidad del país.

Pero pensando en la niñez y juventud, creo que es un gran salto adelante para mejorar sus inciertas expectativas de vida el que se desmonte un agente desestabilizador del tamaño de las Farc, aunque no cesen actos violentos a cargo de grupos como el Eln, reductos del Epl, que deberán seguir el ejemplo sino quieren desaparecer sin pena ni gloria, al igual restos de paramilitares en reserva -al servicio de descabalados ultraderechistas-, conocidos como Águilas negras’, ‘Autodefensas gaitanistas’, ‘bacrim’ y otras bandas dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal, extorsión, contrabando, asaltos a mano armada, etc.

Creo que temores y excusas de los principales promotores al NO, encarnados en el Centro Democrático y el Procurador Ordóñez, obedecen más a trapisondas leguleyescas para camuflar su férrea oposición a un acuerdo de paz con las Farc, inspiradas en un morboso e insatisfecho sentimiento de venganza y de arrasar con el enemigo al que no pudo derrotar el e xpresidente Uribe en sus ocho años de gobierno contando con el incremento en presupuesto, armas y aumento de pie de fuerza que le facilitó el Plan Colombia, apoyado por los Estados Unidos.

El justificar que con el NO seguiremos en proceso de paz pues los dirigentes de las Farc, de inmediato se sentarán a renegociar con el gobierno actual o el que gane las elecciones del 2018, es una mentira y significa seguir en la guerra y tirar por la borda el tesonero trabajo de los delegados de ambos bandos, de países facilitadores, del respaldo de la ONU, el gobierno de los Estados Unidos, la Unión Europea, del Papa, después de arduas y prolongadas discusiones, en la redacción de borradores y pasada en limpio de los textos acordados en las 297 páginas consignando los acuerdos sudados en La Habana durante cuatro años.

No es un acuerdo perfecto, pero es el mejor logrado, según Humberto de la Calle, y en él, quiéranlo o no reconocer, las Farc se comprometen a respetar el modelo económico y político vigente en Colombia, con algunos cambios que favorezcan a las víctimas de los guerra y a los campesinos y exponer sus ideas y propuestas en los escenarios públicos y democráticos sin esgrimir armas para someter a sus opositores.

Quienes vivimos lo que significó a inicios de los 90s la desmovilización del M-19, el grueso del EPl, el Quintín Lame y el PRT para conformar partidos políticos y lanzar candidatos a los cargos de elección popular, sabemos que el infierno ‘castro-chavista’ que como el ‘coco’ infantil pintan los promotores del NO, es pura carreta y más cuando ese modelo político y económico está desacreditado y mostrado sus grandes falencias en el vecindario.

A pesar de haber obtenido una significativa votación que le llevó a ganar casi la tercera parte de los escaños de la Asamblea nacional Constituyente, el M-19 y los otros grupos desmovilizados de izquierda no se tomaron el poder a la brava, ni se enraizaron en él cuando lo ganaron por elecciones y siguieron acatando las reglas de la democracia a pesar del asesinato de dirigentes como Carlos Pizarro.

Con que desde la vigencia del cese bilateral, las camas del Hospital Militar estén libres de mutilados por la guerra, ya hemos ganado mucho y sobre todo las familias de pobres del campo y la ciudad reclutados a la brava o tienen que profesionalizarse en la guerra para poder sostenerlos.

Así lo reconoce en dramática carta publicada en La Silla Vacía, por la esposa del general Flórez, uno de los negociadores en La Habana.

Que sigan presumiendo de doctos jurisconsultos los niños bien de familias y universidades distinguidas por donde no pasó la guerra, argumentando que la “ley es inflexible y debemos someternos a su imperio”, mientras se olvidan de lo generosos que fueron con paramilitares de El Ralito, a los que iban a garantizar impunidad total si la Corte Suprema no se hubiera opuesto y al final ajustaron la Justicia Transicional con penas máximas de 8 años.

En Toribio, Caldono, Miranda, Corinto, Bolívar, Jambaló, donde amanecieron en ‘alboradas’ con balas zumbando y cilindros bombas explotando sobre sus cabezas si saben lo que significa la desmovilización de las Farc y valoran votar por el SÍ, el 2 de octubre.

 

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Por: Leandro Felipe Solarte Nates