Farc pidieron perdón por la masacre de Bojayá

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En el departamento del Chocó entregaron un cristo para homenajear a las víctimas de su ataque que dejó más de 120 personas muertas.

Pastor Alape e Iván Márquez llegaron de nuevo al departamento del Chocó para pedir perdón por la muerte de más de 120 personas y más de seis mil desplazados por un cilindro bomba que cayó en la iglesia de Bojayá en 2002.

Márquez, a nombre del secretariado pidió las excusas por el daño que causaron en esa zona del país. “Pedimos nos perdonen y nos den la esperanza del alivio espiritual permitiéndonos seguir junto a ustedes haciendo el camino que, reconciliados, nos conduzca hacia la era justa que tanto han anhelado los humildes de todos los rincones de Colombia”.

Según el jefe de la delegación de las Farc nunca tuvieron la intención de causar ese daño que se generó en 2002 cuando un cilindro bomba cayó en la iglesia causando la muerte inmediata de varias personas. “Al llegar hasta aquí, con la ofrenda del Cristo Negro de Bojayá, construido por el maestro Enrique Angulo, uno de los más grandes escultores de Cuba, con tanto esmero y devoción, lo hacemos para rendir el más sentido homenaje, más que merecido, a un pueblo sufrido y emprendedor; Y lo hacemos con el convencimiento de que es necesario mantener siempre presentes a las personas queridas que nos quitó la guerra”.

El alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, reconoció estas palabras y dijo que precisamente lo que se vendrá de ahora en adelante son solo actos de reconciliación.

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Este fue el más escalofriante ataque de  las Farc en su historia contra civiles inocentes: 117 personas murieron, entre ellos 47 niños, de una población de 1.100 habitantes. Es decir, le habían quitado la vida al 10 por ciento de un pueblo humilde y olvidado. Además dejaron 114 heridos, 19 de ellos de gravedad.

El hecho ocasionó la muerte de 119 personas (dos de ellas después del ataque) y el desplazamiento de casi 6.000 civiles.

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Las pangas fueron casi que la única manera para que los sobrevivientes salieran de Bojayá tras la masacre. Fotografía: Natalia Botero