Marginalidad crónica del Pacífico colombiano

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En Colombia principalmente y en toda América Latina deben replantearse los objetivos nacionales tendiendo a una integración regional sólida respecto al desarrollo de la Cuenca del Pacífico.

Deben volverse los ojos al Mar de Balboa, abrir ésta frontera al futuro, pues allí están los recursos que requiere con urgencia la humanidad; deben sí ser explotados racionalmente, con fundamento en la investigación científica, para evitar el resquebrajamiento del equilibrio ecológico.

La era del pacífico comenzó hace solo un par de décadas y va a ser un largo período de creatividad del espíritu humano y una prolongada época de descubrimientos científicos, vanguardismo e innovaciones técnicas. En otros palabras, el Pacífico es el espacio donde se esta gestando la era pos-telemática, la nueva civilización cuyo principal recurso es la información computarizada y no esencialmente o exclusivamente las materias primas y los recursos naturales, como lo fue el período inmediatamente anterior.

Colombia en la Cuenca del Pacífico debe apoyarse en los adelantos que han obtenido algunos países del área en el sudeste asiático, como lo han hecho Chile y Perú; si obtenemos su solidaridad y cooperación voluntarias, estaremos seguros de mirar el futuro con optimismo.

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El sudeste asiático, donde están situados los llamados “tigres” o países de mayor crecimiento económico en los últimos años, está bañado por las aguas del Océano Pacífico, como lo está igualmente la costa occidental de Colombia, ésta con índices de crecimiento económico decrecientes en el 80% del litoral e ingresos promedio inferiores al dólar diario, que demuestran una preocupante realidad de pobreza y desigualdad.

Claro que en el fenómeno del desarrollo del sudeste asiático no hubo nada providencial o milagroso; su progreso se ha debido a una mejor y más práctica utilización de la “inteligencia”; no a que poseyeran mayor inteligencia sino a que la emplearon adecuadamente; innovaron y redescubrieron sus ventajas comparativas. Ello ha sido el fruto de una utilización inteligente del recurso humano y de una profunda y constante investigación científica y tecnológica; lo cual les ha permitido una sólida estabilidad política, una poderosa y eficaz concentración de capitales y una vigorosa participación en el mercado internacional de bienes y servicios, con conocimiento, flexibilidad y eficiencia.

Por otra parte, estos países activaron su economía durante las décadas del 50 al 80 con materias primas y abundante mano de obra, reinvirtiendo sus excedentes en investigaciones y tecnología e incorporando valor agregado a sus recursos naturales, para llegar al momento actual en que los conocimientos y las tecnologías de punta requieren cada vez menos de esos recursos naturales. En cambio, para el litoral pacífico colombiano, sobre todo para el Chocó, la inversión de Colombia en investigación y tecnología ha sido ínfima; y el valor agregado en la devastación de sus recursos naturales es ninguno.

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La vía correcta para el progreso del pacífico colombiano en la era de la sociedad post-telemática debe partir de la utilización productiva de la inteligencia, de su recurso humano; esto supone -por tanto- educación y salud del hombre, investigación científica y tecnológica; y por supuesto,, utilización inteligente y sostenible de sus recursos naturales que permita preservarlos mediante su explotación racional y renovación natural. Solo así podríamos anunciarle a las próximas generaciones que hemos promovido y recorrido el camino indicado para su crecimiento material y espiritual y que por tanto hemos sido dignos antecesores suyos y pueden continuarlo, en la certeza de que les espera un futuro promisorio.

Sin embargo, esta estrategia, dadas las evidentes condiciones de retraso del pacífico colombiano, no podría darse en circunstancias ordinarias, bajo la regulación legal que ha propiciado los desequilibrios y aplicando el modelo de desarrollo tradicional del país, sino todo lo contrario, promulgando un estatuto especial o régimen de excepción como lo insinúan los distinguidos académicos e intelectuales que suscribieron la carta al primer mandatario de los colombianos y bajo un modelo de desarrollo diferente.