La Ministra Gina Parody

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Me di a la tarea de investigar sobre las acusaciones que esgrimían sobre la Ministra de Educación Gina Parody, siempre he tenido la peculiaridad como abogado y como juez, que lo que no pueda probar no lo digo, por lo anterior, repito, me di a la tarea de investigar sobre los supuestos manuales de orientación sexual emitidos por el Ministerio con destino a los colegios, encontrándome con la sorpresa que tal Ministerio no ha emitido ninguno, solo se ha limitado como es su deber a recalcarles la obligatoriedad de divulgar el respeto por la diversidad de genero, cumpliendo preceptos de la Corte Constitucional emitidas como consecuencia del caso conocido de la víctima  Héctor  Urrego.


Pero la Ministra tiene unos enemigos encarnizados, que vale la pena siquiera someramente analizar, para entender las conclusiones que se han tomado en este sórdido debate:


Las Iglesias, principalmente la Católica, quien tiene una gran tajada en la educación privada, las posiciones de estos sectores, por su concepción escolástica de un lado y sus principios inmutables del libro sagrado del Levítico, tienen “su propia razón” en desconfiar de una Ministra que pertenece al mundo del “pecado” ya que se ha declarado Lesbiana.


La Procuraduría, esta institución degradada a su máxima expresión por su mesiánico jefe, la cual en aras partidista solo «castiga infieles», por derecho divino, abrogándose de hecho, la condición de inquisidor moderno, persigue a la Ministra por puro oportunismo; y que no decir del Partido Centro Democrático, sumado a estas causas, seguramente buscando un ideario ideológico del cual carece, partido que encarna las propuestas de los sectores más retardatarios de la sociedad colombiana, debiendo, por contera, oponerse a las libertades sexuales que simboliza, de hecho, esta Ministra y que se están consolidando en el mundo.


Nada tengo contra las lesbianas y los maricas, aunque son muchos los existentes, son minorías los salidos del clóset, y no voy a ir contra los derechos de estos cuya conducta, entre otras cosas, no me viene ni para bien ni para mal, pero existen y son valerosos al admitir su condición, por lo tanto: debemos comprenderlos y respetarlos.

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Por: Néstor Raúl Charrupí  Jiménez