‘La sociedad tiene que aguantar el debate crítico’: Sabine Kurtenbach

Los Estados en posconflicto deberán afrontar riesgos que no terminan con la firma de acuerdos, la reconfiguración de la violencia es uno de ellos.

¿De qué manera inciden las características de los conflictos armados en la intensidad y la forma que adopta la criminalidad en el posconflicto? ¿Cuáles son los vasos conectores entre ambos momentos, cuáles las diferencias y las similitudes? ¿Qué sentido teórico tiene – o no – estudiarlos de manera independiente, como se ha hecho tradicionalmente? ¿Qué retos de política pública de seguridad plantean esas conexiones?

Estos cuestionamientos hacen parte del estudio ‘Economías de guerra y criminalidad posconflicto: contexto y retos’ que realizan las investigadoras Sabine Kurtenbach del German Institute of Global and Area Studies (Giga) en Hamburgo, Alemania, y Angelika Rettberg, investigadora del Departamento de Ciencia Política y directora de la Maestría en Construcción de Paz y del Programa de Investigación sobre Conflicto Armado y Construcción de Paz (ConPaz) de la Universidad de los Andes.

La investigación fue presentada en la Universidad de los Andes en el marco de la conferencia ‘Economías de guerra y criminalidad posconflicto’, de la que hizo parte Kurtenbach. En esta entrevista la investigadora habla de las relaciones de poder en las sociedades posconflicto y el papel de la sociedad civil para lograr una paz sostenible.

¿Cuáles son los conectores más importantes entre una sociedad en guerra y una en posconflicto?
Dependiendo del caso, pero algunos de los más importantes son las relaciones de poder influidas por la violencia y las relaciones de poder militar, las cuales sí tienen consecuencia para las relaciones de poder y eso no se resuelve el día que se firma el acuerdo de paz. También hay consecuencias para la demografía de una sociedad y en el caso de Colombia es muy obvio: hay seis millones de desplazados, así que toda la geografía social del país cambia. Las guerras tienden a urbanizar a los países y a desplazar gente de un lugar a otro, y eso tampoco se reversa el día que termina la violencia. Y tercero, se usan recursos para financiar el conflicto armado que luego tienen que ser transferidos al bien público para que sean de todos y no solo de los actores armados.

Señales particulares:

Sabine Kurtenbach. Politóloga e investigadora senior del German Institute of Global and Area Studies (Giga) en Hamburgo, Alemania. Sus temas de investigación han sido los procesos de paz y los órdenes de posguerra con un enfoque específico en las instituciones, los jóvenes y la violencia. Ha comparado las experiencias latinoamericanas con las de otros países del Sur Global. Ha sido consultora para diferentes organizaciones de cooperación internacional alemanas y de otros países.

¿Cómo debe prepararse un Estado en la formulación de políticas públicas y el fortalecimiento institucional para esa transición y no desamparar sectores como el campo, por ejemplo?
Lo que es muy importante en tiempos de transición es que la gente vea muy pronto un dividendo de paz, sea que se mejore la seguridad pública, la situación económica, el acceso a salud o educación. Lo importante es que la gente vea y sienta que gana con la paz.

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Hay subregiones en Colombia donde lograrlo será complejo, el Cauca, por ejemplo. ¿Cuál es el reto allí para Estado y sociedad en general?
Yo creo que el reto es encontrar nuevas formas de convivencia pacífica y hacer de eso un juego donde todos ganan, que no sea un juego donde unos pierden y otros ganan. Hay que ser muy creativos en ver y demostrar que con la paz todos ganan, que es para todos y así establecer formas, redes y tejido social, porque sin eso no funciona. Si nos quedamos como estamos, en solo parar las armas, eso va a reincidir en otras formas de violencia, se va a reconfigurar la violencia, eso no será una paz sostenible.

En esa reconfiguración, como país tenemos el reto de generar opciones políticas y parte de esas personas que hoy son considerados criminales serán actores políticos, ¿Cómo tendremos que denominar a esas personas?
Es un proceso. No se puede y no se va a cambiar todo de aquí a mañana. Estos son procesos generacionales, hay que incrementar la transparencia de la política, por ejemplo, todo el tema de financiamiento de campañas. Hay que trabajar en la contabilidad de los que son electos, de los responsables de los fondos públicos para que los manejen para todos y no solo para intereses personales, individuales o grupales. Estos son procesos largos y lentos, y lo importante es que avancen. La gente deberá tener mucha paciencia y el camino debe ser de más democracia y participación para todos.

¿Qué herramientas para la academia, el Estado y los ciudadanos nos deja el estudio que ustedes realizan en el Giga?
Son dos cosas. Lo que estamos haciendo con el estudio es ver cuáles son los puntos neurálgicos. Y lo segundo es demostrar, desde un enfoque comparativo, lo que no funcionó, lo que ha sido  un peligro o problemático en otros casos, también las lecciones aprendidas y lo que puede funcionar. Por ejemplo, un aspecto importante es una sociedad civil fortalecida que realmente toma en serio su papel de controlar a la gente en la administración pública, sin eso, sin sociedades civiles fuertes que tienen un papel de responsabilidad, no funcionará.

¿Hay ejemplos de países que han transitado del conflicto al posconflicto donde esto ha funcionado?
En el caso de Guatemala – que conozco mejor que otros –  la sociedad civil ha tenido un papel importantísimo saliendo a la calle, protestando, pidiendo la terminación de formas de corrupción que llegaron a la presidencia y vicepresidencia. Allí, gracias a la movilización social, se consiguió que las personas en estos dos cargos fueran enjuiciadas y encarceladas. Habrá que mirar qué pasa después de las elecciones en la segunda vuelta, porque el problema es que la sociedad civil sí puede articularse y formular reformas o propuestas, pero eso en el sistema político no cabe porque hay vacíos entre sociedad civil y sistema político. Colombia ha avanzado más al respecto, los lazos entre uno y otro sector son más fuertes, sin embargo, todavía hace falta.

¿Cuáles son esos vacíos y cómo superarlos?
Difícil. Creo que la gente tiene que organizarse y hacer propuestas viables y asegurar que se implementen. Pasa que uno puede tener acuerdos de paz lindísimos, muy amplios y luego no se cumplen o no se implementan, y vamos a lo mismo, la sociedad civil en niveles locales, nacionales o regionales tiene una tarea muy importante en monitorear en lo que se implementa o no, dónde o cuáles son los actores que sí cumplen o no. Esto ayudará a tener un debate público crítico en vez de tener un conflicto armado.

Usted ha dicho que todo este proceso compromete a varias generaciones ¿Qué herramientas le quedarán a las futuras generaciones de lo que ocurre hoy en La Habana?
Lo que se pudo ver en Colombia en los últimos 10 o 20 años es que se ha reforzado el espacio público y el debate crítico, algunas veces sumamente crítico y creo que eso no hace daño, la sociedad tiene que aguantar ese debate crítico y por ahí tiene que avanzar. Es la hora de los consensos, de entender que la violencia no se acepta, que no es un mecanismo legítimo ni dentro del sistema político o económico, ni fuera de él; no hay ningún derecho de desplazar o intimidar a la gente que opina diferente y eso va a costarles a muchos, pero no hay otra solución.