«Desmovilizados: necesitamos escucharlos», psicóloga Jeny Sánchez.

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En la reincorporación de desmovilizados es fundamental el papel de los psicólogos. Dialogar desde la igualdad es la clave, dice la psicóloga Jeny Sánchez.

¿Qué tienen que decirle al país quienes decidan dejar las armas y se reincorporen a la vida civil? ¿Quiénes se encargarán de escuchar sus relatos?

Para encontrar las respuestas no hay fórmulas o protocolos determinados, sin embargo, la capacidad de entender al otro en sus procesos de ira y duelo serán el punto de partida. Quienes decidan dejar las armas tienen una historia que contar y una visión de país que necesitan dar a conocer.

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“Hay que escucharlos y acogerlos, y entender sus contextos de ira y duelo. Por ejemplo, si estamos reincorporando a una guerrillera embarazada habrá que intervenir su entorno, entender de dónde viene, cómo creció y cuál es ese país en el que ha vivido”, explica Jeny Sánchez Ramírez, psicóloga de la Universidad Javeriana, candidata a doctora en filosofía en la Universidad del Valle y profesora del Departamento de Psicología en la Universidad de los Andes, quien agrega que la intervención de los psicólogos tiene una gran responsabilidad en ello.

Según Sánchez existen tres preguntas indispensables en la resiliencia: la primera, antes de la agresión, ¿cómo se desarrollaba esa persona? La segunda, durante la agresión, ¿La circunstancia del abuso influye en el futuro del agredido? Y la tercera, después de la agresión, ¿Qué forma adoptará el apoyo familiar y cultural para suturar el desgarro traumático?
Se trata de planteamientos que deberán marcar la labor de los profesionales en psicología que se comprometan a trabajar en la reincorporación de desmovilizados.
Lo fundamental será propiciar espacios de diálogos de igualdad “donde se entienda que el otro es igual a mí y  con quien es indispensable hablar de lo innombrable…Habrá que tener especial cuidado con los niños y las mujeres que resultan más comprometidos en los desastres de la guerra”.

Sánchez, experta en temas de resiliencia, dijo también que la responsabilidad es enorme y compromete en la misma proporción a la sociedad en general, y especialmente a las ciudades grandes donde hay dos factores que pueden ser fortalezas o debilidades: alta población y poder mediático. “Una población mayor arrasa a la otra y nuestra radicalización aniquila”.
Al final, recomendó escuchar con los oídos de la no certeza, sin discursos totalitarios y entendiendo que hay que, aunque difícil, hay que negociar con la incomodidad. “El proceso de paz con las Farc es el punto de partida y no de llegada, el objetivo es que nadie más se vuelva a armar en Colombia”.