El nuevo Plan Colombia II: un plan para la paz y el postconflicto

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El Plan Colombia fue, en suma, un plan de inversiones prioritarias para alcanzar la paz en nuestro país. «La paz no se hace o se deshace sola. Para que sea algún día una realidad es preciso comenzar a imaginarla, a planearla y a construirla».

 La paz hay que construirla y hacerlo requiere tomar decisiones. Y bien sabemos que las decisiones, especialmente en un país en conflicto, producen críticas. Sin embargo, no existe espacio para la inacción. No podemos permanecer pasivos.

El Plan Colombia se inscribió dentro del propósito de construir la paz de de los últimos tres gobiernos nacioanales y por ello toca tres elementos que el gobierno considera estructurales al conflicto: primero, y como elemento central, la búsqueda de una solución política y negociada del conflicto armado; segundo, el replanteamiento de la lucha antinarcóticos para que ella tenga en cuenta y por lo tanto prevenga sus efectos nocivos sobre la sociedad y la democracia colombianas y para que ésta se lleve a cabo dentro del principio internacional de la responsabilidad compartida ya que Colombia ha cargado hasta ahora con el peso de esta lucha de manera desproporcionada; y tercero, un conjunto de inversiones encaminadas a vigorizar la acción de las comunidades mismas, especialmente en las zonas rurales y de conflicto, ayudándoles a fortalecer su capacidad económica y su construcción o reconstrucción de tejido social y de institucionalidad democrática.

No hay duda de que existen posiciones variadas sobre el peso y la interrelación de cada uno de estos factores en la violencia colombiana y que ello hace que se presenten críticas al Plan Colombia.

De allí se derivan las diferentes versiones contradictorias que han llenado los medios de comunicación tanto en Colombia como en el exterior al referirse al Plan Colombia. Cada cual lo ve con el cristal con el que mira la violencia colombiana, una violencia que, por su prolongación, sus manifestaciones, sus actores y sus causas, se ha venido modificando y adquiriendo nuevas facetas que la hacen especialmente compleja.

PUERTO ASIS, COLOMBIA - FEBRUARY 12:  A Colombian Army soldiers stands guard as cocaine paste is destroyed by fire 12 February 2001 in Puerto Asis, Colombia, 863 kms (536 miles) south of Bogota. Official data from the 19 December 2000 beginning of Plan Colombia say 20,000 hectares of cocaine leaf have been eradicated.  (Photo credit should read RODRIGO ARANGUA/AFP/Getty Images)

Dentro del marco del Plan Colombia, la estrategia de negociación es su eje central, y por lo tanto, el gobierno ha solicitado apoyo a nivel internacional y ha exigido respeto por esta decisión soberana, aún de quienes desde fuera de Colombia preferirían ver el conflicto con la guerrilla como una extensión de la guerra contra el narcotráfico.

La Colombia de hoy es una sociedad mucho más democrática, moderna, urbana y justa de lo que era hace medio siglo al iniciarse el conflicto. Aún cuando la violencia se ve hoy alimentada por los miles de millones de dólares generados por el narcotráfico, el Estado colombiano ha reconocido el carácter político de la confrontación armada.

Colombia quizás sería ya una nación en paz, una nación que ya habría resuelto su conflicto histórico, si no fuera por el tráfico ilegal de las drogas y, por ello, enfrentarlo es quitarle al conflicto el oxígeno que permite su respiración. Entender el papel del narcotráfico en el conflicto colombiano es necesario para darle una oportunidad a la paz.

¿Pero cómo enfrentarlo? Ninguna nación ha sufrido tanto por el auge y la demanda de drogas durante esta última generación como Colombia. Y en vez de caer víctimas de esta amenaza, la hemos enfrentado con grandes sacrificios. Pero el narcotráfico no es un asunto ni propio ni exclusivo de Colombia.

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Aunque mucho se tuvo que luchar para que fuera aceptada esta verdad, nadie discute hoy el hecho de que el problema de las drogas ilícitas es todo un proceso ininterrumpido en el cual entran la producción, el procesamiento, el transporte, la recepción en los puertos del exterior y la venta en esos mercados, el consumo, el blanqueo de las inmensas sumas de dinero en el circuito internacional y que, anexa a esa actividad criminal, están la venta y exportación de los llamados precursores químicos, el contrabando, el tráfico de armas y el crimen transnacional.

De allí que, ante un problema de tan inmensas proporciones, sea innegable la aceptación de la corresponsabilidad, de la responsabilidad compartida, la cual, en la práctica, implica la obligación de cada Estado de atacar los factores del problema en cada país pero, en el mismo grado, la necesidad de un concierto y de una cooperación internacional para enfrentarlos compensando a los estados más afectados por el narcotráfico y a los más débiles económicamente. El mundo desarrollado al adoptar una política de prohibición del consumo de droga debe a su vez asumir su responsabilidad en los costos que esta política genera en países como Colombia.

Porque Colombia padece una grave violencia, el gobierno situó la paz, y la negociación política y negociada, como una prioridad. Porque el narcotráfico  ha sido el combustible que alimenta las diferentes violencias, entender sus efectos sobre Colombia y enfrentarlo en consecuencia es quitarle fuerza a los factores de la guerra.

Y puesto que la comunidad internacional, al igual que en otros conflictos, puede jugar un papel vital en la solución del conflicto interno y dado también que el narcotráfico implica la corresponsabilidad, Colombia acude a la solidaridad internacional para fortalecer la paz, al mismo tiempo que asume sus propias responsabilidades.

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Por esto la tercera estrategia de paz del nuevo  Plan Colombia  será  la estrategia de fortalecimiento institucional y desarrollo social. Es de paz, porque busca que la cooperación internacional, unida al esfuerzo propio, sea invertida con un sentido eminentemente social.

Que se dirija a coadyuvar el esfuerzo de las propias comunidades, a fortalecer sus propuestas de construcción de su tejido económico y social.. Que dé apoyo a los miles de desplazados que ha dejado el conflicto y que contribuya a crear las condiciones para que puedan retornar a sus hogares.

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Que se fortalezcan las instituciones que protegen los derechos humanos. Que se ponga en práctica todo un plan de apoyo y de vías de comunicación, para que las personas que se dedican, como pequeños cultivadores, a la producción de droga, en lugares apartados, cuenten con medios para producir bienes lícitos y puedan sacar estos productos a los centros de consumo.

Esta estrategia además, representa una oportunidad sin antecedentes para que la comunidad internacional lleve a la práctica el principio de la corresponsabilidad en la solución de asuntos que, como la lucha contra el problema mundial de las drogas, la preservación del medio ambiente, el desarrollo social, los asuntos de carácter humanitario, y la búsqueda de la paz, son de interés compartido.

Este debe ser el verdadero sentido del Plan Colombia II. Dicho Plan será una estrategia integral para nuestro futuro y es también, el más ambicioso y coordinado programa de acción social que jamás se haya realizado en el país con el propósito de crear nuevas y mejores oportunidades de paz y progreso a los colombianos en una etapa  de postconflicto.

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El Plan Colombia es, en suma, un plan de inversiones prioritarias para alcanzar la paz en nuestro país. El conjunto de las inversiones se concentra en los sectores sociales. De hecho, el setenta y cinco por ciento de todos los recursos nuevos se  deben orientar a los programas al fortalecimiento de comunidades en el nivel local y de sus instituciones y a la atención humanitaria para quienes han sido afectados por la violencia.

Por supuesto, el logro de la paz depende también de la creación de oportunidades económicas y condiciones dignas para quienes se han tenido que dedicar a los cultivos ilícitos. Por ello, el Plan Colombia contiene un sinnúmero de proyectos que generarán empleo y bienestar en el postconflicto.