Recordando aquellos negros ilustres que hicieron historia

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La población Afro en Colombia contribuye con nuestra identidad como nación, la cual por medio de la política,danza, gastronomía, el deporte, la investigación, la academia, el periodismo, arte y folclor  busca la reivindicación de sus derechos.

No se puede desconocer las comunidades afro descendientes hacen grandes aportes a la cultura colombiana y al desarrollo del pais.

Hubo una brillante época en donde negros ilustres, bien educados en las mejores universidades del pais, aportaron lo mejor de sus intelectos y cultura a forjar una raza que no encuentra espacios y oportunidades por la misma discriminación que persiste soterradamente en la sociedad Colombiana.

Hoy tenemos  en el mundo Afro hombres  y mujeres muy distinguidos, con estudios y especializaciones, talentosos que se abren paso de manera  admirable, pero en el pasado brillaron por su formación personajes que bien vale la pena recordar, porque demostraron capacidad y esfuerzo de superación personal.

El factor generacional con la clase de edad, el tipo de formación universitaria y, más específicamente, el nivel profesional obtenido, la procedencia regional familiar, la presencia de la mujer en el ámbito educativo universitario y profesional, las actividades laborales que realiza la persona, y los capitales económico, cultural y social que hayan acumulado el individuo y la familia, serán determinantes en la producción de un tipo social de clase media urbana, lo cual se puede observar entre las cohortes generacionales de gente negra en las dos ciudades como Cali y Bogotá.

De acuerdo con lo anterior, se proponen las siguientes siete cohortes generacionales, según el período de nacimiento de sus integrantes: generación nacida durante el primer decenio del siglo XX, hoy ya fallecida; la nacida entre los años veinte y treinta del siglo XX (gente octogenaria o nonagenaria, en su gran mayoría muerta), la de la segunda postguerra (alrededor de 60 y más años en la actualidad), la de los años sesenta (entre 40 y 50 años de edad hoy en día), la nacida entre los años setenta y ochenta (entre 40 y 49 años), la de los años ochenta (menores de 30 años), y la más reciente, nacida en los años noventa (menores de 30 años).

Con respecto al tipo de formación profesional, habría que tener en cuenta cuatro direcciones: a) profesiones liberales clásicas (medicina, derecho, ingeniería); b) profesiones más disciplinares, ya sean científico-técnicas, sociales, humanidades, que se mueven entre ocupaciones asalariadas calificadas o independientes; c) profesiones en las diferentes facetas del campo artístico; d) profesiones más relacionadas con el mundo empresarial y de los negocios. Al lado del tipo de formación, también cobra importancia el centro de estudios donde fue recibida (universidad pública o privada, y la ciudad donde está ubicado el centro de estudios).

Ahora bien, históricamente las principales procedencias regionales de grupos familiares de gente negra, que van a dar origen a una clase media negra urbana en el siglo XX, son: chocoanos (Quibdó, Istmina, Condoto, Cértegui, Andagoya, Lloró, Tadó, Nóvita, y otros municipios), costeños caribeños (Cartagena, Barran-quilla, Lorica, Montería, y otros municipios caribeños), nortecaucanos (Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Caloto, Padilla, Miranda), y sur del Valle (Jamundí, Candelaria, Palmira), Pacífico sur, guapireños, bonaerenses.

Pero además están los nuevos grupos generacionales nacidos y socializados en centros urbanos como Cali, Bogotá, Medellín, Pereira, para citar los más sobresalientes. Cartagena ya era a comienzos del siglo XX un centro urbano que no sólo tenía una élite mulata y negra educada sino que fue, en las primeras décadas del siglo XX, un espacio social importante de individuos negros de diferentes partes del Caribe colombiano, para realizar sus estudios secundarios o universitarios en medicina o abogacía; así, por ejemplo, la familia de Manuel Zapata Olivella se trasladó de Lorica a Cartagena en los años veinte del siglo XX. Allí hicieron sus estudios de secundaria Manuel Zapata Olivella y su hermana Delia,antes de viajar a Bogotá, primero él para realizar sus estudios de medicina en la Universidad Nacional, y posteriormente ella, de escultura, en la Escuela de Bellas Artes de la misma universidad, en 1947 (Ortega 2002, 244).

La presencia de la mujer negra en el grupo generacional tiene que ver con su prominencia como figura profesional, intelectual, artística o empresarial. No es lo mismo una generación con predominio de figuras masculinas, que otra en la que tanto hombres como mujeres negros tienen una visibilidad compartida. La figura de Delia Zapata Olivella parece ser una importante excepción en los años cuarenta, por ser la primera mujer negra que ingresa a una universidad en Cartagena, y luego en Bogotá (Massa 2008; Ortega 2002); de resto, la información disponible para los años veinte, treinta y cuarenta sólo indica hombres.

El tipo de actividades predominantes en el ejercicio profesional marca variaciones importantes, ya sean empresariales, artísticas, académicas-científicas, políticas, o en la esfera de los medios de comunicación. Finalmente, interesa observar cuáles han sido los bienes económicos de origen o en construcción (capital patrimonial): tierras, cultivos, casas, minas, etc., al lado de otros capitales como el cultural y el social, que facilitaron el envío de los hijos para que realizaran estudios fuera de las áreas de origen. Pero también habrá que tener en cuenta otra dinámica generacional, en particular la que está más asociada a los procesos de industrialización regionales, como sucede en el caso de Cali y el Valle del Cauca.

Un primer acercamiento generacional, que combina los diferentes componentes; los casos de Bogotá y Cali

En el siglo XX, históricamente habría una pequeña clase media conformada por la primera generación de migrantes chocoanos, nortecaucanos y caribeños, especialmente desde Cartagena, llegada a Bogotá en los años treinta y cuarenta, que vienen a estudiar a la capital, pero también algunos vienen a ocupar cargos públicos de prestigio.

Se trataba de hombres jóvenes, hijos de familias negras, algunas acomodadas, que habían acumulado pequeños capitales en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX en actividades relacionadas con la agricultura, la ganadería y la minería, dueñas de tierras en regiones de predominio de población afrocolombiana, donde se había consolidado una economía campesina próspera –agropecuaria y minera– después de la abolición de la esclavitud, en 1851; pero en otros casos, más bien se trataba de familias negras cuyas mujeres habían trabajado en labores de servicio doméstico para familias de la élite blanca, las cuales, por un proceso de cercanía que conlleva este tipo de trabajo, establecieron lazos de afecto con los hijos varones negros de sus empleadas negras, invirtiendo recursos para su escolaridad hasta llegar a los estudios secundarios, y apoyándolos luego para que realizaran estudios universitarios fuera de la región.

En el norte del Cauca, en el sur del Valle, y en municipios como Guapi, quizás predominó el primer modelo, mientras que en el caso del Chocó hay testimonios de la importancia que llegó a tener el apoyo de las familias de la élite blanca durante las primeras décadas del siglo XX en la educación de algunos hombres negros, aunque a lo largo de los primeros cincuenta años del siglo pasado se sucedieron familias chocoanas con pequeños y medianos capitales patrimoniales forjados en el comercio y la minería, no solamente en Quibdó sino en otros municipios del Chocó.

A pesar de la importante figuración intelectual en Cali del mulato chocoano Gregorio Sánchez Gómez, cuyas novelas por vez primera tienen un carácter urbano, con fondo la misma ciudad, como lo señala el historiador Arrollo (2010), no se registra una migración chocoana con altos capitales escolar y cultural antes de los años cincuenta en esta ciudad, como la que se dio en Bogotá. Sin embargo, se pueden citar dos intelectuales y políticos de Guapi.

Uno de ellos es Sofonías Yacup Carabalí (1894-1947), contemporáneo de Sánchez Gómez, guapireño mulato, abogado de la Universidad Libre de Bogotá, quien tuvo un período de su vida de mayor residencia en Bogotá durante sus estudios, y luego en su trabajo como representante a la Cámara por el Partido Liberal, durante la República Liberal.

Fue un hombre de izquierda e importante escritor muy representativo de su época, con un papel destacado en el plano político en todo el Pacífico: fue el primer intendente del Chocó, concejal de Buenaventura, juez en Guapi y profesor en Tumaco, pero siempre mantuvo una permanencia periódica en la ciudad de Cali, donde falleció.

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Junto a Yacup, se destacó en Cali otro migrante de Guapi, abogado mulato graduado de la Universidad Externado de Colombia: el prolífico escritor Helcías Martán Góngora (1920-1984). Su biografía indica que circuló entre Cali, Bogotá, Popayán, Buenaventura. También fue representante a la Cámara por el departamento del Cauca.

Ya se señaló antes que la región del norte del Cauca va a contribuir en la conformación de una clase media urbana negra en Cali desde los años cincuenta por medio de la participación cada vez más creciente en la ciudad de personalidades políticas de esta región del Cauca entre 1930 y 1950. La mayor parte de ellas son de la izquierda del Partido Liberal, a la vez que algunas también habían sido gaitanistas, mientras que otras estuvieron con el Partido Conservador.

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Figuras como Jorge Fidel Fory, Alejandro Peña, Natanael Díaz, Gonzalo Lerma, Rafael Cortez Vargas, Miguel Gómez, Marino Viveros  Mancilla y Arquímedes Viveros, “quienes representaron los intereses políticos y económicos de los pobladores negros nortecaucanos frente a la lejana Popayán, y quienes igualmente se proyectaron en el ámbito nacional como congresistas, ante la Cámara y el Senado de la República”, como lo señala Hurtado (2004, 82).

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El abogado Natanael Díaz, de Puerto Tejada (1919-1964), formado en la Universidad Externado de Colombia, representante a la Cámara, tuvo un papel sobresaliente, al igual que Alejandro Peña, quien lo antecedió como representante en 1943, también por el Partido Liberal. Un hijo de Natanael Díaz, el filósofo Augusto Díaz Saldaña, con doctorado en la Universidad de Leipzig, fue profesor titular de la Universidad del Valle.

La generación de chocoanos y nortecaucanos llegados a Bogotá y Cali, que hoy en día es octogenaria o ya está fallecida, entró a estudiar profesiones liberales (medicina, abogacía, ingeniería, etc.). Fue sobre todo una generación masculina, hasta aparecer las primeras mujeres en los años setenta. Sin embargo, como veremos un poco más adelante, Cali ha tenido un proceso más diversificado de constitución de clases medias urbanas desde la misma industria manufacturera y las empresas públicas municipales y de puertos, por la influencia de Buenaventura.

Esta primera generación inmigrante entre los años veinte, treinta y cuarenta del siglo XX se desempeñó en profesiones liberales. Además, varios de ellos fueron miembros de los partidos Liberal y Conservador, con una activa participación parlamentaria. Se destacaron también porque entraron al medio universitario como profesores en las facultades de Derecho y Medicina en Bogotá, Cali, y otras ciudades del país. Como vimos antes, Cartagena muestra un posicionamiento mucho más temprano desde la segunda mitad del siglo XIX, con personalidades mulatas y negras como profesores en la Universidad de Cartagena.

El ascenso de una capa social negra en la dirección de lo que más adelante será el departamento del Chocó, entre los años treinta y cuarenta, bajo el paraguas del Partido Liberal –luego del éxodo de las familias blancas quibdoseñas hacia Cartagena y Bogotá desde el siglo pasado, y más tarde las últimas de ellas de origen sirio-libanés (Mosquera (2004, 75)–, produjo cambios regionales importantes, porque dichas familias controlaban un sector de la minería al lado de empresas norteamericanas y manejaban el comercio con Europa, Estados Unidos, y diferentes regiones del país, y también tenían el liderazgo político local.

Este vacío significó la posibilidad de conformarse una primera élite intelectual negra regional hegemónica de perfil nacional que se expresó en la figura de Diego Luis Córdoba (1907-1964) durante la década del cuarenta, el cual va a tener una participación política destacada en Bogotá hasta su muerte.

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Diego Luis Córdoba fue el parlamentario que impulsó la creación del departamento del Chocó, en 1947. Sin embargo, para este período se da un proceso de presencia de intelectuales negros en la vida parlamentaria y política, especialmente dentro del Partido Liberal y la República Liberal, pero que trasciende a través de otras personalidades negras en los gobiernos conservadores de Ospina Pérez, Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez, y el gobierno militar de Rojas Pinilla, dentro del Partido Conservador y la misma Anapo.

Este fenómeno de parlamentarios negros viene desde los años veinte. Dos generaciones de chocoanos nacidas entre comienzos del siglo XX e inicios de la segunda década del mismo se trasladaron a Bogotá con sus familias, por sus responsabilidades parlamentarias y en cargos públicos.

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Se destaca, así, la figura del abogado chocoano Adán Arriaga Andrade (1907-1994), ministro de Trabajo en el primer gobierno de López Pumarejo (1934-1938), representante de la izquierda en el Partido Liberal, quien fue uno de los autores de la primera legislación laboral progresista aprobada durante la República Liberal, en el gobierno de López Pumarejo, como fue el reconocimiento del Contrato de Trabajo y el régimen de Convención Colectiva. Más adelante, en 1944, fundó las bases del derecho laboral colombiano con el Decreto 2350 de 1944 y la Ley 6 de 1945, y en 1946 fue el autor de la Ley 90, la cual creó el Instituto de Seguros Sociales, a comienzos de la administración conservadora de Mariano Ospina Pérez. Otro parlamentario liberal chocoano, abogado de la Universidad de Antioquia, fue Ramón Lozano Garcés (1912-1983).

Migrantes del Caribe colombiano que residen ya hace varias décadas en Bogotá, también han sobresalido como figuras en el campo del derecho y en cargos públicos, pero se trata de una generación posterior a los chocoanos.

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. Un ejemplo interesante es Jacobo Pérez Escobar, nacido en Aracataca en 1925. Se formó como abogado de la Universidad Nacional; llegó a desempeñarse como secretario jurídico de la Presidencia de la República entre 1973 y 1974, y fue el secretario de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1991. Pérez Escobar, quien es uno de los expertos más reconocidos en derecho constitucional, ha estado en los últimos años en el proceso de conformación de la Fundación Color, compuesta por profesionales afrocolombianos en campos muy distintos a las profesiones liberales, de la que aparece como presidente fundador.

Por las características de las ocupaciones, ingresos y estilos de vida de los miembros de esta fundación, se trata de una generación joven de clase media negra, con un proyecto claro de movilidad social que busca valorizar las actividades de la gente negra y sus figuras que se destaquen en la vida social.

La inclusión de figuras masculinas negras, en su gran mayoría chocoanos, formadas en el campo del derecho laboral, administrativo y penal –algunas de ellas con una amplia trayectoria parlamentaria en los dos partidos políticos tradicionales, durante la República Liberal, los gobiernos conservadores posteriores y el de Rojas Pinilla, y posteriormente en varios gobiernos del Frente Nacional, ya fuese como ministros de Estado o en algunas entidades públicas del orden nacional–, posiblemente ha tenido que ver con una política de inclusión restringida que favorece el sentido de pertenencia a la nación en aquellas regiones con alta concentración de población negra como el Chocó, las cuales han soportado históricamente situaciones de colonialismo interno respecto a las regiones más prósperas, fenómeno que ha jugado a favor de las élites blancas-mestizas de estas últimas (Wade 1997).

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Sin embargo, también han sido importantes otras personalidades negras y mulatas que se han trasladado a vivir en Bogotá, en actividades diferentes a la política, antes de los años cincuenta, y que contribuyeron a la formación de una intelectualidad negra universitaria en esta ciudad, como los hermanos Manuel y Delia Zapata Olivella, con un aporte en los campos literario y de las artes escénicas, lo cual es más notorio después de los años sesenta.

En su caso, son dos figuras de origen costeño, aunque con una visión amplia de la sociedad colombiana, y en ella caben las diferentes regiones con poblaciones negras. Ambos desarrollaron trayectorias cosmopolitas impresionantes, dejando, sobre todo Delia, con el apoyo de su hermano, una escuela escénica que ha formado a varias generaciones de mujeres y hombres negros que ya tienen una socialización urbana a partir de estéticas universales (Massa 2008).

Las dos primeras generaciones de inmigrantes chocoanos y nortecaucanos y de algunas otras regiones de la costa pacífica (Guapi) se insertaron en profesiones liberales, y si bien el predominio era masculino, en la siguiente generación se destacaron algunas mujeres mulatas en el campo del derecho y en la carrera de la magistratura. Ya hacia los años ochenta ingresaron mujeres chocoanas y de otras regiones de predominio negro a cargos de ministerios y de dirección en otras entidades públicas, en general dentro de la misma lógica anterior.

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Un caso interesante ha sido el de Nazly Lozano Eljure, abogada chocoana, mujer mulata de rama materna sirio-libanesa, vinculada al Partido Conservador, con una trayectoria jurídica destacada en Cali y en el ejercicio de la política en los departamentos del Valle y Chocó, nombrada por Belisario Betancur, primero como viceministra de Justicia y, después del asesinato de Rodrigo Lara, ministra en propiedad. Luego de salir del Ministerio, se desempeñó en varios cargos diplomáticos.

Una tercera generación de intelectuales negros está más asociada a los estudios normalistas para la carrera del magisterio, pero con estudios universitarios en el campo de la licenciatura en ciencias sociales, físico-naturales, biología, etc. Aquí, de nuevo, sobresalen los chocoanos. Este grupo llega a estudiar a Bogotá hacia los años sesenta. Los egresados en los años setenta, en su gran mayoría, llegaron a ocupar cargos en el Magisterio de Bogotá, y otros migraron hacia otras regiones del país, como el Valle del Cauca, el Viejo Caldas, etc. También llegaron normalistas graduados en el Chocó al Valle del Cauca, entre los años setenta y ochenta, incorporándose al Magisterio.

Paralelamente, desde otras regiones afrocolombianas del país, la opción del magisterio, con la expansión de las licenciaturas en distintas disciplinas, pero con fines pedagógicos en las universidades públicas y privadas durante los años setenta y ochenta, abre más espacios para mujeres y hombres negros.

Es el caso de las regiones del norte del Cauca, Guapi, Buenaventura, municipios del sur del Valle, Cartagena, y diferentes municipios caribeños, etcétera. Una segunda característica de esta generación de mujeres y hombres negros, la gran mayoría chocoanos, es su activa participación en el movimiento sindical del Magisterio, a través de la organización nacional, Fecode (Federación Colombiana de Educadores), y las organizaciones regionales como la ADE (Asociación Distrital de Educadores), en Bogotá. Este tipo de participación sindical también fue la puerta de ingreso a los movimientos de izquierda de migrantes negros en las principales ciudades del país.

Las personas de esta generación de docentes –jóvenes de 20 años en las décadas del sesenta y setenta– estaban más relacionadas políticamente con movimientos asociados al sindicalismo; en ese sentido, construyeron identidades políticas más como obreros, que desde el punto de vista racial.

Las dos generaciones anteriores se mueven en edades entre los 50 y 60 años de edad en la actualidad. En este caso, ya se hace presente una fuerte participación femenina negra, a diferencia de las primeras dos generaciones, facilitada por la inserción masiva de la mujer en el Magisterio. Algunas universidades van a cumplir un papel interesante en la formación de la gente negra en estas primeras generaciones de docentes ya con nivel de estudios universitarios, con el título de licenciatura: en Bogotá, la Universidad Libre. En Cali, la Universidad Santiago de Cali y la regional de la Universidad Libre. Por supuesto, las universidades públicas de Bogotá, como la Universidad Distrital; la Universidad del Valle, en Cali; la del Cauca, en Popayán, pero especialmente la Universidad Tecnológica del Chocó (UTCH), en los últimos 30 años. En el Caribe se destacan las universidades de Cartagena, la del Atlántico, y las sedes de la Universidad Libre.

Una cuarta generación de intelectuales negros de clases medias estará más asociada a otras carreras y disciplinas más profesionales pero diferentes a las liberales. La mayor parte de ellos son hijos e hijas de las dos generaciones precedentes y, por lo mismo, algunos nacidos en Cali, Bogotá, Medellín, Cartagena, Barranquilla, con procesos de socialización urbana en ciudades de porte grande o medio, en donde hicieron sus estudios de bachillerato. Esta gente tiene entre 40 y 50 años de edad. Aquí ya se encuentran personas negras que han realizado sus estudios universitarios de postgrado en el exterior.

No obstante, se presenta un sector importante de gente negra que continúa sus estudios universitarios a través de la carrera docente en el Magisterio, ya sea desde sus regiones de origen o a través de los hijos e hijas de los que llegaron a las diferentes ciudades en los años sesenta y setenta. Una quinta generación de gente negra, hija o nieta de las anteriores, que continúa abriéndose paso en carreras disciplinarias no liberales, ha hecho incursión en el campo artístico y en los medios de comunicación, e igualmente en actividades empresariales diversas. Esta es una población de mujeres y hombres que rondan entre los 30 y 40 años. El origen geográfico de este grupo es más heterogéneo, ya que procede de muchas regiones del país. Aunque los chocoanos ya no son la mayoría, conservan el mayor prestigio en los medios negros.

La quinta generación es más cosmopolita, en el sentido de recibir la influencia de los cambios de la sociedad colombiana durante la década del noventa. También ha sido la que ha participado más en las discusiones sobre las nuevas identidades negras que se desprenden de la Constitución de 1991. Pero este fenómeno ha sido igualmente importante para la generación precedente.

Se presentan, finalmente, dos últimas generaciones de gente negra más joven de clases medias en las dos ciudades; un primer grupo entre 20 y 30 años, y uno segundo menor de 20 años. En su mayor parte son nacidos en centros urbanos de gran tamaño, y socializados en espacios mestizos interraciales, nacionales y de otros países. Esta generación de mujeres y hombres jóvenes está constituida por hijos, nietos y bisnietos de las generaciones precedentes de clases medias negras.

El primer grupo está realizando estudios universitarios en Bogotá y Cali o ya los concluyeron (los mayores de 20 años). Pero hay que señalar que una parte ha realizado o lleva a cabo estudios de postgrado en el exterior. Sus proyectos de estudio y, eventualmente, laborales son más diversos, acentuándose quizás incursiones en los campos artísticos y empresariales. El grupo más joven, en etapa adolescente, entre los hogares de clases medias negras más acomodadas, vive procesos de socialización menos acentuados en el discurso étnico-racial y más alrededor de estilos de consumo globales en los que la diversidad y mezcla de colores de piel es más importante. No debe olvidarse que muchos de estos adolescentes, mujeres y hombres, son mulatos, resultado de relaciones interraciales entre mujeres u hombres negros con hombres o mujeres blancos/mestizos, con altos capitales cultural y escolar.