Un jurista como relevo de Otto Pérez para un mandato breve

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Alejando Maldonado Aguirre, de 79 años, prestó juramento el jueves ante el Congreso como nuevo presidente de Guatemala.

Maldonado llegó a la vicepresidencia en mayo tras la renuncia de su antecesora, Baldetti. Se trata de un jurista de sólidas credenciales.

Abogado y Notario por la Universidad de San Carlos, ha ejercido la docencia en las facultades de derecho de las universidades más importantes de Guatemala.

Una decena de libros respaldan su labor de investigador. Fue presidente del Constitucional y su carrera política se inició en la década de los cincuenta en el ultraderechista Movimiento de Liberación Nacional, bajo la guía espiritual de Mario Sandoval Alarcón, uno de los líderes históricos del anticomunismo continental.

Fue diputado en el cuatrienio 1966-1970. Durante el gobierno del general Carlos Arana Osorio (1970-1974) se desempeñó como ministro de Educación. Entre las decisiones más cuestionadas como presidente del Constitucional está haber anulado el juicio en el que el exdictador Efraín Ríos Montt fue condenado a 80 años de cárcel por el delito de genocidio en mayo de 2013.

También ha hecho carrera en el servicio exterior. Fue embajador de Guatemalaante las Naciones Unidas entre 1974 y 1976; ante la Oficina Europea de las Naciones Unidas en Ginebra (Suiza), entre 1978 y 1980 y embajador en México (1991-1995).

Con estas credenciales, Maldonado Aguirre llega al Ejecutivo. Será un mandato breve, pues debe entregar el poder el 15 de enero al ganador de las elecciones que se celebrarán este domingo en primera ronda. Si ningún candidato alcanza el 50% más uno de los votos válidos emitidos, los dos candidatos más votados disputarán el poder en una segunda ronda, programada para el 25 de octubre.

 Su primera acción de gobierno se dará inmediatamente después de prestar su juramento y consiste en presentar una terna al Legislativo para que este elija al nuevo vicepresidente.
Una fuente cercana a Maldonado reveló que el nuevo mandatario tiene ya los nombres in pectore, que se conocerán cuando la lista sea puesta en manos de los diputados.

Otto Pérez Molina: del poder al banquillo en 24 horas.

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Otto Pérez  Molina, quien en diciembre cumplirá 65 años, fue el 48 presidente de la historia de Guatemala y se ha despedido del poder con el nada honroso título de haber sido el mandatario que, en la recta final de su gobierno, ha merecido el mayor repudio desde el fin de las dictaduras militares en 1985: más del 98% de los consultados calificaron su gestión como ‘mala’ o ‘muy mala’, según la última encuesta del matutino Prensa Libre.

Fue también el primer militar en llegar al poder desde la restauración de la democracia.Su trayectoria política empieza en 2001, con la fundación junto a la ex vicepresidenta Baldetti, del Partido Patriota

Su carrera militar –ganó sus galones de brigadier en el Triangulo Ixil, zona donde se cometieron las masacres más sangrientas de la guerra civil librada en esta país centroamericano entre 1960 y 1996– fue ejemplar de acuerdo a los valores castrenses y uno de los primeros instructores de la escuela de Kaibiles, las tropas de élite y orgullo del Ejército guatemalteco. Un coronel en situación de retiro, que pide el anonimato, cuenta a este periódico que el carisma de Pérez cautivaba a los alumnos de la Escuela Politécnica (academia militar). “No disimulábamos la admiración que nos inspiraba. Casi todos queríamos ser como él”, dice para rematar: “¡Quién iba a imaginar que terminara como vergüenza del Ejército!”.

Su trayectoria política empieza en 2001, con la fundación junto a la exvicepresidenta Baldetti, del Partido Patriota, del cual fue secretario general hasta enero de 2009, cuando dimitió tras ser electo presidente de Guatemala. Ya en el gobierno sorprendió a la comunidad internacional con su propuesta de legalizar el consumo y tráfico de drogas, después de amenazar durante su campaña con utilizar a los kaibiles para combatir a las mafias del narcotráfico. Sus otras dos grandes promesas electorales fueron la seguridad ciudadana, la ‘mano dura’, y la transparencia en la utilización de los recursos del Estado, sus dos más grandes fracasos.

El desprestigio del régimen empezó a las pocas semanas de asumir, cuando se hizo evidente el descaro con que funcionarios de todo nivel entraron a expoliar los bienes del Estado. Las investigaciones del matutino elPeriódico pusieron en evidencia como Pérez y Baldetti levantaban mansiones de lujo en los sitios paradisiacos de Guatemala, así como de la adquisición de jets privados y yates, cuyos precios están muy por encima de los ingresos de los funcionarios.

Pero la gota que colmó el vaso fue cuando la Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) lo acusaron directamente, el 21 de agosto, de ser el máximo líder de una organización mafiosa que expoliaba los recursos del Estado desde las adunas. Así dio inicio al proceso de desafuero consumado este martes con el voto a favor de todos los diputados presentes, menos uno que permaneció fiel a Pérez Molina.

El epílogo es cuestión de horas cuando el juez, ante el que rinde declaración, ordene su encarcelamiento para cerrar un día particularmente dura: de presidente de la nación, a reo. Todo en menos de 24 horas.