Empezó la campaña electoral quedan tres meses en la caldera política

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La entrega de avales  e inscripciones a candidatos cuestionados y la posibilidad de que se presente un alto trasteo de votos son preocupaciones hacia las elecciones.

En medio de un proceso de paz que mantiene dividida a la sociedad colombiana, un sistema electoral que no termina de superar sus evidentes deficiencias y unos partidos políticos que no muestran suficiente transparencia ni criterios unificados entre sus propios dirigentes, hoy comienza formalmente la campaña política para renovar alcaldías, gobernaciones, concejos municipales y asambleas departamentales, cuyo veredicto lo darán las urnas el 25 de octubre.

Aunque en los círculos políticos el principal pulso está centrado en la representación regional que puedan tener los partidos que integran la unidad nacional del gobierno Santos y la oposición del Centro Democrático que lidera el expresidente Uribe, hay peleas aparte con resonancia nacional. La justa electoral por Bogotá, por ahora planteada en un voto finish de insospechado desenlace; la lucha cerrada en Santander, donde lo judicial incide tanto como lo político; o Antioquia, donde hasta los empresarios están tallando fuerte.

A pesar de que el tema del proceso de paz entre el Gobierno y las Farc es, sin duda, la columna vertebral de la administración central, es paradójico que no sea la materia prima de los debates regionales. En otras palabras, aunque en los discursos oficiales o en los foros académicos se ambiente un posconflicto que se acerca, este no es el asunto prioritario en las discusiones departamentales o municipales. Es más, en las propuestas que se conocen, brilla por su ausencia.

En las zonas de orden público, aunque se respira cierta tranquilidad producto del cese unilateral del fuego recién decretado por las Farc o el desescalamiento progresivo anunciado por el Gobierno, tampoco el centro de la discusión son los acuerdos hasta ahora suscritos en La Habana. Es como si el país regional aplazara hasta la firma del acuerdo final de paz la posibilidad de ir dándole forma a una nueva sociedad reconciliada. Por el contrario, la pelea política está centrada en los dilemas y las disputas de siempre.

Por eso, de antemano se sabe que será de nuevo un debate electoral cruzado por los señalamientos y las acusaciones judiciales, o por las habituales promesas de cerrarle el paso a la corrupción pública. De hecho, organizaciones como la Misión de Observación Electoral, la Fundación Paz y Reconciliación o Transparencia por Colombia tienen los ojos puestos en el desarrollo de los procesos de elección regional, pues en el fondo saben que sin importar los resultados, van a mantenerse las acusaciones y las denuncias judiciales.

Esta evidencia obedece a que en los últimos tiempos, sobre todo en las entidades regionales, se ha advertido tanto la captura del Estado por parte de la ilegalidad, que superarla de un día para otro suena a utopía. En un país donde el narcotráfico, el paramilitarismo o la guerrilla han permeado a las organizaciones políticas, y estas a su vez se han acomodado a sus pretensiones, es una misión histórica recobrar el rumbo. Sin embargo, por lo que se vio en el proceso previo al cierre de las inscripciones de candidatos, esa tarea va a tardar.

La sola entrega de los avales a los candidatos, requisito esencial para participar en los comicios, demostró que a los partidos políticos les quedó grande garantizar candidatos sin tacha. Por el contrario, ninguna de las colectividades en la contienda puede demostrar que pudo hacer a un lado a los candidatos cuestionados. El poder económico, las maquinarias tradicionales o el consabido clientelismo siguen haciendo de las suyas y los partidos políticos aún no encuentran cómo depurar sus listas.

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En la feria de los avales se vieron situaciones increíbles. El codirector del Partido Liberal, Horacio Serpa, dándole una mano a su antiguo contradictor Didier Tavera, a pesar de los cuestionamientos en su contra por presuntos vínculos con organizaciones ilegales. O el copresidente del Partido de la U, Senador Roy  Barreras, con una voltereta dereplay respecto al candidato a la Alcaldía de Cali Angelino Garzón, a quien en el pasado intentó sacar de la Vicepresidencia, enfermo y por la puerta de atrás, y ahora posan juntos en la campaña.

Como siempre, la proverbial disculpa es que la política es dinámica y cambiante, pero lo que se advierte detrás de los acuerdos es que de nada han servido las reformas para fortalecer la unidad de los partidos y su coherencia programática e ideológica. Ni siquiera se aplica la norma de sancionar a los dirigentes de las colectividades por avalar candidatos que resulten envueltos en líos judiciales. Por el contrario, los avales se reparten como cartas de naipe, y cuando algunos candidatos son rechazados, tocan otra puerta y entran al baile electoral.

A falta de avales, buenas son las recolecciones de firmas, otro esguince para pasarse por la faja los filtros electorales. No solo se trata de campañas adelantadas por fuera del calendario fijado por el Consejo Nacional Electoral, sino que a la hora de la verdad, muchos de los que escogen este atajo se evitan el control previo de los partidos. De alguna manera, su argumento es que los avala el pueblo, que no advierte si existen antecedentes sospechosos o cuáles son sus fuentes de financiación. Con aire democrático, pero una especie de rueda suelta en el ámbito político.

El otro escenario favorable a los intereses de quienes optan por la recolección de firmas para buscar el favor de los electores, es que de esta manera invierten el proceso político. No buscan la postulación a través de los debates internos de una colectividad, sino que fungen como líderes independientes y dueños de votos; a ellos se van sumando dirigentes de diversas colectividades. En otras palabras, no son candidatos buscando partidos, sino partidos buscando aspirantes ganadores, garantizando de paso la burocracia del poder.

Con este tipo de volteretas a bordo, salta a la vista que no hay que esperar mayor renovación en el proceso electoral. Aunque hay nombres nuevos, en el fondo las empresas políticas regionales apuntan a quedar intactas, entre otros factores porque para nadie es un secreto que la trashumancia electoral o la compra de votos siguen siendo factores que enlodan las campañas políticas. Una sola cifra prueba hasta la saciedad que algo huele mal en la política colombiana: hay 69 municipios con más electores que habitantes.

Lo demás son las particularidades de la campaña que empieza hoy y que durante los tres próximos meses tendrá a todos los municipios de Colombia atestados de vallas, afiches, propaganda política, encuestas, debates y demás aspectos propios de una contienda electoral. Un escenario en el que casi se dan por descontados algunos ganadores. Por ejemplo, difícilmente Álex Char va a perder la Alcaldía de Barranquilla y, a no ser que se dé un palo casi imposible, tampoco se ve derrotado a Eduardo Verano para la Gobernación del Atlántico.

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Lo mismo ocurre en departamentos como el Valle del Cauca, Sucre y Antioquia. Si los sondeos de hoy se mantienen, Dilian Francisca Toro Torres, Milene Jaraba de Acuña y Luis Pérez serían los ganadores en las tres gobernaciones. Al menos en el partidor automático salen como favoritos. La primera es considerada hoy como la baronesa electoral del Valle; la segunda es la esposa del polémico Yahír Acuña, que cuando advirtió que estaba inhabilitado escogió a dedo su reemplazo. El tercero quedó favorecido por el súbito retiro de su opositora Liliana Rendón.

En cambio, desde ya se advierten peleas que pueden terminar resolviéndose voto a voto. Como en Cundinamarca, donde la justa entre Nancy Patricia Gutiérrez  y Jorge Rey se plantea como para alquilar balcón; o Medellín, donde nadie puede aventurarse a decir quién va a ser el sucesor de Aníbal Gaviria. Y qué decir de Bogotá, donde la campaña empieza con una encuesta de triple empate en la punta, entre los excandidatos presidenciales Rafael Pardo, Enrique Peñalosa y Clara López.

Así las cosas, comienza hoy una campaña política en un momento crucial para la democracia colombiana. La paz es el asunto de fondo, aunque no sea el programa definitivo de ninguno. La lucha contra la corrupción es el lema de todos, aunque nadie puede garantizar que esa cruzada se cumpla. En últimas, como siempre se dice, todo esta en manos de los electores, pero de antemano se sabe que el abstencionismo es alto, que las casas políticas saben cómo sostenerse y que el país no cambia mucho sus hábitos.

La apretada elección en Bogotá

Un fuerte pulso político se dará en las elecciones para la Alcaldía de Bogotá, donde las últimas encuestas plantean un empate técnico entre los candidatos Rafael Pardo, Enrique Peñalosa y Clara López Obregón. Más relegados en los sondeos de opinión están Francisco Santos, Ricardo Arias, Carlos Vicente de Roux, María Mercedes Maldonado, Alex Vernot y Daniel Raisbeck. Estos son los nueve aspirantes a gobernar Bogotá.
Sin embargo, Pardo, Peñalosa y López Obregón son los llamados a pelear por llegar al Palacio Liévano, lo que deja sobre el tapete la posibilidad de un juego de alianzas. Si la intención es que en Bogotá no continúe un gobierno de izquierda, es posible que haya un acuerdo político entre Pardo y Peñalosa, al que se podría sumar Francisco Santos.
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Si no logran la alianza, la gran favorecida sería López Obregón, quien pescando en ese río revuelto podría catapultar su aspiración apoyada por el Polo Democrático, fuerzas de izquierda y movimientos sociales.
Por: Felipe Morales Mogollón – El Espectador