La República Independiente de El Mango

Gloria Lorena Iragorri M.

Por: Gloria Lorena Iragorri Mosquera.

Se dieron el “lujo” de expulsar de su territorio a  la Policía Nacional  acantonada en esta zona rural de Argelia al sur del Cauca, ante la mirada atónita de los Colombianos quienes asistimos a un acto soberano de un pueblo que se resiste a convivir con la Fuerza Pública por temor a la insurgencia que sigue paseándose por el sector como “pedro por su casa”.

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Es el segundo caso en que las comunidades deciden no tener Fuerza Pública Armada porque consideran que es un riesgo para su tranquilidad y convivencia, ya lo había hecho los indígenas del pueblo Nasa de Toribío con soldados del ejército Colombiano que prestaban sus servicios de control y vigilancia de este pedazo de Patria en donde los rebeldes de las Farc se enseñorearon durante décadas enteras.

Por más que el presidente Santos ordene y lo exija el nuevo Ministro de Defensa que regresen los destacamentos policivos y militares a El Mango, será imposible que la Fuerza Pública tenga éxito sino cuenta con el beneplácito y  aprobación de las comunidades que son a fin de cuenta en su libre determinación las que ejercen la soberanía en este conflictivo territorio.

La afrenta, la humillación que recibieron los Policías y la institucionalidad del país, además de inaudita y  aberrante, nos da pie a pensar que estamos ante la “República Independiente de El Mango”.

La soberanía es el derecho que tiene el pueblo a elegir a sus gobernantes, sus leyes y a que le sea respetado su territorio. Según esto, habría que considerar que el derecho se tiene frente a alguien y porque alguien lo concede; en consecuencia, habría que convenir en que la soberanía, más que un derecho, es el «poder».

Lo que pasó en El Mango del Municipio de Argelia nos hizo recordar la lección de Historia, en que en 1762, Jean-Jacques Rousseau retomó la idea de soberanía pero con un cambio sustancial. El soberano es ahora la colectividad o pueblo, y ésta da origen al poder enajenando sus derechos a favor de la autoridad. Cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo, ya que contribuye tanto a crear la autoridad y a formar parte de ella, en cuanto que mediante su propia voluntad dio origen a ésta, y por otro lado es súbdito de esa misma autoridad, en cuanto que se obliga a obedecerla.

Así, según Rousseau, todos serían libres e iguales, puesto que nadie obedecería o sería mandado por un individuo, sino que la voluntad general tiene el poder soberano, es aquella que señala lo correcto y verdadero y las minorías deberían acatarlo en conformidad a lo que dice la voluntad colectiva. Esta concepción rossiniana, que en parte da origen a la revolución francesa e influye en la aparición de la democracia moderna, permitió múltiples abusos, ya que en nombre de la voluntad «general» o pueblo se asesinó y destruyó indiscriminadamente. Generó actitudes irresponsables y el atropello a los derechos de las minorías.

El simpático y cara de Bonachón del nuevo Ministro de Defensa el Pereirano Luis Carlos Villegas Echeverry,  garantizó que mientras él se encuentre al frente de la cartera de Defensa, la Fuerza Pública hará presencia en todo el territorio nacional, al hacer referencia al episodio en el que agitadores incendiaron unas instalaciones aledañas a la estación de Policía y con maquinaria pesada derribaron las barreras de protección de la subestación de El Mango.

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Con todo el respeto al temor de haber vivido las infamias y secuelas de la violencia y terror sembrado por la insurgencia de las Farc durante muchos  años en este corregimiento del Sur del Cauca, los  Colombianos debemos solidarizarnos con la Policía Nacional y el  Gobierno “amarrándose los pantalones”  como debe ser  con todo su poder democrático en un Estado Social de Derecho haga resarcir el grave  daño que se ha causado a la Institución Policial y a la sociedad Colombiana, por el rechazo y expulsión  vulgar y violenta como fueron víctimas, bajo el prurito que el poder está en pueblo, que determina que es lo más le conviene.

Si la Policía y demás Fuerzas públicas  no regresan a El Mango, estarán dando “papaya” a un mal precedente que puede repetirse y los señores de las Farc habrán bajo la práctica de las intimidaciones, ganado una guerra en donde con la complacencia de un pueblo “cagado del miedo” ha suplantado el ejercicio soberano del Estado.

La obediencia simula subordinación, lo mismo que el miedo a la policía simula honradez. No olvidemos que Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil. Y es en casos como estos, donde los colombianos debemos unirnos para demostrar  que somos capaces de aprender respetar la ley, la autoridad y nuestras  instituciones.