Puerto Tejada merece otra oportunidad

Felipe-Solarte-Nates

Por: Felipe Solarte Nates.

Sobre los orígenes de este puerto ‘jubilado’, se conoce que no fue fundado por conquistador, ni avanzada de Antioqueños.

Tal vez surgió como palenque estratégicamente ubicado en el cruce de “dos aguas”: las del Guengué y el Palo, posiblemente desde los siglos XVIII y XIX, -cuando algunos esclavos escapados de haciendas esclavistas, como Japio, en Caloto; López Adentro, en Corinto, -donde nació Obando- y Cañasgordas, propiedad del vecino Alférez Real de Cali y escabullidos del ejército libertador y de los liderados posteriormente por Mosquera, Obando, López y otros caudillos enfrentados en numerosas guerras civiles después de la Independencia-, se internaron en espesas selvas y guaduales, surcados por humedales, riachuelos y ríos, llenos de sardinas, sabaletas, bocachicos, guabinos, barbudos y bagres, desembocando en el entonces gran Cauca, que año tras año se inundaba fertilizando el Valle, en el que familias de negros libres, cultivaron gigantescos plátanos, yucas, mazorcas de maíz y panochas de cacao y tabaco, y gran variedad de jugosas frutas como las guanábanas, chirimoyas, curubas, granadillas, piñas, piñuelas, pomorrosos, papayas, nísperos, mangos, guayabas, etc., que se daban silvestres y también servían de alimento a las vistosas variedades de aves, mamíferos, insectos y todas formas de vida que crecían en este paraíso tropical.

Hasta que entrado el siglo XX fue uniformado de caña de azúcar, cuando las familias de afrodescendientes identificados con el Partido Liberal desde la lucha contra la esclavitud, que habían legalizado sus propiedades en Puerto Tejada y municipios vecinos, dejaron sus cultivos y costumbres tradicionales y la ganadería para alquilarles y venderles las tierras a los ingenios e irse a Cali, o a casas sin servicios públicos en crecientes poblaciones como Puerto Tejada, Padilla, Villarrica, Ortigal, Santander de Quilichao, y otras ubicadas sobre el valle geográfico del río Cauca, empleándose cortando caña, o trabajando en las fabricas de azúcar, o en lo que podían, o mataban el tiempo jugando cartas, dominó, parqués y otros juegos de azar, y los jóvenes, que se dedicaban al deporte y les gustaba el futbol, si se destacaban, engrosaban las filas del Cali, el América y otros equipos profesionales que los descubrían a tiempo, o se vinculaban a algunos grupos culturales de música y danza, antes de perderse en el duro trabajo absorbente, o en los vicios y la delincuencia, con sus variadas ofertas.

Algunos recuerdos de viejos que hoy están en el cementerio y fotografías de los años 20 y 30, del siglo pasado, nos ilustran del pasado próspero que tuvo Puerto Tejada, cuando a su mercado de fines de semana, navegando por el río Cauca y su afluente el Palo, arribaban vapores desde La Virginia, Caldas, y puertos como Juanchito, trayendo mercancías y llevando frutos de la tierra y ganado. Era el mejor mercado del norte del Cauca y confluían compradores y vendedores de Cali, Palmira y pueblos de la región. Esto aceleró el crecimiento urbano y comercial de Puerto Tejada, que desde temprano tuvo carencia de agua potable y alcantarillado, que se ha mantenido hasta ahora, gracias a que una clase política depredadora y con niveles de corrupción comparables a los predominantes en el Chocó y Guapi, por décadas se apoderó de la administración municipal para saquearla sin consideración, dejando de atender el suministro servicios públicos esenciales, al no permitir el fortalecimiento de las empresas encargadas de atenderlos, como sucedió cuando boicotearon el proyecto del Acueducto Regional del Río Palo, concebido por la Gobernación del Cauca y el gobierno de Holanda, a mediados de los años 80, para abastecer de agua potable a los cascos urbanos de Puerto Tejada, Villarrica, Guachené y numerosas veredas, para seguir mal administrando a Empuerto, la caja menor de la alcaldía, que después quebraron y debieron liquidar, para poder construir el nuevo acueducto regional, en ejecución e impulsado por el Gobierno nacional y que no debe caer en manos de los depredadores que han asolado a Puerto Tejada y otros municipios de la región.

La Ley Páez de 1995, permitió la instalación en el norte del Cauca de numerosos parques industriales. Caloto, Guachené, fueron los municipios donde en su jurisdicción política administrativa y en el Parque Industrial del Cauca, cerca de 50 industrias, como Familia, Scott, El Tiempo, Alival, Alpina, Pavco, entre otras, construyeron sus plantas; pero la población más cercana y poblada es Puerto Tejada, limítrofe con Cali.

Esta privilegiada ubicación ha determinado que desde hace muchos años entre el trayecto del crucero de Pance a Puerto Tejada, numerosos colegios y centros recreativos de Cali hayan edificado sus sedes y una de las mayores fabricas de papel, subsidiaria de la multinacional Kimberly instaló su fábrica, sin olvidar que ingenios como La Cabaña, y el del Cauca, desarrollan operaciones en su territorio, al igual que Propal.

La oferta de empleos ha estimulado el crecimiento urbano de Puerto Tejada, conllevando incremento comercial y también la plaga de  pandillas juveniles y delincuencia que se han apoderado de barrios como Altos de Paris y otros de la antigua ‘invasión’, conectadas con la ‘escuela malandra’ de sectores como Aguablanca, en Cali; pero sólo hasta ahora el Sena va a construir un gran centro de capacitación que les permita emplearse en las numerosas industrias asentadas en los parque industriales y Comfacauca, construye cerca de la hacienda Perico Negro, un gran centro recreacional, al estilo del Parque de la Caña, en Cali, y además brinda facilidades para que jóvenes vulnerables, asistan a cursos programados en Puerto Tejada y se matriculen en las numerosas carreras abiertas por UNICOMFACAUCA, en la sede de Santander de Quilichao, a media hora en bus, donde la Universidad del Valle fue pionera en la instalación de una sede y la Universidad  del Cauca, abrió numerosas carreras, al igual que la UNAD y la privada Fundación Universitaria de Popayán y el Sena que ofrece en su sede varias tecnologías.

Puerto Tejada, con una población cercana a los 60.000 habitantes, al igual que Buenaventura, amerita acción conjunta de los gobiernos nacional, departamental, municipal y el sector privado, evitando que continúe en manos de pandillas juveniles de delincuentes y su competencia, los políticos y administradores depredadores, más preocupados de su beneficio personal y de grupos, para que bien administrada, pueda superar limitaciones de servicios públicos de acueducto, alcantarillado y aseo y brindar condiciones favorables de salud, educación, transporte, recreación empleo y seguridad que faciliten su crecimiento ordenado y futuro para su juventud.

PROCLAMA DEL CAUCA