Definitivamente la verdadera vocación de las Farc es Agrícola, siguen sembrando el terror.

Gloria Lorena Iragorri M.

Por: Gloria Lorena Iragorri Mosquera.

La muerte de tres uniformados de la Policía Nacional  sobre la carretera Panamericana en Timbío y los recientes atentados contra la naturaleza, la infraestructura eléctrica y vial en Cauca, Putumayo y Caquetá, siguen alejando el anhelo de la paz  de gran parte de los Colombianos y perdiendo credibilidad esta insurgencia que como afirmó el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón Bueno pareciera tiene “mentalidad de burro”.

El presidente Santos se está jugando sus  restos políticos insistiendo en un proceso de paz que todos los días es bombardeado por la intolerancia e irracional de un grupo guerrillero que perversamente matando colombianos ,destruyendo el medio ambiente  y dejando a oscuras a poblaciones, están cavando sus propias tumbas ante la opinión pública.

Desafortunadamente y a diferencia de otros países, la búsqueda de la paz no se ha logrado convertir en un factor de unidad nacional y menos en un sueño de país. Colombia sigue dividida políticamente y los rebeldes como van, difícilmente tendrán votos en las  urnas cuando acepten dejar las armas y reincorporarse a  la vida civil

Ante este caos y en esa perspectiva, si por múltiples razones en este año  del 2015 no se firma el acuerdo final de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC, y no se inician los diálogos con el ELN, quien más pierde es la guerrilla y al final de cuentas, perdemos todos, porque se aleja el sueño de tener un país en paz, sin guerrillas, sin bandas criminales, sin narcotraficantes y reconciliado.

La gente está “mamada” de tanta violencia e incoherencia y como dicen, “están más caídos que teta de gitana” ante la inmensa mayoría de Colombianos. Colombia lo que requiere es democracia y más democracia, lo mismo que diálogo, inclusión y equidad social.

Las Farc desde la misma  Habana y todos sus frentes en Colombia, deberían entender  de una vez por todas que  la vida es sagrada, que necesitamos un país sin violencia, sin impunidad, reconciliado y respetuoso de los Derechos Humanos, donde las personas tengan el derecho mínimo de ser respetadas en su dignidad.

El Cauca sigue siendo el escenario en donde las Farc demuestran su verdadera vocación agrícola, sembrando el terror y generando hechos violentos donde mueren humildes policías y soldados, gente inocente, hijos del pueblo, masacrados por los mismos que dicen “defender el pueblo por la lucha armada”, cuando no son más que cobardes terroristas que viven aterrorizados.

No se trata tampoco parar la guerra a punta de bombardeos, porque han resultado más efectivos porque ello también sería como dispararle a la paz. A mansalva y sobre seguro. Y para nada, una señal que pueda significar que el cese bilateral de fuegos está entre las opciones probables del Gobierno para apremiar las urgencias de un país en paz y en vías de reconciliación.

Las Farc deben sembrar con hechos inteligentes para poderse ganarse el afecto del pueblo  y después cosechar  un eventual respaldo popular en las urnas, de lo contrario están demostrando que la irresponsabilidad por los daños forma parte de la esencia de su macabro terrorismo.