El Cauca lleno de contradicciones

nelson-paz-anaya-1-e1428930661965

Cómo explicar que un departamento con un bagaje histórico de trece ex presidentes, gran participación en los gabinetes ministeriales y en otras órbitas de la burocracia nacional y desde luego, con la representación correspondiente en el poder legislativo, los indicadores de crecimiento y desarrollo, así como los de satisfacción de necesidades básicas lo ubiquen en los últimos lugares de la clasificación nacional.

Se debe sumar a la inmensa riqueza de su diversidad étnica, un territorio con invaluables recursos naturales, estratégicamente bien ubicado, pero con una dura concentración de los peores males de la región, sin vislumbrar una salida alentadora en el mediano plazo, con la cual generar optimismo a sus colectividades.

Cómo dilucidar esta situación si la inversión pública bien puede tener las mismas cuantías que las de otras entidades territoriales de características similares y la empresa privada tiene una significativa presencia, debiéndose agregar además, que desde los inicios de la República, la Universidad ha sido referente de la investigación y del conocimiento, pero no hay competitividad.

Corresponde reflexionar sobre los sucesos de la historia a través de los tiempos, las comunidades indígenas asentadas en estos lugares por las épocas de la llegada de la sumisión de la conquista se encontraban precisamente en conflictos por el territorio, hecho que facilitó su vencimiento, dominación y reducción.

La introducción del miedo como instrumento de acatamiento fue el regulador social de la época de la colonia, el purgatorio, el infierno y la inquisición, acompañada de la presencia amenazante de los virreyes y sus lacayos, crecieron el susto que más adelante erigiría señalamientos, cárceles, destierros y patíbulos.

En el conflicto por la independencia de España, Bolívar entendió que solo con sus proclamas amenazantes de guerra a muerte, con el terror, podía inclinar el aporte de los criollos y españoles potentados; por allí entró la participación de los siervos y de los esclavos en los ejércitos libertadores.

La República con sus periodos de “Patria Boba”, ha girado en torno a cómo proteger intereses económicos, en la mayoría de las veces ni siquiera los de los nacionales, sino los extranjeros, los de las grandes corporaciones, la acción política se margina en su razón de ser, deja de actuar con criterio de formación de región y territorio.

De allí nuestro realismo mágico, como sin tiempos y sin espacios, con seres dibujados pero ciertos, en donde el arte se nutre de la vida y de la muerte, se amasan las desigualdades, la injusticias y estas producen el discurso político, la protesta, la oratoria, la Oración del Silencio; se asesina en abril, se ataja a Gaitán, a un pueblo, pero se inicia la violencia, que a unos protege y a otros mata.

A partir de allí se usa el peligro de la acción violenta como artificio para ocultar la corrupción, la inequidad, la ausencia de democracia, el problema por ello no será firmar la paz, el lío es cómo no reproducirla si hace parte de los mecanismos de poder.

Después la exclusión y repartición del Frente Nacional, la hoja que mata a unos un poco a otros no tanto, luego el neoliberalismo, los tratados de libre comercio, los pactos regionales y la globalización, en medio de tantos trinos un ungüento, la plata de las regalías, se quitó a unas regiones porque se enloquecieron y se regó por todas partes, ahora se enloquecen todos.

Ante este laberinto con callejones de oprobios, se hace necesario que el nuevo hombre caucano rompa el cascarón de resistencias a su propia libertad y dignidad, superando los temores y los miedos acumulados en casi quinientos años de historia, que se reproducen y se utilizan como instrumento de engaño o dominación y sobre los cuales se montan los sainetes de las vanidades parroquiales, acomodando la moral a los requerimientos del momento.

Indispensable romper las reverencias, las inclinaciones, los temores, los respetos, los acatamientos, toda la basura de comportamientos con los cuales se manipula la sociedad, como la rotulación personalizada de la inversión pública, la pedagogía para la creencia de que la pobreza se superara por la dádiva, la ayuda, el subsidio, la acción social o la limosna dada para sosegar el espíritu, porque al final estas trampas solo adormecen la posibilidad de la exigencia contundente, justa y oportuna.

Por: Nelson Eduardo Paz Anaya