La guerra es contra el glifosato

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Por: Yenny Manrique. 

Más de 20 mil firmas alcanzó en pocos días la petición hecha en la plataforma Change.org para acabar con la fumigación con glifosato de cultivos ilícitos en Colombia.

La abogada ambientalista Astrid Puentes Riaño de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), autora de la iniciativa, espera recaudar 25 mil apoyos antes de este 14 de mayo, que es cuando el Consejo Nacional de Estupefacientes se reúne en Colombia para decidir sobre la petición del presidente Juan Manuel Santos, de acabar con el uso del herbicida en la guerra contra las drogas.

Aunque no es un camino expédito, (el período de transición para encontrarle reemplazo al herbicida se vence el 1 de octubre), después de 16 años de ensayo y error usando la aspersión aérea, el viraje del debate es excepcional:  ahora la guerra es contra el glifosato.

La reciente evaluación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, que aumentó la calificación de riesgo del agrotóxico para la salud humana, vino a respaldar lo que por años han dicho organizaciones de derechos humanos en departamentos como Putumayo y Nariño, conceptos de la Corte Constitucional en Colombia y un sinnúmero de estudios científicos: el glifosato hace más mal que bien.

Los cultivadores re-siembran con facilidad las zonas asperjadas sin mencionar que muchas veces son sus cultivos para consumo los que terminan afectados. Según unpaper de la Universidad de los Andes, para eliminar una hectárea de coca con glifosato, hay que fumigar 30, lo que cuesta 72.000 dólares, muchísimo más del valor en el mercado de los kilogramos de droga que esa hectárea podría producir.

Ya Colombia tuvo que pagar a Ecuador una indemnización de US$15 millones, cuando el gobierno de Rafael Correa denunció al de Álvaro Uribe ante la Corte Internacional de la Haya por fumigar en zona fronteriza afectando la salud de los pobladores.