Contra el desaliento

img_roux

Por: Antonio De Roux Rengijo.

A veces los caleños olvidan que nuestra ciudad y su progreso inicial se hicieron posibles gracias al empuje y la generosidad de quienes la habitaron. Nuestras primeras megaobras fueron creación de los ciudadanos. Ellos financiaron la navegación del río Cauca, la planta eléctrica de Cali, el tranvía a Puerto Mallarino y el acueducto de San Antonio, entre otras iniciativas. También construyeron teatros como el Municipal y el Jorge Isaacs, además de hoteles como el Alférez. Con su dinero embellecieron parques y avenidas, y construyeron monumentos.

Para mediados de la centuria anterior ese espíritu subsistía. Grupos de ciudadanos impulsaron los clubes sociales, el conservatorio de música, la CVC, la plaza de toros, el Museo la Tertulia, varias clínicas y algunas universidades. Los grandes eventos religiosos y deportivos como el Congreso Eucarístico de 1949 y los Juegos Panamericanos, fueron exitoso gracias a los habitantes que encontraron condiciones para trabajar de la mano con servidores públicos eficientes y honrados.

Las damas caleñas, de paso, brillaron por su desprendimiento. Primero dieron parte de sus alhajas para hacerle una corona digna a nuestra patrona, la Virgen de los Remedios. Luego aportaron otro tanto para ayudar a financiar las tropas colombianas en la guerra contra el Perú.

Con el paso del tiempo vendría la politiquería manchada de corrupción a copar el escenario, a torcer el destino de los recursos públicos proponiéndose matar de hambre la cultura, que es el alma de un pueblo.

Hubo afortunadamente quienes se resistieron. Fue el caso de la Tertulia con su fundadora Maritza Uribe de Urdinola, sus juntas directivas y sus ejecutivas Gloria Delgado, Paula Álvarez y Ana Lucia Llano actualmente. También fue el caso de la orquesta filarmónica y los festivales de arte celosamente protegidos por Amparo Sinisterra, y de Incolbalet arropado bajo la sombra bienhechora de Gloria Castro.

La historia transcrita indica que en lugar de poner en entre dicho la generosidad de los caleños deberíamos propiciarla. Sus aportes representan el mejor camino para que miles de paisanos puedan acceder a los bienes del arte y la cultura. No podemos olvidar las voces que son inspiración y desafío de capitanes cívicos como Ignacio Palau, Micaela Castro, Manuel Carvajal, Alfonso Bonilla y Álvaro Garcés Giraldo. Estos personajes pusieron sus ideas, su tiempo e incluso sus bienes al servicio de la sociedad, estimulando nuestros mejores sentimientos colectivos.

rodrigo-guerrero-1024x787_1354717544

A estas horas debe quedar claro que no nos vamos a dejar robar el alma. A pesar de las penurias aprovecharemos toda oportunidad para fortalecer y conservar lo que nos queda. Celebraremos la disposición de los buenos gobernantes como Rodrigo Guerrero y la solidaridad de quienes quieran compartir su patrimonio con la ciudad.

Servir a Cali no es asunto fácil, siempre habrá quien encuentre razones para llamar al desaliento. Por eso a todos aquellos que aún insisten en compartir con su terruño, les dedico aquel verso inolvidable de Mario Benedetti:

No te rindas, por favor no cedas,/ aunque el frio queme,/ aunque el miedo muerda,/aunque el sol se ponga, y se calle el viento,/ aún hay fuego en tu alma,/ aún hay vida en tus sueños,/porque cada día es un comienzo nuevo,/ porque esta es la hora y el mejor momento,/porque no estás solo, ¡Porque yo te quiero!