Estados Unidos está negociando una “toma amistosa y controlada” de la isla, para no usar ataques ni armas letales.

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A partir de marzo de 2026, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba atraviesan un momento de alta tensión estratégica y declaraciones inusuales por parte de la administración de Donald Trump.

El pasado viernes 27 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump confirmó que su administración mantiene contactos con representantes del régimen cubano y planteó la posibilidad de una “toma amistosa y controlada” de la isla.

Según el mandatario, el gobierno de Cuba está “en serios apuros”,  financieros y busca una salida a la crisis económica y social que embarga a millones de sus habitantes  al “borde de la indigencia”.

El Secretario de Estado, Marco Rubio, de  origen cubano lidera las gestiones diplomáticas para forzar un cambio de régimen:  Se han reportado reuniones confidenciales entre asesores de Rubio y familiares directos de la cúpula cubana (incluyendo al nieto de Raúl Castro) quien realmente sigue gobernando en la isla conocido  como “Raulito” durante cumbres regionales como CARICOM.

El más poderoso de todos los generales cubanos, el General de División Humberto Omar Francis Pardo, fue sustituido de sus funciones como Jefe de la Dirección General de Seguridad Personal (DGSP).

El cargo lo viene ocupado por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, a quien se le conoce por variados motes como “El Cangrejo”, “Nieto en Jefe” o simplemente “Raulito”.

Antes de crear la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional que hoy dirige el Coronel Alejandro Castro Espín ( único hijo varón de Raúl Castro), la Dirección de Seguridad Personal era el aparato invisible con más poder en la isla. A esta nomenclatura, como actualmente a la “Comisión”, se supeditaron ministerios, instituciones y todas las direcciones del MININT.

Estados Unidos afirma tener interlocutores dentro del sistema cubano interesados en facilitar una transición democrática este mismo año. La estrategia estadounidense combina el diálogo con una política de “asfixia” económica:

Uno de las talanqueras impuestas por el gobierno de Trump ha sido el Bloqueo Energético: Washington impuso un sistema de aranceles a terceros países que suministren petróleo a Cuba, agravando la crisis de combustible en la isla.

Una de las imposiciones han sido las autorizaciones condicionadas  y recientemente se autorizó la venta de petróleo a Cuba, pero bajo condiciones estrictas de control al gobierno de  Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez quien ejerce como presidente desde 2019.

Cuba enfrenta apagones prolongados y escasez crítica de alimentos y medicinas, lo que ha llevado a países como Canadá y México a enviar asistencia humanitaria directamente a organizaciones del pueblo cubano.

Por  su  parte el gobierno cubano ha calificado la conducta de EE. UU. como “criminal” ante la ONU, negando en ocasiones la existencia de una mesa formal de diálogo tras las últimas amenazas de Trump.

Entre  las restricciones de viajes hacia la isla de Martí se mantiene la prohibición del turismo estadounidense hacia el territorio cubano y la obligatoriedad de visado (eliminando el programa ESTA) para quienes hayan visitado Cuba recientemente.

A partir de julio de 2025, es obligatoria una visa electrónica (ETA) y el formulario digital D’Viajeros para todos los visitantes.

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, marcadas por una profunda crisis desde 1959, siguen caracterizándose por la hostilidad, el embargo estadounidense y la designación de Cuba como estado patrocinador del terrorismo.

La administración Trump ha intensificado las sanciones y la presión económica, mientras que persisten tensiones por la seguridad nacional estadounidense, la cooperación de Cuba con China y Rusia, y los derechos humanos en la isla.

Las relaciones han pasado por breves periodos de deshielo, como entre 2015-2017, pero la tendencia general sigue siendo de confrontación.

Redacciòn