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Por: Carlos Arturo Lasso Vásquez.
Aunque todos los que vivimos en este hermoso terruño decimos amarlo, no logramos demostrar de manera práctica ese amor.
Por el contrario, queda la sensación de que no nos importa realmente la población, y esto parece reafirmarse cuando hacemos un recorrido por los diferentes sectores, en especial por la reconocida como zona central del municipio, donde reina el desorden y el desaseo que proporcionan una desagradable imagen que produce repulsión y zozobra a propios y extraños.
Y es que resulta contradictorio hablar de amor por el territorio y no dar la más mínima muestra de sentido de pertenencia por él. Para corroborar lo que decimos, es suficiente darse un recorrido por la carrera 20 desde el parque hasta el Palacio de Justicia, detenerse un poco en la esquina de la carrera 20 con calle 17, o en cualquiera de los lugares donde haya un semáforo.
También podemos observar con detenimiento el uso que se le da al parque principal, o como maltratamos las riberas de nuestros ríos tutelares que han sido nuestro orgullo y que nos convirtieron en Puerto.
Es realmente doloroso apreciar como cualquier lugar de la población se puede convertir en depósito de residuos sólidos aunque acabe de pasar el carro recolector, y más triste y doloroso se torna todo cuando pensamos que todo este desorden y desaseo se convierte en combustible para la situación de inseguridad y violencia que vivimos, asociándola con la “Teoría de las ventanas rotas”.
Y es que no podremos salir adelante y avanzar al ritmo que quisiéramos mientras, como Portejadeños, no nos decidamos a realizar un verdadero acuerdo sobre el futuro que deseamos para nuestro municipio, a trazar una ruta que nos permita alcanzar las metas que nos propongamos y a mantenernos alerta para realizar el seguimiento y los ajustes que puedan requerirse tanto en la ruta como en las metas que se establezcan a mediano y a largo plazo, teniendo en cuenta las dinámicas del desarrollo actual.
Y es que ese acuerdo requiere de, lo que para muchos puede ser un gran sacrificio, despojarse de los intereses personalistas y de pequeños grupos que suelen anteponerse a los intereses generales de la comunidad.
No podemos continuar propiciando la llegada cada cuatro años de los “salvadores” que llegan a ofrecernos siempre lo mismo casa en el aire y que, por razones obvias, regularmente nos dejan esperando.
Si queremos luchar por obtener representación en los círculos del poder departamental y nacional necesitamos establecerle a esos representantes una misión clara de acuerdo con lo que queremos lograr, para poder estar en condiciones de exigirle cuentas precisas y evaluar objetivamente su labor, de lo contrario continuaremos construyendo una cadena de frustraciones.
Pero en todo esto debemos ser conscientes de que la gran responsabilidad es nuestra como Portejadeños y que, por lo tanto, debemos dejar la pésima costumbre de echarle la culpa a otros y esperar que sean terceros, que no conocen realmente nuestras problemáticas y mucho menos nuestra idiosincracia, quienes vengan a plantearnos soluciones.
Los Portejadeños y Portejadeñas, venimos mostrando a través de los años una gran resiliencia, que no debe confundirse con resignación.
Es hora de aprovechar esa capacidad para proyectarnos hacia un verdadero cambio que nos proporcione las condiciones de vida que deseamos y que nos merecemos.
Si desde Puerto Tejada marcamos pautas podemos ayudar a impulsar el avance de la región Nortecaucana y del departamento en general, contribuyendo de paso con la construcción de un mejor país. Al fin de cuentas el país debe construirse desde las regiones.


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