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Por: Álvaro Miguel “El Negro” Mina.
El júbilo y regocijo vivido, entre viejos amigos nos permitió reencontrarnos con aquellos años mozos repletos de sueños y efervescencia. La impensable cita, consentida por el Padre Celestial, tuvo lugar en el Parque de Las Iguanas, en Puerto Tejada, Cauca.
Ahí debajo de una gigantesca Ceiba, nos abrazamos: “El mudo”, “Sabatini”, “El Negro” Mina, y “Goyo”, dedicado a encontrar el brillo de la vida y de los escarpines.
Fue una sonora hilaridad tatuada de juventud en las polvorientas calles del Barrio El Hipódromo. Ahí compartíamos la familia Cortés, del amigo Gregorio; el querido “mudo” y el abonado, residente en la casa de doña, Leonor Navia, frente al Colegio José Hilario López, enseguida de la residencia de los dilectos amigos: “Chungo Peña” y “Buki”.
Por fortuna, y a Dios gracias, durante el Gobierno del Presidente Belisario Betancourt, resultamos favorecidos con una vivienda de interés social en el Barrio Villa del Sur, hasta donde trasladamos el domicilio, en compañía del amado y extinto, “Alacho”.
Imposible olvidar que en las frías y lluviosas madrugadas, nuestro primer sorbo de felicidad, era el grato y placentero encuentro con: “El Mudo Sabatini”, el vigilante o guachimán de la estación de Servicio del finado, Saulo Ramírez, sobre la vía a Villa Rica.
Ahí cómo jefe de Patio, oficiaba el morocho “litro medio”, conocido como: “Don Kim”, descendiente de la recordada, Susana Mina Mera. Y, el lavador de autos era “Don Bica….Don Bicarbonato”, pariente de “Chancho y Mincho”, dedicados a la albañilería, con hisopo y sin plomada, desde el Barrio Las Dos Aguas.
El querido “mudo” nos servía de Ángel Guardián, en su bicicleta, luciendo una capa negra y una corpulenta y encorvada (pacora) “Mayagüez”, afilada por los dos costados; hasta el sitio de despacho del bus a Cali.
Reitero que es el principal motivo para encender el pebetero de la felicidad. Y, de mi parte el perpetuo y sempiterno agradecimiento con el “mudo”, por su acompañamiento.
Tantos años después, de no saber nada de el, ni su nombre de pila; fue toda una ventura, volver a verlo tan enérgico y campante, cómo el “escocés” aquel. Refulgente con la misma (Chepe) de cacha zapote, en medio de su “Bici”.
Fue tan sorpresivo y emotivo el cruce, que en medio de la euforia y luego de compartir una ligera condecoración, nos despedimos sin dejar huellas, ni números telefónicos para un próximo encuentro.
Luego de indagar sobre el paradero del “mudo”, la verdad las señales fueron pocas; porque a decir verdad, así tan rápido cómo llega a un lugar, vuelve y desaparece, como por encanto, guiado siempre; eso sí, por el Espíritu Santo.
El olfato de reportero me llevó a solicitar un emplazamiento en el Chat del informativo “Puerto Visión”, en busca del “mudo”.
Gracias a la negra “Kelly”, que nos dio las primeras puntadas de su lugar de residencia. Una cuadra antes del Colegio, José Hilario López, bajando por la Calle de la Estación de Policía, del Barrio La Esperanza.
Con ésas coordenadas logramos la georeferenciaciaciónn y una nueva y glamurosa cita dominical en el emblemático, Parque de las Iguanas, entre viejos compadres.
Testigos de ése feliz momento, fueron: “Goyo”, José Digno Alegrías, Wilfrido el lotero, la amiga “Campirana” y la morenaza, Kelly, con quién compartimos una videollamada desde las canchas de Perico Negro, donde gozaba de la final de fútbol. Jajajaja qué rico.
Luego de compartir un souvenir. “El mudo”, utilizando un esfero y una hoja de papel, nos reveló, su nombre: Ramiro Castillo; qué su camisa es talla L, su pantalón 32 y calza 40. “Subliminal mensaje a Bolívar, para que lo entienda Santander y toda la tropa”.
Igualmente nos narró el desencanto y desilusión, por la cual está atravesando, asegurando que al igual que al juglar, Alejo Duran, el 039 se le llevó el amor de su vida. A él un hombre apuesto a bordo de una ruidosa moto, se le llevó a Carmela. Su dulcinea, con quién mitigaba el reposo, al término de sus arduas jornadas de trabajo en la labranza de la tierra.
Consultado si estaría interesado en encender la llama de un nuevo amor, fue enfático en escribirnos: “Ya la vida me ha enseñado demasiado, cometer el mismo error no me interesa. Los amores que he tenido me fallaron. Y, dejaron en el aire las promesas, de buscar una nueva ilusión”.
Mientras en su Bici/taxi, tomó rumbo a la Calle tristeza, esquina agonía.Ahí donde vamos los hombres que no queremos, que nos vean llorar, por causa de un amor.
Ramiro Castillo, mientras abordaba su velocípedo; la misma bicicleta Monark, en la cual me acompañaba en las madrugadas, a mitigar mis anhelos de comunicador desde Radio Super, en Cali. Me dejó entrever entre seña y seña, el júbilo por éste dichoso acercamiento. Debo confesar de manera jovial y jubilosa. Que cómo en cada paso de mi vida, hoy logre un nuevo aprendizaje.
(La felicidad no se compra, nace del alma). Y en medio de la tormenta nos graduamos de Capitanes.
El foro o nuevo acercamiento, por nuestras vivencias de juventud en Puerto Tejada, se cerró con una videollamada, entre “El mudo”, el suscrito, el querido, hijo de Don Yeyo, y la Doctora, desde, la “Perla de América”. Dónde se acordó una nueva visita, con tallas: L, 32 y 40.
Gracias a la vida por demostrarnos que la felicidad, nace de una sonrisa y de un abrazo entre amigos.
Bendiciones 🙏


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