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La relación entre Donald Trump y Delcy Rodríguez ha entrado en una fase de extrema tensión y vigilancia directa tras la captura de Nicolás Maduro en una exitosa operación militar estadounidense.
Rodríguez ha asumido como presidenta encargada de Venezuela tras la remoción de Maduro bajo la estricta vigilancia del gobierno norteamericano y el propio presidente Trump ha declarado públicamente que Rodríguez está “bajo la lupa” y le ha advertido que, si no coopera con una transición política y económica para estabilizar el país, enfrentará un destino “peor que el de Maduro”!.
Una de las demandas centrales de Trump es obtener “acceso total” a los recursos petroleros venezolanos, advirtiendo que EE. UU. “recuperará” lo que considera robado, pero que invitará a las petroleras hacer multimillonarias inversiones para recuperar la infraestructura y explotar los yacimientos que generen nuevamente regalías al pueblo venezolano que permita tener mejores escenarios de desarrollo y bienestar para sus gentes.
Trump exige al régimen Chavista una “agenda de cooperación” que dentro de los próximos meses facilite la transición hacia un nuevo modelo de gobierno.
Por su parte Delcy Rodríguez ha manifestado su disposición a establecer acuerdos y mejorar la relación bilateral, poniéndose “a la orden” de EE. UU. por las vías diplomáticas para evitar una mayor escalada del conflicto, sin embargo simultáneamente, mantiene una retórica de resistencia para complacer la narrativa de la cúpula del Chavismo, calificando la captura de Maduro como un “secuestro ilegal” y afirmando que Venezuela no será colonia de ningún imperio.


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