Recientemente a raíz de las discusiones y debates adelantados en el Concejo Municipal de Puerto Tejada con el fin de autorizar al mandatario local Dagoberto Domínguez Caicedo para adelantar la negociaciones en la compra del predio de la otrora hacienda Periconegro en donde se aspira construir en sus etapas posteriores en buena hora adyacente a la Unidad Recreativa y Deportiva de la Villa Olímpica el Centro de Alto Rendimiento CAR del Ministerio del Deporte, surgieron dos imprecisiones en torno a lo que significó el legado y la historia de este inmueble hoy propiedad de un ingenio azucarero de la región.
Se espera que una vez adquirido este predio funcione ahí una Escuela Taller del Ministerio de Cultura buscando impactar y salvaguardar los procesos culturales y ancestrales de la región del norte del Cauca, como también trabajar en la formación para las necesidades socioeconómicas del territorio.
Se argumentó que la casona de la hacienda había sido declarada Patrimonio Cultural e Histórico por parte de la Unesco y que en su ruta libertadora Simón Bolívar, había pernotado en este sitio, desconociéndose por completo el pasado y el papel de las Haciendas, en los procesos de desplazamiento y esclavitud de la población Afrocaucana a lo largo de su historia bajo el dominio imperante de unas cuantas pocas familias.
Total desconocimiento de los requisitos de la Unesco para declarar Patrimonio Cultural un bien de interés cultural del ámbito nacional, pues éste debe contener todos o algunos de valores de orden histórico, estético o simbólico, los cuales contendrán los criterios de valoración que se basan en la antigüedad, autenticidad, constitución, forma, estado de conservación, contexto ambiental y contexto cultural.
Lamentablemente la vieja casa y sus alrededores de lo que fue la hacienda de Periconegro está en ruina, enmalezada sin acceso a su interior y hasta donde se sabe, nunca representó una obra maestra del genio creativo humano, ni constituyó un ejemplo sobresaliente de hábitat o establecimiento humano tradicional, representativo de una cultura o de culturas ahora vulnerables por el impacto de un cambio irreversible.
Antes de pasar la propiedad de la hacienda Periconegro a los dueños del complejo agroindustrial del Ingenio La Cabaña y luego que ahí funcionara un centro recreacional de la Cooperativa de Trabajadores esta, perteneció a la familia de Don Ricardo Holguín quien la fundó en 1915.
Para finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, el Cauca, se había convertido en un epicentro de conflictos de todo orden que involucraba a unos pocos adinerados poderosos y a otros muchos despojados reclamando por lo robado de antaño.
La familia Holguín junto con la Familia Arboleda, fueron los casos abiertamente más polémicos al respecto, pues, amparados en los derechos de propiedad colonial y un buen capital económico, utilizaron el esclavismo y la fuerza como punta de lanza para desplazar a las comunidades negras del norte del Cauca e imponer una serie de negocios a costa de la explotación de familias enteras.
Japio ubicada en el municipio de Caloto es una hacienda considerada patrimonio histórico de la nación por ser casa de paso de Simón Bolívar durante la campaña libertadora y fue aquí donde se hospedó el libertador y no en Periconegro.
Estando el Libertador en la histórica Hacienda de Japio, ubicada a escasos 6 kilómetros al norte de Quilichao, a donde fue a gozar de la hospitalidad que allí siempre le brindaba su gran amigo, D. José Rafael Arboleda y Arroyo, llegó de urgencia un emisario que provenía de Bogotá, quien le entregó a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, una Acta del Consejo de Ministros en la que le pedían al Padre de la Patria que fundara una monarquía y sostuviera así a todo trance los cimientos a beneficio de un sucesor.
El Libertador de inmediato negó la aprobación de ese proyecto y pensó que paralizándolo exoneraría al Consejo de la tremenda responsabilidad que pudiera resultarle y de inmediato y por escrito él ordenó al Consejo que no diese un paso adelante en ese asunto y se suspendiese la prosecución de un proyecto que probablemente precipitaría al gobierno en un abismo de males.
Luego ex-cátedra el Padre de la Patria exclamó: “Yo sólo quiero ser un ciudadano para ser libre y para que todos lo sean. Prefiero el título de ciudadano al de Libertador porque este emana de la guerra y aquel de las leyes. Yo quiero que me cambien todos mis títulos, todos mis dictados por el título de Un Buen Ciudadano”.
La carta en mención fue escrita por el secretario del Libertador, el coronel José Domingo Espina el 18 de diciembre de 1829, doce meses antes de su muerte en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta y es conocida en la historia como la “Carta de Japio”.
Por: Camila Cifuentes Valencia




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