En los últimos días se ha conocido las amenazas de muerte y persecución de las estructuras ilegales que delinquen en este Distrito y puerto marítimo sobre el Pacífico y que ha sido víctima el taxista Deiver Stiven Castro Orobio residente en el barrio Panamericano.
Castro Orobio venía adelantando un sigiloso trabajo en las comunas de alto riego especialmente en el populoso barrio Antonio Nariño en contra del reclutamiento de menores; visibilizando ante las autoridades los desplazamientos forzados individuales o masivos; extorsiones; violencia basada en género; homicidios selectivos, secuestros, entre otras acciones delictivas que realizan bandas urbanas como los Shotas y los Espartanos. A esto se le suma los llamados a los menores de edad para engrosar sus filas de los guerrilleros del ELN y facciones de disidencias de las Farc.
El hostigamiento hacia este defensor de derechos humanos en Buenaventura comenzó un 26 de julio del 2020 cuando luego de haber tenido una charla con jóvenes y compartido una jornada deportiva en las canchas del barrio San Jorge, fue abordado tras llegar a su casa de habitación por varios sujetos que dijeron ser integrantes de las milicias urbanas del ELN y que no les gustaba la labor que Orobio venía propiciando para evitar el reclutamiento, uso y utilización de Niñas, niños y adolescentes en el distrito de Buenaventura, lo cual interfería en la política del grupo insurgente en estos territorios de abandono y extrema pobreza.
Este taxista luego de ser advertido que podría ser asesinado por el grupo criminal le fue impuesto el cobro de una cuota extorsiva que debería pagar por “entrometerse” en su accionar delictivo en su conquista por el dominio territorial y sus convocatorias forzadas para que niñas, niños y adolescentes se mantuvieran expuestos a ser instrumentalizados en la violencia armada.
Posteriormente en los meses de septiembre y octubre se concretaron más intimidaciones y amenazas contra este taxista y líder social, declarándole el 15 de enero del 2021 mediante un panfleto como “objetivo militar”, por lo que debió tomar medidas personales para preservar su vida y su compromiso con la prevención contra el reclutamiento y protección de la niñez y la adolescencia en esta población portuaria, y con su derecho a crecer en entornos seguros, protectores y en paz.
El caso de Deiver Stiven Castro Orobio en Buenaventura pone al descubierto el enorme riego que corren quienes trabajan desde los territorios para evitar esta modalidad delictiva en la que reclutan niños ,niñas y adolescentes para la guerra con oportunismo y engaño.
Los niveles de violencia en la zona del Pacífico están aumentando y los grupos armados están radicalizando sus guerras territoriales amenazando de paso a quienes por convicción luchan para evitar estos escenarios pero el Estado ejecuta procedimientos lentos que no corresponden a las necesidades de un día a día violento en la vida de los líderes sociales, además de la extorsión por parte de los grupos armados.




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