Recordando mi Puerto del Alma –  I Parte- Puerto Tejada: Paraíso Terrenal

 

Por: Álvaro Miguel “El Negro” Mina.

Paraíso terrenal bañado por los ríos  El Palo y  La Paila, en cuyas caudalosas aguas se hicieron famosas las noches luminosas del Río El Palo, en el mes de agosto durante las fiestas patronales, que nos congregaban en la Caseta La Tremenda del extinto Pascual Balanta.

El 14 de Julio de 1897 el gobernador del Cauca, el Cartagueño General José Antonio Pinto, quien fue el decimotercer mandatario seccional de Cauca y el tercer Gobernador del Valle del Cauca, mediante el decreto No. 299 dispuso fundar la nueva población en homenaje a  su amigo personal y lugarteniente de la clase dominante de  la  época  el General Manuel Tejada  Sánchez lo que quedó en el registro oficial No. 1157 del 26 de Octubre del mismo año, estableciendo que se hizo efectivamente el 17 de Septiembre en el sitio de Vuelta Larga, que para otrora todo el territorio de Puerto Tejada era conocido como Monte Oscuro, jurisdicción del distrito de Caloto, Provincia de Santander y como cuyo prefecto ejercía el General Eladio Rueda Vidal.

He querido compartir este texto  para que otros puedan disfrutar de la sencilla pluma de un escritor salido de las entrañas de su tierra, con amor y sentimiento, retomando el género del movimiento de costumbrismo literario que surgió a partir del siglo XIX, que refleja los usos, culturas y costumbres sociales como vivencias propias y los muestra en palabras descriptivas a manera de crónica con riqueza de detalles, sin analizarlos con los rigores de un historiador, sin darles más interpretación que la manera fresca de contarlos directamente y que está ligado al realismo pragmático.

Igual es bueno saber detalles de quienes ayudaron a escribir con su nombres en su momento parte de la historia de nuestro terruño como: Sinencio Mina, Isidro Casarán, Sabas Casarán Hernández, Alejando Peña, Natanael Díaz, Gustavo González Lerma, Ecar Hermes Rosero Mina, Pedro María Chará, Marino Viveros,Enrique Restrepo Sierra, Miguel Antonio Gómez Carabalí, Ángel Antonio Álvarez Mañunga, Rubén Ramírez Vivas, Rafael Cortés Vargas, Juan de Dios Mejía, Xenón Ortiz, José Arévalo, Eddie Azcárate, León María Mina, “Mamá Jova” y Ezequías Aguilar, entre otros grandes que no alcanzo a  mencionar por la infedilidad de mi memoria.

Esta es una historia forzada por los negros que a brazo entero, permitían el remo de las “balsadas” repletas de alimentos de nuestra bella tierra bañada por los caudales y la abundancia de nuestros ríos tutelares para luego transportarlas a las plazas de mercado donde igual llegaban las matronas con su rodete en la cabeza llevando los atados de leña y las hierbas del patio de sus casas fincas; básicos para aliñar el tradicional sancocho dominical, de gallina, res, pescado o colita de marrano, acompañado de la tradicional ensalada rusa, a base de ‘papa y mayonesa’, además de la limonada o agua-fresca para alcalinizar el cuerpo.

Cómo olvidar aquellos mercados de plaza chiquita, el imponente atrio de la Iglesia, los elocuentes sermones y charlas amistosas del reverendo Monseñor Gersaín Marín Molano, donde chocaban abruptamente los sabios mensajes de nuestros abuelos que nos alertaban con consejos para vernos profesionales, y convertidos en destellos de luz que nos iluminaban el sendero, haciendo realidad los sueños de los queridos y amados viejos, los cuales siempre quisieron vernos triunfando, lejos de la labranza diaria para obtener el rótulo de Doctor.

Es bueno echar un vistazo a los añorados personajes como: ‘Bombillo’, el hombre a quien le lloraban los guaduales; ‘Arturito’, experto en extraer arena del río Palo; como olvidar a los machos de Don Merejo, a ‘Peligro’, Al ‘Loco Miro’, al recordado ‘General Desiderio’, ‘Profundo’, ‘La loca Fanny’ y La popular ‘Aceite de Tiburón’, María ‘La Lechuza’, ‘Guacuco’, ‘Perro de Monte’ y ‘Trino Bestia’, el hombre que se agitaba antes de tomarse los remedios.

Sería injusto no mencionar a ‘Cosa Fea’, ‘Tepica’ ‘Argentino’, ‘Mamadedo’, quien extrañamente dominaba el francés, por su amor a la lectura, ‘Chaqueta’ y a Hermes Castillo ‘El Cartero Enanito de Telecom’.

Vale tener en cuenta los escritos del filósofo   y poeta Rubén Darío Guerrero, con quien estudiamos en el emblemático Colegio José Hilario López, pero desafortunadamente los continuos soplos de sur a norte en la capital caucana acabaron con sus sueños y su intelecto, el cual dejó un legado importante en la Universidad del Valle.

Imposible no recordar las estaciones obligadas de las madrugadas de bohemia, donde Doña Visitación Lizcano, ‘Lauro’, los fríjoles con huevo donde Doña Ofelia; el pescado frito, las papas aborrajadas de Mabilia y Raquel en la esquina de la ‘Reforma’ con un ají que picaba está vida y la otra, las rellenas de Doña Carmen en el otrora matadero municipio y las de ‘Misia Justina’, en la galería.

 

Redacciòn