En medio de un multitudinario acompañamiento no solo de familiares y amigos, fue sepultada este miércoles 31 de Mayo Ruby Alegrías Rayo quien muriera el pasado lunes festivo tras alojarse en su humanidad una bala perdida como resultado del cruce de disparos de dos pandillas en el barrio Antonio Nariño en Puerto Tejada.
La emotiva despedida de esta humilde y trabajadora mujer ha conmovido la fibra de los Portejadeños quienes con banderas y camisetas blancas al unísono exigieron: “no más violencia urbana” por parte de estas bandas juveniles que pretenden aparecer como rebeldes y contestarios, pero que no son más que generadores de miedo, zozobra e inestabilidad, en un pueblo que se caracterizó por la convivencia alegre de sus gentes y que hoy está seriamente amenazada porque estas dolorosas circunstancias se repiten en personas inocentes.
Ruby Alegrías Rayo deja huérfanas tres hijas, dos de ellas con problemas neurológicos que invitan a toda la solidaridad de los habitantes de Puerto Tejada y pedir que hechos tan absurdos e injustos no se vuelvan a suceder porque hacen un grave daño irreparable en los hogares y familias.
Pese a los esfuerzos de las autoridades para neutralizar el accionar de las pandillas en esta población ha quedado muy en claro que definitivamente hace falta una nueva tragedia que quizá con mejores políticas correctas y un compromiso a largo plazo para la reducción de la delincuencia, la violencia juvenil urbana en Puerto Tejada puede llegar al menos prevenirse.
La violencia urbana generada por las pandillas juveniles puede llegar sino se frena oportunamente a ser un grave impedimento para el desarrollo y la reducción de la pobreza, en una población que requiere niveles de convivencia ciudadana y confianza en las inversiones, que casi siempre desean un clima que les garantice algo de seguridad.
Al margen de un mayor accionar policivo y represivo para combatir esta nefasta modalidad delictiva puntual, siempre se ha pedido complementariamente de los distintos sectores y voceros comunales, mejoras en infraestructura como alumbrado público, zonas verdes, parques y otros espacios públicos , presencia policiva y colaboración comunitaria, que son necesarios para reducir las oportunidades del delito y violencia, brindando a los residentes la movilidad que necesitan para realizar tranquilamente sin temores acciones colectivas.
El infame caso de la muerte de Ruby, una mujer trabajadora y luchadora, incansable en su sobrevivencia como vendedora de un modesto puesto de arepas y chuzos, ha conmovido a Puerto Tejada y deja entrever una vez más que estas pandillas en su mayoría son muchachos sumidos en el desconcierto y la desesperanza de sus propias tragedias. Sus vidas están manchadas de historias escabrosas, infortunios e incomprensión que los han arrastrado a ser vistos como un grave problema social.
Su realidad se teje en las calles de barrios de esta población Nortecaucana en donde desafían las autoridades y muchas veces reciben el beneplácito complacientes de sus familiares y vecinos, como si fueran héroes que escogen el estilo de vida fácil y no precisamente porque les haga falta oportunidades de educación, de trabajo y capacitación.
Tras de la delincuencia juvenil no se puede negar también se esconden hogares con un alto índice de violencia intrafamiliar, padres separados y padrastros autoritarios que maltratan y expulsan a los hijos de su pareja. También, a veces podría ser la falta de acceso a la educación, el sucumbir en la drogadicción o el alcoholismo, y la motivación de individuos mayores con una larga trayectoria delictiva, que entrenan y enseñan a las nuevas generaciones mañas y vicios, indispensables para delinquir sin medir las consecuencias y tristezas humanas que deja una bala perdida .
Los menores de edad de Puerto Tejada no deben seguir viendo desfilar ante sus ojos la violencia desde muy niños, también tiene el derecho a ser felices, pero deben primero aprender responsablemente que quitar la vida a un ser humano inocente no puede ser derecho de otro ser humano porque nadie tiene esa facultad, por ninguna razón o circunstancia, destruyendo de paso el futuro, los sueños y los anhelos, de quien desprevenidamente sale a la calle o en la tranquilidad de su hogar le llega un proyectil disparado a la topa tolondra.




Debe estar conectado para enviar un comentario.