
Este domingo la plaza de toros Santamaría de Bogotá reabrió sus puertas después de cuatro años de vacío taurino para los aficionados.
El Juli, Luis BolÍvar y Roca Rey acabaron con un páramo de toros que en estos cuatro años ha existido entre la reivindicación de derechos, una huelga de hambre que llevaron a cabo los novilleros colombianos -aguantando violentos ataques antitaurinos frente a la emblemática plaza durante tres meses-, una multitudinaria manifestación con la presencia de importantes toreros como El Juli, Manzanares, Perera, Talavante, Castella, Luis Bolívar, Fandiño, El Payo, Miguel Abellán y el símbolo taurino de América: César Rincón.

Y, por fin, llegó la sentencia de la Corte Constitucional que no sólo anulaba la prohibición, sino que encargaba al Consistorio de Bogotá una puesta a punto de la plaza que se ha traducido en una importante reforma estructural. Si hay una persona que ha luchado a nivel institucional por la afición bogotana es el empresario de su plaza y abogado caucano: Felipe Negret Mosquera.
Viva la cultura, Viva la Libertad!
Los Toros vuelven a #Bogotá!!
Histórico paseíllo con @infoElJuli , @luisbolivard y @PrensaARocaRey pic.twitter.com/ANckYkbm9a
— JóvenesTaurinos (@AficionTaurinos) January 22, 2017
Roca Rey le puso el triunfo a una tarde para la historia. La de la reapertura de Bogotá tras cinco años sin toros. Y lo logró ante el sexto toro, llamado ‘Esperanza’. No cabe mayor simbolismo.
Antes Luis Bolívar había cortado la primera oreja, premio que se dejó en la espada El Juli, que se quedó con una vuelta al ruedo ante una corrida desigual y con opciones en varios ejemplares de Ernesto Gutiérrez.
Pero lo importante empezó antes, con el ‘No Hay Billetes’ y la pasión con la que el público respondió a la violencia antitaurina del exterior, ovacionando un histórico paseillo.
‘Libertad’ reabrió la senda taurina de Bogotá. Un toro un punto alto, pero bien hecho, de cuidadas hechuras. Lo llevó pronto Roca Rey por rogerinas antes de un quite tan variado como ceñido. Tras la ceremonia de confirmación a manos de El Juli, el torero peruano brindó al público.
El inicio de muleta tuvo emoción, en los medios y muy quieto ante un animal que había tardeado en los primeros tercios y que ahí comenzó a moverse aún peor. Así, Roca Rey fue robando muletazos de más mérito técnico de brillo estético, perdiendo pasos para ganar la acción, y jugándosela por el pitón izquierdo. El público, siempre con él, agradeció su esfuerzo y sus mil y un intentos por levantar la faena. Estocada desprendida y cierta petición de oreja que quedó en vuelta al ruedo.
Y ‘Esperanza’ se llamaba el último de esta reinauguración. Roca Rey lo recibió primero con una larga de rodillas y luego por caleserinas. No fue bastante, aún quedaban las chicuelinas, verónicas y una postrera larga… y un quite más, también variadísimo. El último brindis también tuvo un destinatario especial, múltiple en este caso, los ‘Héroes de Bogotá‘.
Demasiado pronto se rajó el de Ernesto Gutiérrez, que, eso sí, la tomaba con nobleza. Lo exprimió Roca Rey a base de ajuste y de repertorio para levantar el ambiente. Sin una duda el peruano, clavó zapatillas en la arena bogotana con una decisión abrumadora. Hasta el punto que alargó la faena con múltiples detalles… El estoconazo a la segunda le certificó el premio de las dos orejas, pedidas con pasión por los aficionados.

Luis Bolívar recibió al tercero con una larga de rodillas y lo esperó luego en sus dos vueltas de abanto para lancearlo con mimo. El toro apuntó poca fuerza desde el comienzo. Ese fue el defecto que se enfrentó a la calidad que siempre apuntó en sus embestidas.
El torero colombiano brindó a Felipe Negret, gran ‘culpable’ de recuperar los toros, ante una sonora ovación popular. Metido en faena, Bolívar dio ‘fiesta’ de inicio rodillas en tierra y pronto entendió bien al toro y lo muleteó con suavidad y limpieza desde el primer momento.
Las primeras series por el pitón derecho afianzaron al astado, que, eso sí, nunca pudo dar continuidad a sus embestidas y eso quitó algo de contundencia al conjunto.
Al natural Bolívar acompañó con buen gusto en el trazo y siempre cuidando el toque, para no violentar al de Ernesto Gutiérrez, toro que al final de faena terminó por rajarse. La espada quedó mal, lo cual no fue óbice para la concesión de la primera oreja de la tarde y de la nueva etapa en la Santamaría.
Cornidelantero y bien hecho, el quinto se dejó en los primeros tercios. Tras un destacable tercio de banderillas de la cuadrilla, Bolívar brindó al público. Citando en media distancia, pitón derecho, quiso que humillara el animal, tendente a ir a media altura, aunque con buen aire. Sin terminar de redondear las series, apostó por el cambio al pitón izquierdo, el peor del astado, que además pareció agotarse pronto. Ahí ‘atacó’ más el colombiano. No obstante su labor no terminó de llegar a los aficionados. La espada funcionó a la segunda
Serio pero desentendido de todos, el segundo se movió sin fijeza en los primeros compases de la lidia y obligó a arriesgar a los banderilleros. Cuando El Juli se quedó a solas con él rápidamente vio que no iba a ser toro de triunfo. Este tardeaba y se quedaba corto, por lo que los intentos del madrileño para sujetarlo y meterlo en la muleta fueron inútiles.
El Juli mandó cuidar al cuarto, bien hecho y con justo empuje desde su salida, por lo que el tercio de varas fue ‘simbólico’. El ambiente, marcado por lo que pasaba y se oía fuera del coso, se animó en el quite por lopecinas del torero de Velilla.
Hernando Franco fue arrollado en banderillas, aunque pudo reponerse. Pasado el susto, El Juli comenzó a entenderse con el toro en los primeros muletazos. Se emplazó en el tercio, alternando tantas tandas como largas pausas a fin de no agobiar al animal tan pronto. De más a menos en distancia, terminó por imponerse de forma total.
Por ambos pitones bajó la mano como en él es habitual para, mientras durase, aprovechar al segundo de su lote. Sin embargo, lo más rotundo llegó en el tramo final, toreando al natural, pleno de hondura en varias series tremendas. Media estocada y un descabello rubricaron de un modo imperfecto su importante labor.
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