Este es el ABC de las elecciones en Colombia

Por: Néstor Raúl Charrupí  Jiménez

Malcom es un joven independiente, que se conoce todas las necesidades de su municipio, pero que se ha negado a tranzarse con dádivas y prebendas individuales, ofrecidas por congresistas, contratistas y líderes de partidos convencionales y, ha decidió lanzarse a la alcaldía de su municipio, pues sus moradores tienen muchas necesidades básicas insatisfechas.

Tancredo, es un muchacho jovial, ingenuo de buena fe, creyente; a duras penas conoce la plaza central de su pueblo y, a los campesinos que cada ocho días salen a mercar a la plaza; decide lanzarse a la alcaldía por recomendación de unos líderes y de un congresista de un partido convencional, el cree que con acatamiento fe y emprendimiento, las sociedades progresan.

Las gentes del municipio, en un principio están con Malcom, pues además de conocer el municipio, este les habla de solidaridad y proyectos colectivos, buscando el riego para sus tierras, alternativas energéticas, respeto al medio ambiente, cero corrupciones en su gestión y, una auditoria permanente de los dineros públicos.

Con todo, Malcom tiene un problema; los dineros conseguidos voluntariamente por la comunidad para su campaña, son limitados, teniendo que aplicar una política de mucha austeridad.

Mientras que, a Tancredo, previa inducción “política “en la capital del departamento, se le inculca que lo importante es ganar, se le provisiona de unos dineros para iniciar su campaña, advirtiéndole que habrán de ser regresados vía contratación, una vez gane las elecciones. Además se le enseña el principio, sacrosanto de la corrupción Colombiana, llamado “como voy yo”, o: el diez por ciento.

Faltando dos meses para las elecciones la ventaja de Malcom es evidente y, ahí es donde empieza a funcionar la corrupción: La campaña de Tancredo, paga a los estudiantes de todo el municipio, matriculas, además se les dan “regalados” kit´s escolares, se mandan diseñadoras de belleza para muchas mujeres del municipio, se regalan pinta labios, esmaltes y, se ofrecen mil cosas más, incluso dinero en efectivo, a los líderes de Malcom. A estas alturas, ya la contienda se va poniendo pareja, pero aun, Malcom lleva alguna ventaja.

Perfilada la culminación de la contienda, es donde viene “El puntillazo” final de la corrupción, los seguidores de Tancredo, cuatro días antes de las elecciones hacen parquear dos, o más, tracto mulas, completamente perfiladas de mercaderías, mostrando su contenido de: Ladrillos, cemento, hierro, tejas de Zinc, tejas de Eternit, tuberías de PVC, lavamanos, sanitarios, alambres dulces, de púas, palas, sierras, picas y en fin un variado surtido de utensilios campesinos como para surtir unas dos, o tres ferreterías.. Resultado final, Malcom, pierde las elecciones incluso, contundentemente con Tancredo.

Este ya alcalde, se va a Bogotá a gestionar recursos, donde su congresista protector, quien lo envía a los ministerios con un calanchín; ya en las oficinas del Ministerio, aparece otro calanchín, o tramitador y le dice al alcalde Tancredo: que ahí en ese despacho hay unos dineros para su municipio, pero… “como vamos”; Y, Tancredo como era de esperarse, accede a entregar el diez por ciento de rigor, para que se quede en Bogotá.

Con este recurso ya desde Bogotá diezmado; empieza un festín que sigue con el congresista o jefe, pasa a los ingenieros, se enreda en lo judicial. Desde luego, porque Tancredo para poder pagar omite obligatorios pasos jurídicos.

La obra se inicia y la plata, desde luego, no alcanza; Tancredo, de prisa va a la célula Municipal el Concejo, para comprometer otras asignaciones presupuestarias y, el Concejo, incluso en la mayoría de los casos, se las aprueba, de una extraña y subrepticia manera.

Los cuatro años de Tancredo se realizan en este inútil: corre ve y diles. La obra u obras, no se inician y si se iniciaron, no se terminaron; las gentes del municipio, resultan furiosas, decepcionadas con Tancredo por pícaro. Vienen nuevas elecciones, donde aparecerán otros, Malcom y Tancredo.

La historia parece repetirse, pues son los mismos contratistas, el mismo representante político y, por sobre todo, los mismos “elementos”, solo que en otras tracto mulas, con similares mercancías que hicieron cambiar de opinión a los seguidores de Malcom cuatro años atrás.

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