En memoria de mi amigo y compañero de trabajo, Doctor Díaz del Castillo.

Cuando alguien saludaba al Dr. Diaz del Castillo en los pasillos de quirófano, siempre se expresaba con la misma respuesta, alegre y enérgicamente: “!Estoy condenado al éxito! .

Estas palabras, se distinguieron notoriamente en su vida mediante sus múltiples logros y, especialmente, por el gran ser humano que siempre demostró ser. Detrás de un hombre de ciencia, excelente médico y cirujano cardiovascular, quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y compartir con él, encontramos un excelente esposo, padre, amigo y compañero de trabajo.

Un pueblo llamado Catambuco fue testigo de su nacimiento, el 1 de octubre de 1957, en el departamento de Nariño, Colombia.

Cursó estudios en el Colegio Javeriano de Pasto, y Medicina y cirugía en la Universidad del Cauca, en la ciudad de Popayan.

Recién graduado como médico, y sin conocer una palabra del idioma francés, se aventuró a viajar a la ciudad de París para buscar una oportunidad en cirugía cardiovascular y torácica en el prestigioso Hospital de la Pitié-Salpêtrière, y compartir la misma casa de célebres médicos ilustres como Jean-Martin Charcot, Sigmund Freud y del profesor Christian Cabrol.

De regreso a Colombia, llegó a la ciudad Santiago de Cali, donde trabajó en el Hospital Universitario del Valle y en la clínica Rey David. En esa misma ciudad, fue fundador del servicio de Cirugía Cardiovascular en la Clínica Nuestra Señora de los Remedios, del Instituto de Religiosas San José de Gerona de España. Esta institución presenció su pasión, dedicación y esfuerzo por nuestra labor por más de 20 años de servicio.

La sala de cirugía número cinco. Recuerdo la primera vez hace 7 años que realizamos nuestra primera intervención quirúrgica juntos, una revascularización miocárdica. Fue en aquella sala que conocí un ser humano que nos enseñó a reírnos en quirófano.

Una cirugía en su presencia nunca llegó ser monótona, sin importar momentos de tensión que a menudo vivimos en nuestra práctica médica. Siempre acompañado de buena música, y su habilidad para cambiar el sentido a las canciones.

Fue el lugar donde impartió con humildad y sabiduría grandes consejos y enseñanzas que hoy atesoro. Solía decir a menudo: “la paciencia es una de las habilidades más importantes”, y se mantenía tranquilo, inmutable, jamás sin perder el control. También fue el escenario de su última intervención, cuando después de haber salido victorioso de un trasplante hepático, en su destino había pendiente una batalla más.

El Dr. Roberto Diaz del Castillo tuvo una agitada participación en diferentes sociedades científicas. Siempre expresó y demostró su interés por el progreso. Durante muchos años ocupó diferentes cargos en la Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. Trabajó para que existiese una relación académica entre esta sociedad y la Sociedad Española de Cardiología y la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular.

Invitado en varias ocasiones a los congresos nacionales de estas sociedades, creó fuertes lazos de amistad. Fue presidente de la Sociedad Interamericana de Cardiología y parte del consejo científico de cirugía cardiovascular de la misma.

Fue el primer cirujano cardiovascular en Colombia en ser nombrado Fellow del American College of Cardiology, y desde esa posición, colaboró a varios colombianos para que recibiesen el mismo nombramiento.

Nos enseñó a pasar la ronda en hospitalización como una experiencia de aproximación y entendimiento de las necesidades de los pacientes. Siempre alegre, les hacía sonreír. Se sentaba al borde de la cama y les conversaba, de temas diferentes a su estado de salud.

Nos transmitió que esta situación disminuye la tensión entre paciente y médico. Que la amistad puede hacer más beneficio que un propanolol. Las primeras palabras que decía cuando un paciente entraba a su consulta médica eran: “cuénteme de qué se le acusa”. Todos reían.

Me decía con frecuencia que operaría corazones hasta que físicamente le fuese posible. Era su pasión y estilo de vida. Compartía además otras dos pasiones: el Deportivo Pasto y la aviación.

Parecías un niño pequeño con su primer juguete, aquel día que volaste tu primer avión. Hoy vuelas muy alto, y por siempre estarás en nuestros corazones. Nos dejas grandes recuerdos y experiencias, una gran amistad y camaradería, pero sobre todo, una gran responsabilidad. Continuaremos tu legado, y nos seguiremos encontrando en la sala número cinco.

Gracias partner!!! —

Jaime Arroyo

Escrito para la Revista Española de Cirugía Cardiovascular.

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