Murió Joe Quijano,el Rey de la Pachanga quien estuvo en la Reforma de Puerto Tejada

 

El músico puertorriqueño Joe Quijano, conocido como «El rey de la pachanga», falleció este jueves a sus 83 años en un hospital de San Juan debido a complicaciones de salud, confirmó  el flautista de la agrupación del fenecido artista, Orquesta Cachana, y portavoz de la familia, Carlos Sánchez Zambrana.

El músico puertorriqueño, de 84 años, inmortalizó canciones como «Pachanga se baila así» y «Yo soy aquel».

En las décadas de los 60 y70 el mejor bailadero de Puerto Tejada fue “La Reforma”, un sitio de rumberos en el que el baile era el lenguaje del alma de un pueblo que gozaba al ritmo de la música antillana.

Quienes se daban cita en este concurrido bailadero sabían que una tarde y noche de farra era como luchar contra todo lo que retiene, todo lo que sepulta. Era descubrir con el movimiento estridente del cuerpo la esencia de la vida. Era estar en convivencia física con la libertad.

En La Reforma había que bailar como si nadie le estuviera mirando. Las muchachas de entonces atinaban en comentar “Ojalá que el fin del mundo nos pille bailando”, nos lo recuerda Ever Vásquez Peña.

“Lo que hoy conocemos como Salsa, tiene su origen en la música antillana y más concretamente en ritmos candentes como el son, el mambo, el danzón, el chachachá, la guaracha, la pachanga, la charanga, el Charleston, la guajira, el mambo, el guaguancó y otros era lo que como un culto infaltable se bailaba y se añora con cierta nostalgia”, asegura el melómano Nabor Rodríguez.

Evelio Benítez, quien fuera propietario y fundador en 1958 de La Reforma nos confiesa: “Es que el baile es igual que cualquier otra cosa en la vida: tanto te esforzás, tanto obtenés. Si tenés facilidad puede que consigás algo con menos esfuerzo que otro más torpe, pero siempre tendrás que poner algo de sacrificio para lograr algún resultado. Había un campeón de billar pool en el Café Social que siempre ganaba a cuatro bandas y decían que tenía suerte, a lo que él contestaba que sí, que tenía mucha arepa… y que cuanto más entrenaba, ¡más éxito tenía! Yo aplico lo mismo al baile de los ritmos que tienen tumbao, ves cómo cuanto más bailés y practiqués, más aumenta tu facilidad innata para bailar  y gozar”.

En La Reforma bailar era soñar con los pies. En este otrora templo del baile había quienes descubrían entre otras cosas que bailar no es sólo un movimiento rítmico al compás de la música. “Bailar es un arte que nos refina, bailar es un ejercicio físico que nos eleva espiritualmente”. Les explicó el puertorriqueño Joe Quijano, quien visitó este bailadero llevado por Israel Peña Montesdeoca  en  1977 para que conociera el mural que en su honor se exhibía en una de sus paredes.

Hay gente que sabe bailar muy bien: son los que inventaron el dicho ese de “al son que me toquen bailo”. Hay otros que no saben bailar muy bien, pero se mueven: son los que bailan boleros amacizados en una baldosa, que no requiere mayor esfuerzo que menearse en la pista de un lado a otro. Y hay otros que no más no pueden bailar: son los que tienen dos pies izquierdos y se quedan sentados en las rumbas viendo como los otros bailan sin parar.

En La Reforma cabían todos, pero los que realmente gozaban eran aquellos que sabían “echar paso” como si fuera ritualmente la entrada a la felicidad, que les permitía alejarse de aquellas cosas que les agobiaban, que les dolían. Bailando, danzaban con el corazón, sentían la música y transformaban esos sentimientos en alegría, pasión y amor… Bailaban porque eran sus vidas gozosas y podían volar bailando…

                                  Foto: Cortesía  Ruth Elena Jordán Posú

Los más destacados bailarines de la época en Puerto Tejada como “El Zaino”, “Pito”,” Llovizna”,”Tintán” y “Manchura”, entre otros, que viajaban desde Cali, eran el deleite de tiempos inolvidables pues brindaban una habilidad majestuosa, perfectamente coordinada que irradiaba belleza y derroche de talento bien ejecutado, logrando expresar sentimientos o emociones a través de gestos alegres y picarescos, armónicos y organizados de un legado afro caribeño, porque en La Reforma no se aceptaba la improvisación, pues no era un grill, ni discoteca, ni caseta sino un auténtico bailadero  que con el transcurso de  los  años solo  queda  su  vieja  pista y paredes

Redacciòn