Un barco llamado Puerto Tejada

Cada cuatro años se elige un capitán y parte de la tripulación que lo acompañara por una travesía durante el siguiente cuatrienio.

Ese barco lleva como pasajeros a todos los habitantes del municipio, estén o no de acuerdo con la tripulación escogida.

Las experiencias al final de las últimas travesías, lamentablemente, no han sido las mejores, puesto que regularmente el barco llega maltrecho y los pasajeros se sienten muy cansados y mal atendidos, razón por la cual se termina siempre cargando toda la culpa al capitán del barco y a su tripulación.

A pesar de las experiencias no hemos logrado entender que, si bien es cierto que la responsabilidad principal de la conducción del barco está en manos del capitán y su tripulación, no es menos cierto que como pasajeros tenemos casi tanta responsabilidad, yo creo que más, como quienes dirigen el barco, por dos razones muy sencillas: la primera, somos nosotros quienes designamos al capitán y a la base de la tripulación, y deberíamos asegurarnos que estos representen realmente nuestros deseos; la segunda, olvidamos que la misión principal del viaje es proporcionarnos satisfacciones y brindarnos la tranquilidad y el bienestar de un viaje cómodo y seguro, y que por lo tanto deberíamos estar atentos a los movimientos y el quehacer de los tripulantes para asegurarnos que están cumpliendo con los deberes que les corresponde, y para los cuales se comprometieron cuando aceptaron la designación.

Normalmente nos encerramos en nuestros propios camarotes y dejamos que el barco siga el rumbo que los tripulantes desean, así no se trate del que se acordó o el que ofrecieron previamente, y solamente reaccionamos a medias cuando el barco se coloca a punto de zozobrar.

¿Cuál debería ser entonces el proceder más acertado si deseamos tener un viaje calmado que nos lleve a “Buen Puerto”?

Primero, acordar un plan de viaje que llene las expectativas de todos o de la inmensa mayoría.

Segundo, designar a un capitán entre aquellos que conozcan bien el barco que va a dirigir, que hayan participado en la elaboración del plan de viaje que, preferiblemente, hayan estado viajando con nosotros y estén dispuestos a informar y discutir en todo momento los pormenores del plan en la medida que lo vayan desarrollando sin creer que tienen el poder absoluto para tomar decisiones a espaldas de los pasajeros que han confiado en él.

Tercero, como pasajeros y realmente dueños del barco estar dispuestos a acompañar permanentemente al capitán y a la tripulación para brindarles el apoyo en los momentos difíciles y para hacerles un oportuno llamado de atención cuando consideremos que se están desviando de la ruta o no le están imprimiendo a la nave la velocidad que nos permita llegar puntualmente a nuestro destino.

Esto significa que no podemos estar encerrados en los camarotes todo el tiempo y que debemos trazar estrategias organizativas que nos permitan dedicarnos a nuestros respectivos trabajos y al merecido descanso, sin descuidar el debido control sobre la tripulación y su capitán.

Solamente asumiendo nuestra responsabilidad, como pasajeros, de manera permanente y muy organizada, podremos lograr realizar las travesías periódicas de este nuestro barco, para que al final de cada una podamos decir que lo estamos “LLEVANDO A BUEN PUERTO”.

 

 

Redacciòn