¡Terminó el sueño mundialista! Colombia queda eliminado en penales

Si vos tenés una idea, morí con ella. Si siempre has trabajado en interiorizar un estilo, no podés cambiarlo en tres días. Ese fue el pecado de José Néstor Pekerman, y la Selección Colombia. Salió a jugar un partido importante con el disfraz de equipo defensivo, cuando nunca lo ha usado.

Inglaterra olió el miedo de Colombia y, como un tiburón que siente la sangre, atacó con todas sus armas. O bueno, la única que tiene, que es la pelota quieta y aprovechar el juego aéreo de sus tres centrales y su capitán Harry Kane, quien merece un párrafo a parte.

Pero hay que volver al planteamiento del entrenador argentino que, cuando se conoció, dejaba dudas, pero había que verlo en funcionamiento. Jéfferson Lerma, Wílmar Barrios y Carlos Sánchez, ¿con qué intención?

No había juego, no existían más de tres toques seguidos y solo se jugaba a esperar a los ingleses, quienes gustosos aceptaban la invitación. Pero, si no era por la lucidez de Harry Kane, tampoco lograban vulnerar.

Igual, en el primer tiempo daba impotencia y fastidio ver a Colombia. ¿En realidad el entrenador piensa en un partido sin James Rodríguez? Evidentemente la falta del 10 le hizo surgir todos los temores y el equipo se vio superado, chato, sin alegría, sin baile.

Un paréntesis antes de seguir con la retahila del juego: el amor propio es innegociable y de eso tiene, en exceso, el combinado nacional. Se expresaba en cada uno de los hombres que corrían más de lo que tenían la pelota, pero nunca bajaron los brazos.

Retomando el tema del estilo de toque y asociación por el que se reconoce la Tricolor, hay que decir que casi todo el partido fue una traición. Al menos, en el minuto 56 hubo un golpe tremendo: otro penal infantil de Carlos Sánchez —irreconocible— sobre Kane, que el mismo goleador del certamen (tiene 6) cambió por alegría.

Fue el cachetazo necesario para reaccionar, o darse cuenta de que salirse del libreto es un tema arriesgado cuando el otro rol no se ensaya. E improvisar es para maestros y Colombia se encontraba limitado. No obstante, desde el banco vino el inentendible cambio de Carlos Bacca por Jéfferson Lerma. ¿Izquierdo, Mateus, Muriel?

Incluso, el elenco siguió perdido, muy superado. Luchaba, corría, pero ya era duro volver al rol protagónico. O era cuestión de los elementos indicados porque el ingreso de Mateus Uribe le dio vida —y fútbol—a la Tricolor, que empezó a agotar sus opciones.

Pero entonces apareció un factor con el que ha contado este proceso del argentino: la suerte. Sí, la creación de momentos de salvación cuando las cosas no salen, y Pekerman parece tener un ángel. Y esta aparición fue la de su mesías ante Senegal, Yerry Mina, quien volvió a sobresalir sobre los espigados zagueros británicos y la puso arriba, en la red, para siempre.

Además, este debe ser uno de los pocos goles agónicos que hemos gritado en Colombia como selección. La suerte se puso de nuestro lado y nos había perdonado que traicionaremos lo nuestro. Al menos por un buen rato (1-1).

Y en el suplementario, los británicos sintieron el golpe, estaban liquidados. Y regresamos a la idiosincrasia propia, al pase al compañero, a la movilidad, a encontrar el espacio a liberarnos, a ser felices. Fueron 15 minutos en los que sentimos la tranquilidad de atacar y de ser claros, pero no sentenciamos a Inglaterra (1-1).

La lotería de los penales es otro cuento, y creímos que la suerte de Pekerman nos iba a ayudar. Falcao, Kane, Cuadrado, Rashford y Muriel embocaron. Y llegó ese primer atisbo de felicidad con la sacada de Ospina sobre Henderson. Pero el azar no se brinda en exceso —porque de eso hemos tenido mucho— y Mateus, la gasolina criolla, la estrelló en el poste. Después marcaron Walker y llegó el turno para el discutido Bacca, quien le dio razones a sus críticos al patear mal. Dier, con firmeza, nos sentenció (3-4, en esta lotería).

No fue cuestión de la definición desde los 12 pasos. Nos sentenció traicionar el estilo, perder la pelota y la acción temerosa de un entrenador —que nos ha dado demasiado, es verdad— que no sabe jugar sin su figura.

Además, también ayudó en la puntillada final a nuestro sueño mundialista el tal Harry Kane, el nueve de moda, el goleador de la Copa, el hombre que sacó a pasear a nuestros defensas (menos a Dávinson Sánchez) y puso zozobra en nuestros volantes. Sin duda, el mejor jugador del torneo también influyó en nuestra triste derrota en Rusia 2018.

Un golpe que, a pesar de que duele y cierra un ciclo, hay que reconocer como factible. Pero jamás, y regreso al paréntesis, se podrá negar la actitud invalorable de todos los futbolistas de la Tricolor por persistir y sacar el tema adelante.

Y lo más triste de todo es que el sábado (9:00 a.m.) veremos a los ingleses jugando cuartos de final contra Suecia en Samara, cuando nosotros pudimos estar ahí.

Por: Daniel  Cardona  Henao